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EL DINERO DE LA INFAMIA


Publicado por: Pablo Schvartzman el 18 Junio 2010

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EL DINERO DE LA INFAMIA
La sabiduría del gaucho entrerriano no tiene parangón. Traduzco al lenguaje coloquial este proverbio cuyo original es un poco subido de tono: “Lo que va a ser pa’ mí viene de lejo derechito a mis mano”. El porqué de la mención de este refrán en la presente nota se comprenderá a través de su lectura.
Y esto viene a cuento por mi afán de numismático y coleccionista y mi pasión por la historia de la Segunda Guerra Mundial.
Es así que tengo entre mis colecciones un par de pistolas alemanas, varias monedas con la svástica (1939 a 1943), dos condecoraciones, la que llegó a llamarse “medalla de los congelados” (Winterschlacht im Osten—1941/1942—batalla o campaña de invierno en el Este) y la de la división española de combatientes en Rusia a favor de Alemania, sin fecha.
Pero lo que realmente es lo más importante para esta reseña es la colección completa de billetes del ghetto de Theresienstadt, a quien una publicación de hace medio siglo llamó “el dinero de la infamia”.
La hipocresía nazi no tuvo límites: de todos los ghettos que instalaron en Europa Central, se les ocurrió establecer uno en esa pequeña ciudad checoslovaca (su nombre en checo es Terezin) para mostrar como modelo a las pocas entidades humanitarias que se preocupaban por los prisioneros.
Allí había fachadas de comercios en los que no se podía comprar nada, escuelas en las que nadie estudiaba, una enfermería sin un solo medicamento, una biblioteca donde no se podía conseguir un libro, una orquesta de intérpretes obligados a ejecutar música cuando se les mandaba, pero nada se decía de los cien mil judíos que habían pasado por allí camino a Auschwitz y que en esa pequeña ciudad , de menos de ocho mil habitantes, en el ghetto se hacinaban permanentemente más de cuarenta mil judíos que morían de hambre y por trabajos forzados y pésima alimentación.
Como propanganda del bienestar de los internados, se imprimieron billetes de banco de siete valores: uno, dos, cinco, diez, veinte, cincuenta y cien coronas, con la efigie de Moisés con las Tablas de la Ley, el Maguén David y firmados por “Der Alteste Der Juden, Jakob Edelstein, Am 1. Jänner 1943”.
En casas numismáticas, especialmente de Europa, se ofrecían monedas y billetes de distintos ghettos, pero ningunos de la notable calidad de éstos: excelente papel, agradables colores y finísimo trabajo de impresión. Y , también esto, una leyenda con promesas de severísimos castigos a infractores.
Y ahora la historia de la llegada de esta colección a mis manos.
Cuando la invasión nazi a Checoslovaquia en 1938, un joven judío empleado de banco en Praga logró huir e incorporarse a las fuerzas resistentes con las que combatió hasta la victoria, casi siete años después. Enviado con su grupo guerrillero al ghetto de Theresiendstat encontró una gran cantidad de lotes de estos “billetes de la infamia”, sin uso, y lo autorizaron a retirar varias series, dos de las cuales envió a un amigo coleccionista y a mí, a Concordia, ciudad en la que viví desde 1952 a 1955.
Este joven colega concordiense emigró posteriormente a Israel, así que no sería difícil que estos siete billetes del ghetto sea la única colección completa existente en nuestro país. Al menos no he tenido noticia de otra.
Para quienes todavía se atreven a minimizar la barbarie hitlerista, historias y documentos como estos pueden mostrar aspectos de la realidad de las inhumanas acciones que realizaron los psicópatas más grandes del siglo XX y quizás de la historia humana.

Pablo Schvartzman

Concepción del Uruguay, 1º de junio de 2010.

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