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Mensaje del Embajador Günter Kniess en ocasión de la conmemoración del 67° aniversario de la Victoria de los Aliados y del Ejército Rojo sobre la Alemania Nazi


Publicado por: Javifenix el 22 Mayo 2012

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Autor: 
Günter Kniess
Fuente: 
Diana Wang

 

AMIA, Buenos Aires, 15 de mayo de 2012

Vicepresidente Angel Schindel

Presidente Honorario José Moscovits

Presidente Francisco Wichter

Presidenta Diana Wang

Colegas Embajadores y Diplomáticos

Señoras y Señores

Agradezco profundamente esta invitación de la “Asociación Israelita de Sobrevivientes de la Persecución Nazi”. Entiendo que esta es la primera vez que se invita a un embajador alemán a hablar en esta ocasión y, por lo tanto, me siento sinceramente honrado y conmovido a la vez.

Aparte de la conmoción y alegría confieso que he sentido cierto temor de hablar ante este público. Cuando empecé a reflexionar sobre mis palabras a decir me vinieron a la mente dos preguntas que me acompañan e inquietan desde mi juventud.

La primera es: ¿Cómo fue posible? Cómo pudo pasar esto en mi país?

La semana pasada escuché en el Teatro Colón la Misa en Si-menor de Johann Sebastian Bach – una verdadera obra maestra de la música, de la espiritualidad y de la cultura alemana. Esta cultura alemana – tan enriquecida por judíos – por un lado – y en contraste este régimen atroz nazi, que desató una guerra devastadora con muchos millones de muertos y que persiguió y exterminó sistemáticamente a millones de judíos y otras comunidades. Recordamos con profunda tristeza las leyes raciales, la Noche de los Cristales Rotos, lo pasado en los Ghettos y los campos de concentración y de exterminio. Sabemos que detrás de esto había una actitud expresada en la discriminación, en la exclusión y en los progromos: en resumen, una actidud de negación del otro en su calidad ser humano.

La segunda pregunta que me hacía – más personal que la primera – era: ¿Qué hubiera hecho yo 

Yo nací en 1951 y pertenezco a la generación de posguerra. Cuando en el transcurso de los juicios de Auschwitz en los sesenta supe de las atrocidades cometidas por alemanes y tomé conocimiento detallado del Holocausto, yo miraba a mi alrededor y miraba a la generación anterior y me preguntaba: ¿qué actitud y qué papel habrán tenido ellos en esta horrible época y qué hubiera hecho yo en su lugar?

Sabemos que hubo personas valientes que resistieron y quienes en muchos casos pagaron su firmeza con su vida: entre otras el teólogo Dietrich Bonnhöfer y el coronel von Stauffenberg, quien fracasó en su atentado contra Hitler. La gran mayoría no demostraba esta valentía.

Hay una respuesta clara a las dos preguntas: esta historia nunca jamás debe repetirse. Y de ahí veo la obligación de cada uno de involucrarse y actuar para evitar que seres humanos sean injuriados, heridos o, incluso, asesinados a causa de su religión, de su origen o de su aspecto. Este es el espíritu del primer y más importante artículo de nuestra constitución en Alemania que dice: la dignidad humana es intangible.

Entonces: ¿Qué hubiera hecho yo? La advertencia, hoy, como ayer y mañana, es estar consciente, es ser vigilante, tener los ojos abiertos, los sentidos filosos y los instintos despiertos para ver, para reconocer y para combatir el extremismo y la violencia, el antisemitismo y la discriminación. Ahí radica – a mi parecer – también la importancia de esta conmemoración de esta noche.

El fin de la Segunda Guerra Mundial era la derrota de la Alemania Nazi y al mismo tiempo significaba la victoria del bien sobre el mal – también para el pueblo alemán. En este sentido quisiera citar a la Canciller Angela Merkel que dijo ante la Knesset: “La existencia segura de Israel es parte de nuestra razón de Estado.

Otra cita: “El secreto de la redención es el recuerdo”. Esta sabiduría judía la pronunció el ex-presidente alemán Richard von Weizsäcker. Entonces: Mantener viva la memoria es el mandato: no sólo como recuerdo de los horrores y los sufrimientos, sino también como estímulo vital para la acción activa y valiente en el presente y futuro por un mundo de libertad, de diversidad y de sinceridad.

Hay mensajes de esperanza: existe una cultura viva de la memoria. Hay muchos proyectos e iniciativas acerca de esto en muchos lados. Existe la cooperación internacional para la educación sobre el Holocausto. Aquí en la Argentina tenemos una cooperación alentadora entre la comunidad judía y la comunidad alemana: entre ellos el “Encuentro de las dos orillas”, que promociona, entre muchos otros, Diana Wang.

En este sentido apoyamos la realización del documental “Proyecto Aprendiz” de la Asociación Generaciones de la Shoá, organizamos viajes a Alemania en conjunto con la DAIA para que se conozca la vida judía renacida en Alemania: una comunidad de otra vez 200 mil judíos y más de cien comunidades. Se están formando rabinos de nuevo.

Hoy honramos a las víctimas y a los sobrevivientes de la Shoá y me inclino ante ellos.

(Comentario: al decir las palabras finales, "y me inclino ante ellos", inclinó su cabeza, cerró los ojos y permaneció en silencio. 

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