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SIMON EL MAGO Y LA SIMONIA


Publicado por: Pablo Schvartzman el 01 Mayo 2010

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SIMÓN EL MAGO Y LA SIMONÍA
Buscando un concepto en la enciclopedia me topo con un amplio artículo sobre “simonía”, palabra con la que tropecé algunas veces y de la que ya no recordaba el significado. Pero enseguida recordé que un autor la había relacionado con Simón el Mago, otro personaje con poderes ocultos al que muchas veces encontré en mis desordenadas lecturas y no le había hecho demasiado caso.
Simón el Mago era judío y el Nuevo Testamento lo menciona en el capítulo 8 de Hechos de los Apóstoles, donde le da más de quince versículos. Dice que, debido a sus poderes mágicos, se le temía mucho. Era oriundo de Cesárea y los cristianos primitivos lo consideraron como autor de doctrinas gnósticas y gran hereje. Había aceptado el bautismo, pero deseaba comprar el don del Espíritu Santo para poder hacer milagros, por lo cual San Pedro lo maldijo; y el tráfico de cosas sagradas se llamó desde entonces “simonía”. La simonía dio lugar a muchas situaciones desagradables e incluso se la llegó a vincular con algunos papas.
Algunos estudiosos han puesto en duda la existencia de este Simón, y muchos otros suponen que sí existió y fue el fundador de una secta gnóstica. Hay interesantes leyendas relacionadas con su vida y autores serios se ocuparon de él, por ejemplo Andrew Tomas, autor de algunos libros apasionantes quien, entre otros temas , destaca que en los mapas de Piri Reis de 1513 --que hasta el diario La Nación de 1986 opina fueron trazados hace miles de años—están indicados claramente varios ríos sudamericanos, entre ellos el Paraná y el Uruguay, cuando en cartas geográficas de casi tres siglos después, se indicaba un solo río donde debieran figurar esos dos.
Pues Andrew Tomas se ocupa bastante de Simón el Mago y en uno de los capítulos de un libro suyo se inserta este párrafo: “En la antigüedad un científico de nuestros días habría sido considerado un mago. En cambio, los magos de ayer eran a menudo científicos. Simón el Mago, un filósofo gnóstico del siglo I, era un hombre de este tipo. Este pensador hebreo afirmaba que “el fuego era la causa primaria del mundo manifestado, y tenía un carácter dual”. Esta es una definición sencilla de la estructura atómica de la materia y de su polaridad. Simón era capaz de realizar milagros por medio de su ciencia mágica… …la tradición dice que los “espíritus del aire” le ayudaban a elevarse a él mismo en el espacio… … se decía que había fabricado estatuas sin peso capaces de flotar en el aire”.
Andrew Tomas es un experto en religiones del Lejano Oriente, en varios de cuyos países vivió e incluso tuvo algunas increíbles experiencias, pero no olvidó al Antiguo Testamento. Hace años copié de uno de sus apasionantes libros estos párrafos: “el concepto mosaico del Dios único fue tomado por otros pueblos y contribuyó, en su conjunto, a los progresos de la civilización. Los Diez Mandamientos representan un código ético para uso de una sociedad civilizada. Tenemos también aquí una contribución de Moisés no sólo a favor de Israel, sino en beneficio de toda la Humanidad”.
Podría seguir citando casi indefinidamente a Andrew Tomas, a quien considero genial, pero quiero terminar copiando un par de frases más que darán idea de su raciocinio:
“Los judíos, de los cuales las naciones occidentales tomaron buena parte de su religión, fueron sometidos a los más repulsivos chantajes por los reyes; y miles de ellos torturados por la Inquisición, actos repugnantes de ingratitud histórica”.
Y por ahí también dice Tomas: “con mucha frecuencia un mito es un fósil de historia y el único recuerdo de lo que realmente ocurrió miles de años antes”.

Pablo Schvartzman

Concepción del Uruguay, 1º de mayo de 2010.

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