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SOPA “DE” POLLO O SOPA “CON” POLLO II


Publicado por: Javifenix el 28 Enero 2013

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Autor: 
Ricardo Feierstein
Fuente: 
tumeser.com

   

LA GLOBALIZACION COMPLICA Y AYUDA

El siglo que hemos comenzado a transitar complejiza, pero la vez ayuda a visualizar, los andariveles por los que transcurre la identidad judía de nuestra época. Los (ya inevitables) procesos de globalización y el desarrollo de las relaciones internacionales- exasperadas en los últimos años por el enfrentamiento entre Occidente y el fundamentalismo musulmán (además de otros conflictos locales como el del Medio Oriente, el de India-Pakistán o el negro-árabe en territorio africano)- han dado surgimiento a corrientes ideológicas y situaciones antes inexistentes o poco desarrolladas dentro del judaísmo.

En orden a este punto de vista, he analizado algunos estereotipos característicos- la “idishe mame”, el “gaucho judío”, el “Pueblo del Libro” o el “pionero kibutziano”- que sobreviven en el imaginario y el discurso judíos, aunque ya no forman parte de la realidad concreta de la población judía actual “Imaginario social y realidad”, periódico Mundo Israelita, 3 marzo 2006). En esta ocasión, citaré algunos otros elementos, todavía poco considerados en el análisis de nuestra realidad comunitaria.

El primer asunto que llama la atención es el silencio que rodea estas nuevas problemáticas en la relación de los individuos con las instituciones a las que pertenecen. En esta falta de registro de la temática- quizás influido por la comodidad intelectual de transitar senderos conocidos- crece un estado de cosas en los que se escucha hablar de algunos aspectos de la realidad, pero se prefiere hacerlo por fuera de los marcos razonables para su dilucidación.

Reuniones mensuales con centenares de asistentes por fuera de las entidades de la colectividad- en un ciclo que pasa de boca en boca-, la constitución de un agrupamiento de judíos/as homosexuales o la existencia de una “Revista de los Judíos Sueltos”, revelan que existe un hiato entre lo organizativo y la calle concreta.

Quizás habla, también, de una crisis de representatividad. El psicoanalista Fernando Ulloa- en su  trabajo “Silencio, silenciamiento”-señala que “este proceso adquiere relevancia en las organizaciones donde el poder es como agua para los peces...

Aun si no se habla de él, todo remite a su ejercicio”. Ingresan entonces el eufemismo, el chisme, la mentira, el rodeo, la elusión o el guiño- según Ulloa- que muestran el pasaje al acto de acatar de manera formal ese silencio para transparentarlo. Las crisis periódicas quiebran la trama y obligan a inventar respuestas.

Otros ejemplos de estos nuevos fenómenos son el fundamentalismo religioso y mesiánico por una parte- que en su versión ultra llegó a asesinar a Itzjak Rabin- y el llamado Jewcy (“Judaísmo jugoso o sabroso”, podría traducirse) por otro lado, muy de moda enlos Estados Unidos y basado en adhesiones y comportamientos exteriores- al estilo de las inclinaciones cabalísticas de Madonna o alguna forma de moda o gastronomía- antes que en convicciones profundas. En un mundo donde la apariencia ha reemplazado a la realidad, desde la cirugía plástica al contenido televisivo medio, no es de extrañar que también la definición de identidad esté ligada a cuestiones exteriores, antes que a esencias.

Como en una ecuación de múltiples factores, los pensadores judíos de hoy agregan otro tipo de variables a esta compleja sumatoria. Una está relacionada a la evolución del Estado de Israel como entidad nacional, superados los primeros y heroicos años de la consolidación de un proceso que, parafraseando a Herzl, transformó una leyenda en realidad concreta. Cada año en mayor medida,la cotidianeidad del Estado Judío está más relacionada al lugar que ocupa en la geografía mundial que a sus orígenes, ligados a la experiencia europea de los portadores de la primera camada dirigente, los fundadores.

Eso quiere decir: los valores que identificaron durante muchos siglos al judío universal- el hombre humanista y preocupado por la ética, con ideas de avanzada y espíritu libre, pertenencia y residencia internacionalista, portador de la riqueza del intercambio cultural, constructor de buena parte del pensamiento moderno (Marx, Einstein, Freud y tantísimos otros), ejemplo de contacto entre civilizaciones y con vocación de constituir “or la goim” (luz para los gentiles)- sufren un cimbronazo esencial con el ingreso del pueblo a la comunidad de los Estados Nacionales y la necesidad de interactuar en alianzas y sucesos pragmáticos, no sólo en la discusión de ideas. El israelí se va conformando como un nuevo tipo humano, que sin renunciar a sus raíces debe, inevitablemente, inventar (y ejercer) códigos de adaptación al incierto y peligroso mundo real.

