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¿Judío o democrático?


Publicado por: David Salischiker el 25 Noviembre 2010

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Autor: 
Alberto Mazor
Fuente: 
semana.co.il - 25/11/2010

 

Al parecer, el discurso político israelí se rige por la presunción de que es necesario decidir si somos un Estado occidental o un Estado judío. Aparentemente, el interrogante es: ¿Israel debe ser más judío o más democrático? Pero el sentido implícito señala una elección entre un Estado que decide adoptar la aplicación de los derechos humanos individuales u otro que impone un lenguaje específicamente judío.

Se trata de una suposición falsa. Israel no se debate entre ser judío o democrático, sino en la elección entre dos viejas tradiciones: la de la ilustración, con su énfasis en el favorecimiento de los derechos individuales y la división de poderes, o la del romanticismo político, donde impera el vínculo entre una entidad llamada “nación” y otra llamada "tierra".

Gran parte de la derecha israelí, en una medida cada vez mayor, sostiene una posición según la cual Israel no debería primordialmente aprobar el lenguaje de los derechos humanos individuales aceptado en la política internacional, sino insistir en su derecho a ser un estado puramente étnico. Debido a ello, sigue defendiendo el argumento de que los judíos tienen el inalienable derecho sobre ciertas parcelas de territorios, en particular todos aquellos que se mencionan en la Biblia, y de que una patria judía no puede ser, al mismo tiempo, una patria para individuos de una etnia diferente.

La derecha israelí asegura que el derecho de los judíos a toda su patria ancestral constituye el fundamento del sionismo y la única justificación que los judíos tienen para su propio Estado. Su principal argumento es que existe una relación total entre tierra, pueblo y soberanía. De lo contrario, no tendríamos derecho a estar aquí.

Esa es otra suposición errónea. Uno de los mayores logros de la diplomacia sionista fue obtener el reconocimiento otorgado por la ONU en 1947 para la creación en Palestina de un Estado judío y otro árabe. Las Naciones Unidas, y de hecho casi toda la comunidad internacional, entendieron que el pueblo judío tiene la necesidad y el derecho de un Estado al cual llame su patria y en el que pueda cumplir con su necesidad de autodeterminación nacional. Eso no se decidió considerando que los judíos habían vivido en la Palestina histórica dos mil años antes; lo que se tuvo en cuenta fueron las necesidades y los derechos del pueblo judío en esa precisa situación. Hoy en día, Israel es un Estado reconocido internacionalmente, no sobre la base de la historia antigua, sino en razón del reconocimiento que goza como parte del orden político y jurídico internacional.

La razón por la cual Israel se encuentra actualmente tan aislada - no siempre fue así - no se debe a que la gran mayoría de las naciones no reconozca su legitimidad, sino a que no acepta su ocupación militar de los territorios en Cisjordania sin otorgar a los palestinos los derechos que la mayor parte de la comunidad internacional, y lógicamente la occidental, dan por sentado para cada individuo.

La elección, por lo tanto, no es entre un Estado que sea totalmente judío y otro que sea verdaderamente democrático. La alternativa es entre un romanticismo político, con sus desastrosas consecuencias, o admitir el mismo orden jurídico que nos permitió a los judíos regresar como ciudadanos libres y soberanos a formar parte de la sociedad de las naciones.
 

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