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Combatientes judíos en la guerra civil española


Publicado por: Pablo Schvartzman el 13 Abril 2010

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COMBATIENTES JUDÍOS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Estoy mirando uno de los bustos que tengo en mi biblioteca: el del general José Miaja, uno de los pocos si no el único militar con el grado de general que había quedado leal a la República Española cuando el alzamiento franquista de 1936. Yo tenía entonces nueve años y recuerdo perfectamente el fervor republicano de mi padre y mis hermanos mayores. Y me viene a la memoria la unción con que el mayor, que me llevaba diez años, leía las cartas que desde el frente le mandaba el médico judío entrerriano que había ido a integrar las fuerzas republicanas. La asociación de Franco con los regímenes nazi y fascista– dice un autor– no pudo menos que atraer a jóvenes judíos al campo republicano. Llegaron desde varios países de Europa y América. Muchísimos murieron en la lucha. Uno de los primeros fue Piet Ackermann, dirigente obrero de Bélgica, a pocos días de haber llegado al frente. De la entonces Palestina vino Naomi Weiss, cuya notable actuación hizo que se instalara en París un museo en su memoria. Muchos llegaron desde Polonia, como el llamado Capitán Alek (de quien tengo una fotografía) y Bobrus Nissenbaum. También ingleses, como el Mayor George Montague Nathan, célebre por su valor a toda prueba y el bastón con empuñadura de oro que usaba, que cayó en Brunete. En sus últimos momentos ordenó a quienes lo rodeaban que cantaran para ayudarle a abandonar la vida. El abogado Friedl Kassowitz, de Bohemia, fue nombrado Teniente y tuvo un batallón a su mando: fue muerto en Navalperal. Una de las unidades de combate estaba compuesta exclusivamente por judíos y se llamaba Brigada Botvin en memoria de un luchador asesinado por los polacos. De los judíos norteamericanos, que se estimaban en cerca de setecientos, más de doscientos fueron muertos en batalla y aproximadamente el noventa por ciento del resto fue herido. Un párrafo más extenso merece el joven Mayor Milton Wolf (“el lobo” le decían los españoles y “Lincoln” los norteamericanos; Wolf es lobo en inglés, ídish y alemán). Era un gigante rojo de más de 1.90 que se hizo amigo de Hemingway y del famoso fotógrafo Robert Capa (Endre Friedman, “pequeño húngaro de origen judío” como dice Stefano Bucci en “Corriere della Sera”). Según un autor, su “miliciano herido de muerte” es la mejor fotografía de guerra jamás tomada. El ejército republicano no tenía botines del número que calzaba Wolf y se los tuvieron que hacer de medida. “Cuando se decidió nuestra salida – cuenta Wolf– yo estaba muy decepcionado. Tuve bajo mi mando el batallón Lincoln – Wáshington en la retirada del Ebro y posteriormente dirigí una ofensiva. Al final –relata– a la hora de la partida me pasó algo que hizo más llevadera mi decepción: en una fiesta de despedida que nos hicieron en Barcelona, hubo baile y copas; y tuve la fortuna de bailar, un poco bebido, eso sí, con nada menos que Dolores Ibárruri “la Pasionaria”. Muchos judíos soviéticos también pelearon en España, aunque vinieron al llamado de Stalin o fueron enviados. Recuerdo viejas fotos de Ilia Ehrenburg y del general Iakov Smuschkevich, Orden de Lenin 1937, y que en España era conocido como general Douglas. También el después Mariscal Tito, (Josip Broz) ,de quien se afirma que es hijo ilegítimo del judío Samuel Mayer, anduvo por la península. Tito negó muchas veces haber estado allí, pero durante un tiempo fue quien coordinó en París la llegada de los brigadistas a España y su negativa puede deberse a una acusación de homicidio en la que estaba complicado. Siempre encuentro dentro de las tragedias, una nota simpática y en este caso es la fotocopia que tengo a la vista de la portada de “Fraihaits kempfer” (Luchadores por la libertad), el periódico judío del frente, en ídisch con el lema en español e ídisch “Por vuestra libertad y la nuestra”. No sé si existirá una historia más o menos completa de la participación militar judía en la lucha antifranquista –primera batalla de la guerra antinazi– pero, si no la hay, merecería que alguien con mayores conocimientos y posibilidades que yo, la escribiera para honra de los heroicos luchadores y ejemplo a las jóvenes generaciones. No puedo dejar de recordar aquí al talentoso y malogrado amigo Héctor Alberto Carricart (1936-2004) que tanto me ayudó en este tema. Pablo Schvartzman Concepción del Uruguay, 30 de marzo de 2010.

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