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Dra. Corina Schvartzapel de Kestelman: “Creo haber sabido aplicar mi condición judía”


Publicado por: David Salischiker el 21 Julio 2010

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Autor: 
Julián Blejmar
Fuente: 
Plural JAI

 

La actual Directora del legendario periódico Mundo Israelita, recibió a Plural JAI | Judaísmo Amplio Innovador para hablar sobre su experiencia al frente del diario, así como de su vasta trayectoria en la comunidad judeoargentina junto a su compañero de toda la vida, José “Pepe” Kestelman.

Los dos pequeños ambientes del edificio de Corrientes y Medrano en los que funciona la redacción de Mundo Israelita son sin dudas mucho más reducidos y silenciosos que las muchas oficinas que albergaron a este periódico en sus 87 años de vida.  Pero el diario sigue allí. Y en la calle. La responsable de ello, es la Doctora Corina Schvartzapel, quien fuera esposa del fallecido José “Pepe” Kestelman, director de Mundo Israelita durante 25 años y destacado directivo comunitario.

Corina, quien recibió a Plural JAI en la redacción del periódico, se recibió de farmacéutica, bioquímica, y médica, y es por eso que tal vez jamás se haya imaginado dirigiendo un medio de comunicación. Sin embargo, señala que el hecho de haber estado tan involucrada en la comunidad y haber realizado tantas actividades en su vida, posibilitó que la nueva tarea, que realiza desde hace poco más de un año, se le hiciera mucho más sencilla de lo que esperaba “aunque claro que también cuento con la colaboración de uno de mis tres hijos”.

Al referirse a su inserción comunitaria, Corina evoca su infancia en Dock Sud, Provincia de Buenos Aires, en la que concurría a la sinagoga y escuela primaria ubicada en la actual calle Debenedetti, donde estudiaban tradiciones judías e idisch “mis padres, que llegaron de Rusia a principios del siglo pasado, tenían una fuerte identidad judía, y buscaban que yo la mantuviera, por lo que decidieron mandarme a esta escuela. Ya en el secundario, quise seguir formando parte de una institución comunitaria, por lo que comencé a asistir a los grupos juveniles que se nucleaban en la tnuá Gordonia de Avellaneda.

Pocos años después, en los inicios de la década del 50, conocería a su futuro esposo, a quien le reconocerá durante toda la entrevista su guía e inspiración en su fuerte involucramiento comunitario. “Fue en la biblioteca de la universidad, donde Pepe llegó para convocarnos a la organización que había creado, el Nachman Sirkin, que era la rama joven del partido MAPAI de Argentina, del que luego sería secretario general. En ese entonces, Pepe quería a atraer a jóvenes judíos universitarios para acercarlos al judaísmo y esclarecerlos sobre nuestra cultura. Por ejemplo, organizaba seminarios donde sociólogos intentaban analizar desde una perspectiva secular el fundamento de las ideas religiosas. Fue en uno de esos  seminarios, que se desarrolló en Mina Clavero, donde me puse en pareja con él”.

Corina cree que esas actividades resultaron fundamentales para que cientos de jóvenes judíos, como así también muchos otros de la sociedad argentina en general, pudieran tener un mayor conocimiento del judaísmo. “Todos quienes activamos en el Nachman Sirkin trabajamos mucho en tratar de esclarecer a los judíos universitarios sobre la condición del ser judío. Pero también nos acercamos mucho a los no judíos que a veces, sin ninguna mala fe, tenían internalizados muchos mitos antisemitas. Recuerdo que en cierta ocasión asistimos a una cena en la que se encontraba el poeta Arturo Capdevila -que escribió en algunas oportunidades en Mundo Israelita-, y cuando se habló sobre la festividad de Pesaj, nos comentó que tenía entendido que se tomaba la sangre de los chicos. Allí pudimos ver que los mitos antisemitas, sostenidos durante cientos de años, podían penetrar incluso hasta en las personas más cultas y de buena fe. Pero también, en muchas ocasiones me encontré con gente que era bien antisemita, y cuando comencé a explicarles y esclarecerles que era el judaísmo, algunas de ellas terminaron siendo incluso  amigas mías”.

Corina afirma de todas formas que sus mayores contribuciones a la comunidad fueron las ideas y sugerencias que aportó a través de su marido “Con Pepe charlaba horas sobre la realidad comunitaria, y así me empapaba de todo lo que estaba sucediendo. Muchas veces, él tomaba en cuenta mis puntos de vista, y luego los planteaba en las instituciones que lo tenían como directivo, es decir MAPAI, AMIA, y DAIA, por lo que creo haber actuado sin cargo, justamente a través de Pepe”.

Pero además, Corina comenzó a colaborar en Mundo Israelita, cuando su marido aún era el síndico del diario “En el diario Idische Zaitung, del que mis padres eran fanáticos, existía una sección llamada Salud del Pueblo, y siempre me había quedado la idea de hacer algo parecido, por lo que ya recibida, comencé a escribir una columna titulada Ciencia y Salud. Una puerta abierta el conocimiento, donde trataba los temas médicos pero desde una perspectiva social, para lo cual me ayudó muchos lo aprendido durante el tiempo en el que trabajé junto a prestigiosos antropólogos en el Conicet, así como también los seminarios sobre capacitación docente que realicé en la Facultad de Filosofía y Letras.

