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Amos Oz, el Chejov israelí


Publicado por: Javifenix el 21 Mayo 2012

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Autor: 
Egon Friedler
Fuente: 
www.tumeser.com

 Comentario de “Bein javerim” (Entre amigos) de Amos Oz. Editorial Keter 2012 - 160 pgs.
 Esta serie de ocho cuentos sobre el kibutz de los años cincuenta y sesenta tiene poco que ver con el Amos Oz de “Historia de amor y oscuridad” o con el enjundioso ensayista que tiene ideas muy claras sobre los problemas existenciales del Estado de Israel.


Es la obra de un fino miniaturista, de un psicólogo dotado de una sutil capacidad analítica, de un escritor comprometido únicamente con su verdad artística. Los ocho cuentos tienen una temática común: se desarrollan en un mismo kibutz. El protagonista de un cuento aparece a menudo como personaje secundario en otro y ocasionalmente, el final de una historia aparece como referencia marginal en otra. 


 

 

El primer cuento “El rey de Noruega- “ trata de un gran tema: el lugar del soltero en el kibutz, o sea la soledad en el seno de una sociedad colectivista. Su personaje protagónico es apodado “el ángel de la muerte” porque se especializa en informarse e informar de malas noticias: catástrofes naturales, accidentes masivos y desastres de todo tipo. Goza del reconocimiento del kibutz por su eficaz trabajo como jardinero, pero su vida personal es miserable. Su soledad no fue el resultado de fracasos amorosos sino de una elección deliberada, porque tiene un rechazo visceral a toda clase de intimidad física, tanto con mujeres como con hombres.

 

 ¿Cuál es la explicación biológica o psicológica? Amos Oz no la da y deja al lector dar su propia interpretación.
El último de los cuentos, “Esperanto” también trata de un solitario en el kibutz, un personaje igualmente excéntrico y curioso. Es un fumador empedernido que sufre de una grave afección pulmonar y aún así se auto-asigna el derecho de fumar medio cigarrillo al día contra la prohibición expresa de los médicos. 


 

Se trata de un judío holandés sobreviviente del Holocausto, un anarquista humanista, seguidor de las ideas de Rousseau sobre la bondad innata del ser humano y un fanático defensor del igualitarismo a ultranza en la vida kibutziana, tan recalcitrante que se cambió de kibutz en protesta contra una resolución permitiendo a sobrevivientes del Holocausto tener cuentas bancarias propias con dinero obtenido de reparaciones.
En “Dos mujeres” un hombre casado abandona a su mujer por su amante. Pero la amante no solo está abrumada por un sentimiento de culpa sino que está fascinada por su rival y le dirige cartas de simpatía.


 

En “Entre amigos” la hija de 17 años de un viudo cincuentón pasa a vivir en casa de un amigo y compañero de generación de su padre. Ambos se han enfrentado a menudo por discrepancias en asambleas generales del kibutz pese a lo cual siempre han mantenido una buena amistad. ¿Cómo debe reaccionar el padre de la adolescente ante esta insólita situación? Por lo demás, el seductor de la niña no es un compañero cualquiera. Es uno de los ideólogos del kibutz y profesor del colegio secundario. Además parece tener un magnetismo muy particular con el sexo femenino, ya que tiene seis hijos de cuatro mujeres diferentes, algunos de los cuales son mayores que su nueva compañera. Oz no nos cuenta cómo termina la relación, pero lo menciona muy de pasada en otro cuento.
En “El Padre” el escritor nos presenta la historia de un huérfano criado en el kibutz que se obstina en visitar a su padre, que sufre de un Alzheimer avanzado y está internado en un hospital. El padre apenas lo reconoce, pero el patético viaje es una forma de afirmar su identidad. Delicado e inseguro, se empeña en demostrar que es igual a sus compañeros, pero en su fuero interno sabe que siempre será diferente.
“El niño pequeño” plantea el tema de la crueldad de los niños pequeños en el contexto de la educación colectiva y describe como un pequeño descuido de los responsables puede generar una gran crisis. De paso, nos describe a un matrimonio en el kibutz en el cual la rutina es mucho más fuerte que las afinidades mutuas.