EL “SINDROME DE ULISES”

Otro tema novedoso es el piscológico-generacional, por llamarlo así. La teoría sionista preveía que, una vez creado el Estado, los judíos del mundo concurrirían en masa al hogar construido entre sus fronteras, para vivir una nueva vida liberada de opresión y exilios. Pero no ocurrió así. Salvo en el caso de algunas comunidades en peligro o en situaciones nacionales catastróficas- como aquellas de los países árabes o, más recientemente, las de la disuelta Unión Soviética-, más de dos tercios de la población judía mundial decidieron permanecer en sus países de residencia, sin dejar por eso de ser, en su mayor parte, decididamente sionistas y proisraelíes. 

Ello produjo una situación compleja y todavía poco estudiada. La mayor parte de las dirigencias comunitarias del mundo judío está compuesta por convencidos sionistas que no han inmigrado a Israel, por variadas razones que van desde cuestiones familiares a simple comodidad burguesa o, más simple aún, temor al propio cambio de país que pregonan. Ello ha producido interesantes fenómenos- desde el campo psicológico individual- ligados a profundos sentimientos de culpa, que se subliman con la adopción de furibundos fundamentalismos religiosos (que, en verdad, en su mayoría no respetan en su vida personal) o adhesión a políticas extremistas ligadas a cuestiones israelíes, como el tema de los territorios ocupados, que parece algo grotesco sean decididos desde París, Buenos Aires o Constantinopla.

Existe otra variante, algo triste en verdad: cargar sobre los hombros de los hijos esas tareas inconclusas del sionismo personal. Ya que ellos no fueron a vivir a Israel, serán sus descendientes muchas veces, sólo adolescentes- los que deberán hacerse cargo de ese mandato, con independencia de sus reales deseos y para que sus mayores puedan seguir proclamándose fervientes sionistas. La psicoanalista María Teresa Calabrese, integrante de la APA, ha desarrollado esta vertiente desplegando- en “Un aporte desde el psicoanálisis a la comprensión de la crisis argentina: ¿profecía autocumplida?” (Congreso de la Federación Latinoamericana de Psicoanálisis, México, 2004)- lo que un grupo de expertos de la Unión Europea han denominado “el síndrome de Ulises”. Se trata de una serie de trastornos psíquicos que padecen los inmigrantes, rememorando las terribles amenazas a las que fue expuesto el héroe griego. En la experiencia clínica de Calabrese aparece con frecuencia, en el imaginario de muchos argentinos, la idea de volver a la tierra de donde sus abuelos partieron sin desearlo. Y esto se transmite como mandato transgeneracional, por medio de los hijos de sus hijos.

La trasposición a la temática judeosionista es casi automática. Hay padres que “empujan” a sus hijos a realizar lo que ellos no fueron capaces de cumplir. ¿Son estos jóvenes la “ofrenda sacrificial” que algunos padres deben realizar para calmar los mandatos superyoicos? Para los chicos, realizar los deseos de sus abuelos- una patria judía- es el camino a recorrer para ser reconocido y amado por sus padres. Pero este “teatro transgeneracional” no siempre termina bien. Menudo conflicto, que los padres del sionismo realizador no pudieron siquiera imaginarse.

El movimiento sionista solucionó, con su exitosa conclusión en la formación de un ente nacional, los problemas permanentes dela indefensión judía, los pogroms, las matanzas, la falta de alternativa para escapar del lugar donde eran perseguidos. Pero, al transformar a los judíos en un “pueblo normal”- se discute ahora en círculos académicos-, abrió un signo de interrogación sobre las características que adquirirá su continuidad.

¿Cómo sigue ahora la historia? ¿Seremos un pueblo como todos los demás- obligados por los imperativos de la realpolitik- o podremos conservar una especificidad que nos distinga? La abuela ya no está entre nosotros y debemos decidir si, para subsistir, podremos alimentarnos con la sopa de pollo- idéntica a la que ella preparaba- o con la sopa con pollo que hoy es factible cocinar, para el amplio mosaico de comensales que constituye el pueblo judío en la actualidad.

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Un par de observaciones a Ricardo:

1- Es cierto que la asunción de responsabilidades soberanas a través de Israel -en un contexto extremadamente conflictivo- lleva a una Israel distinta del judaísmo europeo del sXIX. Pero no idealicemos a ese presunto "judío universal" que, lejos de vivir durante siglos, emergió con la revolución liberal y fue masacrado por el nacionalismo fascista.

2- Ver al sionismo como la pretensión de reunir a todos los judíos en Israel me parece un anacronismo: el sionismo hoy es, esencialmente, el reconocimiento de que la condición judía tiene una dimensión nacional que merece ser ejercida soberanamente.

3- Igualmente anacrónica me parece la imagen de padres que sacrifican a sus hijos mandándolos a Israel en su lugar, algo que -quizás- podría ser aplicable a la generación de hijos que hoy tiene alrededor de 50 años, pero difícilmente a los jóvenes de hoy. Sí, en cambio, veo una intención de transmitir el afecto y valoración por la experiencia soberana judía, y fortalecer un vínculo sin que implique la emigración.

4- Yo no me preocuparía por el "riesgo" de que nos convirtamos en un pueblo como todos los demás, que perdamos nuestra especificidad. Tenemos dosis de singularidad sumamente concentradas, y si algo no puede decirse de Israel -justamente- es que sea tratada como un país más...