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¿Es posible comprender la SHOÁ?, ¿Cómo se presenta el antisemitísmo hoy?


Publicado por: Agrun el 17 Abril 2015

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Autor: 
Mirta Goldstein
Fuente: 
Plural JAI

 

Las sociedades civilizadas se construyen en base a reglas consensuadas, a límites y prohibiciones que componen la legalidad de las mismas. Ello no obsta para que aun en las democracias avanzadas, quepa la posibilidad de retornos a formas autoritarias y hasta tiránicas.

Las tendencias al totalitarismo y la concentración del poder se efectivizan cuando se inventa un enemigo al cual victimizar. Justamente fueron los judíos, los que al no acatar el régimen de la conversión y el impulso a la asimilación, siguieron siendo la fuente del malestar social y fueron utilizados para imponer poderes absolutos.

Hoy sigue ocurriendo lo mismo, solo que los poderes autoritarios se revisten de mascaradas populistas, pseudo benefactoras.

Si antes el antisemitismo se propulsaba dentro de un marco de terror, hoy se lo estimula dentro de un marco de beneficencia social. Ambos casos generan víctimas y victimarios.

En el marco de la estructura del terror se fomenta la inmolación, la militancia extrema, la defensa radical y fanática de un ideal. En el marco de los estados falsamente benefactores, se fomenta la desidia, la impunidad, el sometimiento a través del dinero y la corrupción. En ambos casos se acusa a algún colectivo discriminado de ser la fuente de los males de la época. Surge así la figura de la víctima del antisemitismo, pero paralelamente, la figura del victimario como víctima de los conflictos sociales.

No es posible comprender el triunfo del nazismo sin tener en cuenta el aparato de terror montado previamente, las crisis económicas alemanas y la necesidad de una salida triunfadora del pueblo alemán ante sus fracasos.

El aumento de las acciones antisemitas y antisionistas en el mundo, delatan varias cosas: en primer lugar las crisis de las democracias que no han sabido equilibrar las oportunidades y los derechos y deberes; en segundo lugar, las tendencias destructivas que aletargadas por un tiempo, retornan con fuerza en tiempos difíciles; en tercer lugar, el fracaso de los discursos y organismo sobre la paz, en tanto por un lado se castiga a quienes se supone victimarios, pero a la vez se generan una y otra vez situaciones de guerra y de víctimas.

La multiplicación de castigos a Israel no tiene que ver tanto con los conflictos de Medio Oriente, que son muchos y complejos, sino con esta necesidad de culpabilizar y victimizar -en este caso a un Estado ya su población- para ocultar las nuevas alianzas y los nuevos movimientos de intereses.

Por lo tanto, los judíos del mundo, entrampados en estas situaciones globales, nos vemos obligados a defendernos o prepararnos para defendernos.

A los avisadores del fuego, o aquellos que pudieron vislumbrar la Shoá, aunque no tuvieron la fuerza para detenerla, le seguimos, actualmente, todos aquellos que podemos atestiguar sobre los absurdos pero a la vez inminentes desenlaces de las guerras frías y calientes que se desarrollan dentro de las sociedades, las naciones y los grandes centros capitalistas.

No somos los judíos los líderes de esos centros, pues ellos exceden a nuestros propios intereses de continuidad y subsistencia.

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