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El judío bueno


Publicado por: Agrun el 16 Febrero 2015

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Autor: 
Ezequiel Sporn
Fuente: 
Plural JAI

 
En el último tiempo he visto como proliferaron voces judías. Era de esperarse pues otra vez la herida abierta de la tragedia de la AMIA sangra.
Grato es que esta vez el espacio fue ocupado por judíos ejemplares, aquellos que cualquier madre judía estaría deseosa de tener y presentar en sociedad. Esos personajes que, cuando muy chico, alimentaban mi fantasía de que - por ejemplo - en Israel no serían necesarias las cárceles porque no habría a quién encerrar. Pues sí. Finalmente aparecieron ellos. Los judíos buenos.

El judío bueno es el que tuvo abuelos socialistas o comunistas. Está plagado de dulces y heroicas historias para contar.
El judío bueno estudió una carrera humanística. Es cientista social. O es periodista. O escritor.
El judío bueno es sensible.
El judío bueno es el de ideas "de izquierda".
El judío bueno es nacional. Y es popular.
El judío bueno es el que milita.
El judío bueno es el que tiene grandes cantidades de amigos que no son judíos. A los que - por supuesto - conoció militando.
El judío bueno es el que dice con orgullo que rompió la burbuja judía a la que los padres lo obligaban a pertenecer durante su niñez y adolescencia.
El judío bueno frecuenta poco la comunidad y sus espacios de encuentro. Es de cafés literarios y de debates intelectuales.
El judío bueno carece empresarios en la familia. Nadie de su entorno primario vende telas en el Once. Tampoco trabajan en financieras o bancos. Los suyos "sudan" para ganarse el salario. Al final, solo eso "producir".
El judío bueno no es dirigente comunitario. Jamás lo ha sido. Jamás lo será. Sólo se dedica a criticarlo.
El judío bueno es el que - pudiendo proponer debates en el seno de su comunidad - prefiere utilizar a los medios de comunicación afines a un gobierno, para favorecer la construcción de una otredad negativa de un supuesto "establishment judío" y la invención de un enemigo interno al que resulta legítimo - como mínimo - ridiculizar, escrachar y hostigar.
Sabe el judío bueno que esa construcción resulta peligrosa, toda vez que es condición necesaria para la justificación de cualquier acción contra ese "otro" a quien hoy señala con liviandad.
Olvida el judío bueno - según escribió otro buen judío - que él tampoco "…podrá sacarse de encima la herencia de sus abuelos proletarios y subversivos, su estigma "infeccioso". Y será perseguido, detenido y torturado apenas la situación lo permita, como lo fueron de a miles durante la última dictadura militar".
Yo no seré un judío bueno. No cumplo con muchos de los estándares que se presentan. La vara es alta y al parecer no son muchos los que dan la talla.
En mi caso, sólo soy un judío que habla y escribe con libertad de conciencia. Dudo que otros judíos buenos de aparición reciente puedan arrogarse esto mismo.
 
*Lic. Administración - Universidad de Buenos Aires
 
 
 

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