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Cómo cerrar una grieta


Publicado por: YG el 03 Marzo 2019

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Autor: 
Rabino Alejandro Avruj
Fuente: 
Infobae

Dice el Rebe jasídico Menajem Mendel de Kotzk: "No hay nada más completo que un corazón partido". Es en el quiebre de ese corazón en donde nace la sabiduría para ver cómo sentirse completo otra vez. Es a partir de la grieta que se empieza.

Entonces, ¿cómo hacer para arreglar una grieta? ¿Cómo resolverla? A veces uno le regala o le delega al tiempo la solución, y lo único que logramos es que la grieta se transforme en abismo.

Este shabat leemos una Parashá (sección) de la Torá que tiene un nombre muy especial: Vaiakhel, que significa "unir, juntar, congregar, volver a estar juntos". Vaiakhel viene de la palabra Kehilá (Comunidad – Congregación).

 

Uno de los libros sapienciales del Tanaj (Biblia Hebrea) es Kohelet, conocido en castellano como el Eclesiastés. Ambas palabras tienen la misma raiz en sus consonantes. Es del original en hebreo Kehilá, del que derivan las palabras Kohelet, Eclesiastés, ecclesia, iglesia. Una "Kehilá" es un espacio sagrado. Kehilá, ese espacio sagrado, no tiene que ver con las paredes ni con los ladrillos. Sino con el acto de transformarnos en Kehilá, en comunidad.
Es aquello que hacemos para alcanzar la unidad a partir de un objetivo común. Es la unión de las partes, aunque sean diferentes, para un objetivo en común. No es un espacio físico. Es un espacio existencial, de realización, para aprovechar la oportunidad de volver a estar juntos.

 

Moisés baja del Monte Sinaí, espacio sagrado por excelencia, con las Tablas de la Ley. No hay momento y lugar más trascendente en toda la Biblia. Cuando baja ve que han construido un becerro de oro. Rompe las Tablas. El pacto está quebrado. El momento desperdiciado.

Los pedazos de las Tablas sagradas se diseminan alrededor del pueblo. La gente está más quebrada que las Tablas. Agrietada. Hay una guerra fratricida: quienes estan de acuerdo con Moisés y quienes no. Hay muerte, hay dolor, distancia, desilusión y pérdida. Todo es más tremendo que la rotura de las mismas Tablas. Era un momento perfecto, una oportunidad histórica de transformarse en un mensaje eterno… y lo transforman en becerro, en grieta.

Es entonces que Moisés dice "Vaiakhel", "Kehilá". En medio de la crisis, parado por sobre la grieta dice que siempre tenemos una nueva oportunidad para volvernos a encontrar. Y no porque haya ganado una parte o la otra parte.

Moisés les dice que sean Kehilá a todas las partes.

Es una imagen muy fuerte: estar ante una gran oportunidad y convertirla en grieta. Nos pasa en todos los niveles y momentos. En lo privado, en lo personal, en nuestros propios espacios sagrados. Tu casa, tu familia son lugares sagrados. El amor de tu vida es un espacio sagrado. Es una oportunidad tener a alguien con quien vivir, con quien compartir y a quien amar. Es el Monte Sinaí.

Pero lo podés transformar en becerro. Por miserias pequeñas y egos enormes, hay oportunidades que dejamos escapar. De pronto aparece la grieta en la amistad más profunda, en la relación más hermosa, en el amor más verdadero. Oportunidades que dejamos escapar, lugares sagrados que perdemos por la nada.

Lo mismo sucede con nuestro país. Argentina es una oportunidad. Una oportunidad infinita y la hemos transformado en becerro. Demasiados egos, demasiadas voces mesiánicas, demasiadas expectativas en que la solución esté sólo en uno u otro lado del problema.

Y lo mismo con nuestra Comunidad. Nuestra Comunidad es el Monte Sinaí. La Comunidad Judía es un espacio sagrado y sin embargo, muchas veces la hemos transformado en becerro, en grieta. Hace poco escribí un texto acerca de la grieta judía, acerca de la distancia entre unos y otros.

Hay que entender el mensaje. Estamos ante una oportunidad maravillosa. Tenemos un sinfínde lugares sagrados: nuestra casa, nuestra familia, la comunidad, nuestro país. Y facilmente podemos caer en la grieta desaprovechando la oportunidad.

Moisés dice "Vaiakhel". Hay una sola forma: saber buscar la unidad en objetivos en común, Kehilá. Aunque pensemos diferente, en la kehilá están todos.

