Fue fascista. Admirador de Mussolini. Combatió en la guerra civil española del lado de Franco.
Y luego salvó a más judíos que Oskar Schindler, y el mundo olvidó su nombre durante 42 años.
Giorgio Perlasca nació en 1910 en Como, Italia. De joven creyó en el fascismo. Se ofreció como voluntario en la campaña de Etiopía impulsada por Mussolini. También luchó del lado franquista en la guerra civil española. Por ese servicio, recibió un documento que le reconocía la protección de España si algún día la necesitaba. Aquel documento terminaría salvando miles de vidas. Todo cambió en 1938. Mussolini adoptó las leyes raciales inspiradas por el nazismo e Italia consolidó su alianza con Hitler. Comenzó así la persecución de los judíos italianos. A Giorgio aquello le resultó insoportable. No se volvió de repente antifascista, pero rechazó el antisemitismo nazi. Y esa diferencia fue decisiva. En 1942 vivía en Budapest, donde trabajaba como comerciante. Cuando Italia cambió de bando en 1943, Giorgio se negó a apoyar al gobierno fascista de Saló. Las autoridades húngaras lo detuvieron junto con otros extranjeros sin protección diplomática. Tras meses de encierro, logró escapar con un salvoconducto médico y se refugió en la legación española. Allí presentó su antiguo documento de la guerra civil española. Le concedieron protección española. Giorgio Perlasca pasó a ser Jorge Perlasca. Dentro de la legación descubrió algo extraordinario. El diplomático español Ángel Sanz Briz estaba emitiendo cartas de protección para salvar a los judíos de Budapest. Cerca de 440.000 judíos húngaros ya habían sido deportados a Auschwitz. Unos 200.000 seguían en Budapest, mientras el régimen de la Cruz Flechada los perseguía sin descanso. Giorgio se entregó por completo a esa labor. Luego, en noviembre de 1944, Sanz Briz tuvo que abandonar Hungría. Toda la operación estaba a punto de venirse abajo. Giorgio redactó una carta en papel oficial y se presentó como representante de España ante las autoridades húngaras. No tenía autoridad real. No tenía respaldo de ningún gobierno. No tenía formación diplomática. Tenía un documento improvisado y la audacia necesaria para hacerlo valer. Durante 45 días, entre comienzos de diciembre de 1944 y mediados de enero de 1945, Giorgio Perlasca sostuvo prácticamente solo la red de protección española en Budapest. Organizó comida y refugio para miles de judíos en casas protegidas por España. Expidió salvoconductos y documentos de protección para impedir deportaciones. Se enfrentó a milicianos de la Cruz Flechada. Discutió cara a cara con oficiales nazis. En una estación de Budapest exigió la liberación de varios niños judíos que estaban siendo subidos a vagones con destino a la deportación. Un oficial alemán lo desafió. Más tarde, Raoul Wallenberg contó que aquel hombre pudo haber sido Adolf Eichmann. Y aún faltaba su acto más audaz. Giorgio supo que las SS y la Cruz Flechada preparaban una matanza en el gueto de Budapest, donde permanecían decenas de miles de personas. Exigió reunirse con el ministro del Interior húngaro, Gábor Vajna. Allí lanzó un ultimátum: si seguían adelante, España tomaría represalias contra ciudadanos húngaros y sus bienes. Afirmó representar a miles de españoles en Budapest. En realidad eran muchos menos. El farol funcionó. La destrucción del gueto no se llevó a cabo. Cuando las fuerzas soviéticas liberaron Budapest en enero de 1945, Giorgio Perlasca había contribuido directamente al rescate de 5.218 judíos. Probablemente ayudó a salvar a muchos más al impedir una masacre mayor. Para comparar: Oskar Schindler salvó alrededor de 1.200 personas. Giorgio salvó a más de cuatro veces esa cifra. Después regresó discretamente a Italia y retomó su vida en Padua. Lo que vino después no fue un silencio heroico. Fue un olvido doloroso. En octubre de 1945, Giorgio redactó un informe detallado sobre todo lo que había hecho. Lo envió al ministro español de