 

En “Durante la noche” al secretario del kibutz le llega el turno de desempeñarse como guardia nocturno. En mitad de la noche, tropieza con una mujer más joven con la que a menudo tuvo fantasías sexuales. Ella no aguanta más a su marido, con quien tiene dos hijos y reclama al secretario del kibutz que le proporcione un cuarto para pasar la noche. Por una parte trata de disuadirla que vuelva al “hogar” abandonado, por otra se siente muy tentado de aprovechar esta inesperada oportunidad para una aventura secretamente deseada durante tanto tiempo. La tentación se ve reforzada por algunas señales que aparentemente indicarían que la joven estaría muy bien dispuesta para vengar de esta manera su infelicidad conyugal. 

 

Sin embargo, el secretario logra controlarse. Encuentra un lugar precario para que la joven pase la noche en la oficina del Secretariado y la situación parece arreglarse de la manera más sensata y decente. Pero la encargada de la guardia nocturna de las casas de los niños sorprende a la inesperada pareja y su interpretación es la más lógica dadas las circunstancias. No habrá argumentos suficientemente convincentes para que entienda que no se trata de lo que ella cree. Todo indica que el escándalo será inevitable.

Por último “Dir Aguilón” trata un tema clásico del kibutz: ¿Qué debe hacer una sociedad igualitaria con importantes regalos de parientes ricos del exterior? Aquí, un tío enriquecido en Italia, ofrece a su sobrino, un joven que recientemente terminó su servicio militar, que haga la carrera de ingeniero mecánico en Italia con todos los gastos a su cargo. La madre del joven, que es viuda, está dispuesta a dar una gran batalla para que el kibutz, generalmente opuesto a esta clase de donativos, acepte la propuesta. Pero sabe que no tiene demasiadas chances porque entre otros motivos los compañeros del kibutz recuerdan con disgusto que el generoso tío de Italia fue miembro del kibutz, lo abandonó y se fue del país para hacer una fortuna en el extranjero. En el kibutz se manejan toda clase de fórmulas para encarar el tema del futuro del joven, pero él mismo no lo tiene claro… y el autor respeta la incertidumbre de su personaje.

 

En muchos de los cuentos aparece un personaje que a su modo es el representante de la opinión pública del kibutz. Es el rey de los chismosos y de los chistosos y tiene un grupo de seguidores que siempre se sientan en su mesa. Sigue con atención y sentido crítico la vida de todos y cada uno de los miembros del colectivo y sus juicios por lo general no suelen ser nada benignos. 

 

Pero en su vida privada ¡ay! no es él quien tiene la voz cantante sino su mujer. Por otra parte, puede tener reacciones sorpresivamente violentas, algo bastante inconveniente para alguien que de alguna manera pretende desempeñar un rol moralizante.

En suma, un fino hilo argumental une a los ocho cuentos y hace sentir al lector cierta vaga complicidad con ese pequeño-gran mundo que Amos Oz nos presenta con una ternura, una ironía y una compasión muy similar a la de Chejov hacia sus personajes.

 

Como Chejov, Oz no juzga y prefiere la sugerencia a las afirmaciones contundentes. Como Chejov, su simpatía por sus personajes no le impide revelar todas sus cualidades, incluyendo las claramente negativas. Como Chejov, sabe plantear con admirable claridad la situación de cada uno de sus seres de ficción en su contexto familiar y social.

Así como Chejov nos familiariza con la Rusia del siglo XIX, Amos Oz nos familiariza con la Israel pionera de las primeras décadas de existencia del Estado de Israel. En un mundo cambiante, el libro tiene un indudable toque de nostalgia. Pero más allá de lo que pueda evocar en quienes conocieron la época, el lugar y los personajes, “Entre amigos” es una joya literaria que por su verdad sicológica y artística tocará a lectores sensibles de los más diversos países y las más variadas culturas.

 

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