Construir una kehilá no es levantar un templo. Es edificar espiritualmente un espacio y transformarlo en sagrado. Es la diferencia entre una hermosa casa decorada por fuera y un hogar diseñado desde adentro.

En la Mishná, en Pirkei Avot (Tratado de los Principios) los sabios discuten acerca de cuáles son los pilares sobre los que se sostiene el mundo. Cada uno trae tres pilares diferentes. ¿Por qué tres? Ése es el gran mensaje. Nada se sostiene sobre una sola pata. Nada se sostiene sobre una sola voz, un solo movimiento, una sola facción. Se cae.

Sin embargo, tampoco se sostiene sobre dos. Porque no es blanco o negro, no es izquierda o derecha, no es fanatismo o laicismo, no es ortodoxo o masortí (liberal).

El número tres es muy simbólico porque nos habla de la enorme paleta de colores que hay en el medio y que es imprescindible para sostener al mundo, a una comunidad, un país, o a un hogar. Es el respeto al otro. Es saber que el otro existe, que es importante y también necesario, y que aunque esté en las antípodas de nuestro pensamiento, debemos buscar el punto de unión, el punto en común.

Es lo que necesitamos repensar en nuestro país. Ningún mesías va a solucionar nuestros problemas. Ningún político iluminado, nadie que hable ni prometa bonito en los medios. No existen soluciones mesiánicas. Somos necesarias todas las patas de la sociedad, toda la paleta de colores: los economistas, los políticos, los religiosos, los sindicalistas, los maestros, los alumnos, los padres, los empresarios, los trabajadores, el hombre y la mujer de la calle. Cada una de las patas que sostienen nuestro mundo en responsabilidad y compromiso para buscar qué es lo que nos une, qué es lo que tenemos en común.

El camino para volver a edificar nuestro destino, es rediseñar entre todos nuestro espacio sagrado. Cómo volver a hacernos comunidad a partir de unirnos en busca de los objetivos que tenemos en común.

En la Comunidad judía estamos esperando al Mesías. Hace siglos. Sabemos que va a venir. Pero no creo que llegue para las elecciones nacionales de este octubre, ni para las comunitarias de marzo del año que viene. Cada uno debe sentirse factor de cambio, imprescindible para cerrar cualquier grieta. Y entonces renovar el compromiso en lo comunitario, en lo social y en el hogar sabiendo que hay espacios sagrados que no merecen ser transformados en becerros.

El Eclesiastés dice que hay un tiempo para todo. Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir; un tiempo para llorar y un tiempo para reír; hay un tiempo para abrazar y un tiempo para abstenerse de abrazar; tiempo para sembrar y tiempo para cosechar; un tiempo para hablar y un tiempo para callar; un tiempo para esparcir las piedras y un tiempo para recolectarlas; tiempo para destruir y tiempo para edificar; hay un tiempo para amar y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz…

No hay que esperar a que venga un tiempo. El tiempo somos nosotros.
Uno es el tiempo para ver cómo construye un espacio sagrado.

Ni el tiempo está en el reloj, ni el espacio está en las paredes.

Uno es el tiempo. Y tiene que decidir cuál es el momento para construir los espacios sagrados que necesitemos: el de la Comunidad, el de la Argentina, el de la casa, el del corazón quebrado que cada uno tenga…Y poder ver desde ahí cómo hacemos para hacernos más completos.

Amigos queridos, amigos todos.

Les deseo desde el corazón que esta semana de Vaiakhel nos vea otra vez juntos, nos vea transformados en kehilá, en comunidad. En la que necesiten.
A veces uno necesita construir una kehilá dentro del alma. No hay nada másimportante que uno, poder ser uno y no muchos. Que ese corazón quebrado sea la oportunidad de volver a ser genuinamente uno mismo y completo. A veces hace falta construir una kehilá en casa, porque podemos estar viviendo bajo el mismo techo pero nunca haber vivido juntos.

Hace falta construir una kehilá en cada comunidad y mirar la paleta de colores. Desde las distintas formas de practicar y vivir la belleza de cada tradición, de cada creencia y de cada fe.

Tenemos que transformarnos en una kehilá a partir de nuestras diferencias para la bendición y la oportunidad que es nuestra Argentina.

Dejar de ser grieta, y volver a ser un espacio sagrado.

Tenemos que transformar esos lugares sagrados en un Monte Sinaí.

Sabiendo que no le podemos tercerizar el problema al tiempo.

Sabiendo que el tiempo somos nosotros.

El autor es Rabino de la Comunidad Amijai y Presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masortí.

 

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