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DOS SONETOS: "la casa de don pablo sin él" y "soneto de la difunta infanta"


Publicado por: Leonardo Feiguin el 23 Septiembre 2014

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DOS SONETOS

En su prólogo a mi libro “Judíos en América” (de 1963) escribía Aristóbulo Echegaray, quizás demasiado generosamente: “Pablo Schvartzman, como la mayoría de los mejores prosistas, se inició publicando libros de versos”.
Es verdad que, desde muy chico, escribo poesía y soy un enamorado de los viejos moldes y sus reglas: coplas, romances, décimas y sobre todo, quizás y sin quizás, el soneto.
El poeta chileno Francisco Contreras (1877-1953) escribía en París en 1906: “Armonioso de factura, opulento de rimas, dificultoso de ejecución, el soneto es la expresión más bella y perfecta de los llamados poemas de forma fija y acaso de todas las combinaciones métricas”.
Algunos modernistas reniegan de él y otros estimamos que esta forma de expresión lírica es inmortal. Yo trato de seguir cultivándolo y estos dos son un par de los míos que más quiero:

LA CASA DE DON PABLO SIN ÉL

Calle Ameghino, “el loco de los huesos”,
y casi Rocamora, fundador de villas;
la fachada impersonal, sencilla,
sin bronces, ni mármoles, ni yesos.

Dentro, libros y papeles de ésos
que se apilan de pura maravilla,
una habitación de orilla a orilla
con monedas, medallas , más impresos.

Hay recuerdos y fotos de la amada,
cuatro o cinco poesías empezadas,
una Biblia, un blasón del Diablo,

la pistola que fue de algún pirata,
en un tomo marcadas las erratas…
Casi todo está allí, menos don Pablo.

SONETO DE LA DIFUNTA INFANTA

Este soneto de la difunta infanta
es la oración por mi hermanita muerta
que partió con pretensión incierta
y es siempre niña, inocente, santa.

No fue mi culpa. Hay algo que transplanta
y quién sabe si acierta o desacierta;
pero la interrogante queda abierta
en un presagio que tal vez espanta.

Una lágrima rueda por mi faz anciana
cuando la evoco temprano en la mañana:
yo llegué, fui feliz y me hice viejo.

Ella partió para que yo viniera
y no sé si es sueño, ilusión, quimera…
El día de encontrarla no está lejos.

PABLO SCHVARTZMAN.

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