Una vez que Pepe tomó la dirección del diario, en 1984, su participación fue aún más activa, pues además de su habitual columna comenzó a ayudarlo en la selección y edición de las notas, lo cual realizó de forma intensiva a partir de 2007, cuando Pepe ya se encontraba enfermo, tiempo en que también terminó de coordinar el lanzamiento de la versión digital www.mundoisraelita.com.ar

Según afirma, todo ese aprendizaje sobre judaísmo y sionismo, pudo volcarlo a cientos de jóvenes durante su etapa como docente de los movimientos sionistas socialistas Poalei Zion y Avodá y del instituto educativo Rambam, así como durante el tiempo en el que participó junto a jóvenes líderes comunitarios provenientes de gran parte del mundo en el Memorial Foundation for Jewish Culture.

Corina cree que su judaísmo y su paso por las instituciones comunitarias fueron de enorme valor para su vida cotidiana “Creo haber sabido aplicar mi condición judía a toda mis prácticas, también en la bioquímica, la farmacéutica, y la medicina. Y todo mi activismo también me ha fortalecido en mi identidad. Siempre me quedó muy grabado lo que me sucedió en la infancia, cuando una vecina alemana me dijo que cuando termine la guerra y gane Hitler, se iba a quedar con la tienda de mi papá. Creo que mi contacto con el judaísmo pero por sobre todo Pepe, que tenía una seguridad absoluta sobre ser judío, hizo que pueda vivir sin miedo a ser judía. También me fueron muy útiles muchas de mis lecturas sobre judaísmo, especialmente los ensayos de Albert Memmi”.

En este punto, remarca el contraste con las  vivencias de sus padres, quienes debieron huir de su país natal a causa del antisemitismo. “Ellos vinieron escapando de los Picluras, que era como una especia de parapolicía zarista, y fueron parte de una historia de miles de años en la que el pueblo judío debió sufrir odios,  persecuciones y asesinatos. Si bien es verdad que en algún punto para mis padres era más fácil sostener su identidad judía, porque vivían únicamente entre judíos, gran parte de su vida sufrieron una constante amenaza, y todo esto lo tenés muy adentro tuyo. Por eso, creo que haber podido desarrollar y ejercer libremente el judaísmo es algo que debemos valorar tremendamente”.

Por esta razón, Corina cree que se deberían vivir más intensamente estos tiempos y brindársele un lugar a todo aquel quiera ser parte del judaísmo, como quienes forman parte o son hijos de matrimonios mixtos  “yo publiqué varias posturas en el diario sobre este tema, tanto a favor como en contra, pero en mi opinión, si en la Argentina había 380.000 judíos y ahora somos menos de 200.000, esto no es solo por la emigración a Israel, sino por la asimilación, y los matrimonios mixtos que no han sido incorporados a la comunidad y que por lo tanto se han perdido. Admito a los que están en desacuerdo pero yo veo al judaísmo más como una cultura y una nacionalidad que como una religión, y de hecho el mismo Estado de Israel considera judía todas las personas con algún familiar judío. Pero por sobre todo hay que trabajar para integrarse, intentando no segregar a nadie, eso es algo que siempre me enseñaba Pepe, la idea de encontrar lo común en cualquier desacuerdo, y eso común es la condición judía, que también portan muchos matrimonios mixtos y sus hijos”.

Al preguntársele sobre porque cree que persisten en el seno de nuestras instituciones este y otros debates que fragmentan el tejido comunitario, por una vez más, Corina volverá a citar a y a  reafirmar su admiración por quien fuera su marido “Porque no está Pepe (Risas). Es decir creo que falta que se involucre gente como Pepe. Pienso que además de este problema, hay muy poca participación comunitaria, lo cual es un reflejo de la política en el país, sobre todo entre los jóvenes.  Y falta un talento en el manejo político que permita sustraerse de esta realidad nacional y haga algo que motive a los jóvenes, pienso que los líderes comunitarios deberían asesorarse más sobre este y otros puntos”.

En este sentido, manifiesta sentirse especialmente apesadumbrada por el hecho de que el desfile del Bicentenario no haya tenido una representación de la comunidad judeoargentina, con todo lo que la misma le aportó a nuestro país “Una situación como esa hay que revisarla, no para criticarnos sino para ver que hay que hacer al respecto, tal vez formar movimientos de base, un nuevo Nachman Sirkin que apunte a los universitarios, a quienes Pepe convocaba por ser gente pensante y activa, que puede llegar a cambiar la realidad comunitaria. Desde mi formación diría que esto es como el brote de una enfermedad, que hay que analizarla y ver que se puede hacer para prevenirla en el futuro, aunque todavía hay tiempo, porque el Bicentenario es todo el año”.

Corina cree también que los medios escritos como digitales pueden ser claves para exponer y debatir ésta y otras cuestiones, y que “deberían recibir más apoyo de las instituciones comunitarias, porque fueron muy importantes en el esclarecimiento de la condición judía”.

Pero, con todo, vuelve sostener que más allá de las lógicas dificultades de dirigir un diario, la tarea le resulta sencilla y reconfortante, aunque, una vez más, admita extrañar  las sugerencias de quien fuera su marido “Muchas veces me da lástima no tenerlo a Pepe para preguntarle, y no lo digo como su esposa que fui, sino que un montón de gente lo llamaba permanentemente para consultarlo. En su velatorio todos se me acercaban y me contaban que en cualquier reunión donde había gritos y peleas, abría la puerta Pepe y todos respiraban. Pero de todas maneras el haber trabajado tantos años junto a él en el diario me hizo todo más fácil. Y la verdad es que creo que con todo lo que aprendí a su lado, todavía me sigue ayudando”.
 

Julián Blejmar para Plural JAI
Julio de 2010

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