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Luna de Villa Crespo: Entrevista a Raanan Rein, el académico israelí que investiga la historia del club Atlanta


Publicado por: Javifenix el 17 Octubre 2012

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Autor: 
Julian Blejmar
Fuente: 
Pagina 12

 

Vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv e historiador, Raanan Rein ha estudiado en profundidad a los argentinos judíos y en particular su relación con el peronismo, en libros como ¿Judíos-argentinos o argentinos-judíos? Pero en su último trabajo se decidió a investigar una de sus grandes pasiones: el club Atlanta y el barrio que lo alberga. Los Bohemios de Villa Crespo. Judíos y fútbol en la Argentina (Ed. Sudamericana) es un libro que derrumba prejuicios, revela los detalles de la inquebrantable relación entre el barrio, el club y la comunidad y también introduce el factor etnicidad para poder pensar la integración en el terreno –tan poco visitado por la academia– del fútbol.

A más de 12.000 kilómetros de distancia, el historiador israelí Raanan Rein se empeña en derribar mitos. Allí, en el despacho que ocupa como vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, termina de dar formas a las investigaciones que realiza durante sus frecuentes estadías en la Argentina, en las cuales echa por tierra una gran cantidad de prejuicios en relación con la comunidad judeoargentina. Si en pasajes de su anterior obra ¿Judíos-argentinos o argentinos-judíos? (Ed. Lumière) exhibía el importante apoyo que gran parte de la comunidad judía argentina, fundamentalmente de clase obrera, le otorgó al justicialismo, o la buena imagen que existía en la naciente prensa israelí en relación con la primera presidencia de Perón, en su último trabajo, Los Bohemios de Villa Crespo. Judíos y fútbol en la Argentina (Ed. Sudamericana), ilumina la importancia que tuvo el fútbol en la vida de miles de judíos argentinos. “Antes de empezar la investigación, yo también era preso de este mito de los judíos como el ‘pueblo del libro’, con poco interés en las actividades físicas y el deporte. Pero luego de mi último trabajo, me quedó muy clara la importancia del fútbol en la vida cotidiana de los argentinos judíos, sobre todo de clases bajas y medias. Durante las entrevistas que realicé, me encontré con ancianas que memorizaban las formaciones de antiguos equipos de Atlanta, con los recuerdos de discusiones y debates en relación con el dilema de ir al templo o a la cancha, o con historias como las de la familia Lichterman, cuyos tres hijos eran futbolistas profesionales. Todo esto deja sin sentido la broma de que el único deporte en que tienen éxito los judíos es el ajedrez”, dice Rein, de visita en Argentina por la presentación de su libro.

En rigor, Rein ya era conocido dentro de los ámbitos académicos por su fecunda obra sobre el peronismo, la cual le valió ser miembro de la Academia Nacional de Historia Argentina en Israel y la condecoración de la Orden del Libertador San Martín por su aporte a la cultura argentina; pero en este último trabajo, escrito en clave periodística y de amena lectura, se sumergió de lleno en el micromundo de la cultura popular de Villa Crespo, haciendo foco en el club Atlanta, cuadro del que confiesa ser hincha. “El fútbol me apasiona –señala Rein– y dentro del fútbol argentino el equipo que más me apasiona es Atlanta, no sólo por el fútbol que supo o sabe jugar, sino por el lazo afectivo que despierta y lo que simboliza en el plano deportivo, social, y cultural, dentro del barrio de Villa Crespo.” En el largo camino que este israelí recorrió para llegar a interesarse por la historia de Atlanta, se cuentan, según sus propias palabras, su matrimonio con Mónica, una argentina nacida en Villa Crespo, sus trabajos sobre el peronismo, lo que define como una curiosidad intelectual sobre la sociedad argentina –a la cual señala encontrar desde siempre fascinante y en la que observa similitudes con la israelí, por ser, entre otras cuestiones, una sociedad nacida al calor de la inmigración–, y a su especial interés por Villa Crespo, al que define como uno de los barrios más típicos de la sociedad porteña por su aporte a la cultura popular y a la identidad porteña. “Allí el tango y el fútbol están muy presentes, y en ese contexto el club Atlanta jugó un papel central en la vida social y cultural del barrio. No se trató solo de club de fútbol, ya que entre los treinta y los ochenta las actividades socioculturales no eran menos importantes que el fútbol, porque uno podía integrar la cooperadora, dejar a sus hijos en el jardín de infantes, asistir a los bailes, almuerzos, colonias de vacaciones, o algunas de las muchas actividades para toda la familia”, afirma, dando cuenta de la razón por la que este club tuvo tanta significación en el barrio. La pregunta es entonces si esto no sucedía con otros clubes de barrio, a lo que Rein responde que, tal como lo demuestra la película de Juan José Campanella Luna de Avellaneda, muchos de estos elementos son característicos de gran parte de los clubes de Buenos Aires, pero que en el caso de Atlanta se sumó la particularidad de incorporarse también una identidad étnica, incluso frente al hecho de no ser una institución judía, tal como sucedió con todo Villa Crespo, barrio al que la presencia judía le dio una caracterización que no tuvo en sus comienzos.

OSCILACIONES DE UN CLUB CONVERSO

El club Atlanta fue fundado en 1904, pero Rein ubica en los años cuarenta el momento en el que el club asumió “por fuerza o voluntad” esta identificación con la comunidad judía. Para esos tiempos, señala, la presencia de esta comunidad en el barrio llegaba a sus más altos niveles y comenzaba a crecer el número de judíos que pasan a ser miembros de la junta directiva del club. Este proceso, señala, llega a su punto culminante en el año 1959 cuando León Kolbovsky asumió como presidente y desplegó una intensa labor que le permitió tener una amplia receptividad en el mundo del fútbol argentino, el cual empezó también a identificar su castellano con acento idish con la imagen judía de Atlanta. Rein comenta que a partir de esa fecha, y hasta la actualidad, la mayor parte de los presidentes y miembros de la comisión directiva fueron judíos. Pero además, enumeró ciertos hitos que irían reforzando esta asociación, como el hecho de que el primer país que el club visitó de gira, fuera de América, fue el Estado de Israel, en 1963, para enfrentar a la selección de ese país y al Maccabi Tel Aviv, o bien que el club solía ofrecer sus instalaciones para diversas actividades de escuelas judías, sobre todo físicas, así como para reuniones de la Embajada de Israel o para celebrar el día de la independencia israelí. Estos elementos, afirma, implicaron un ida y vuelta que también se vio reflejado en los cánticos de las demás hinchadas y en los medios de comunicación. Como ejemplo de esto último, Rein cita a la actual telenovela Graduados, señalando que “una de las familias protagonistas es identificada como una familia argentina judía, y eso lo sabemos a raíz del empleo de algunas palabras en idish, como tujes o shikse, cierto tipo de comida que sirve la madre, como knishes o gefilte fish, y por el hecho de que el padre es hincha de Atlanta”.

De igual manera, las recurrentes crisis que vivió el club están impregnadas por el derrotero de Villa Crespo y su comunidad judía. Si Atlanta nunca llegó a estabilizarse como un club altamente competitivo, mucho tuvieron que ver en esto las dificultades que se vivían alrededor de sus diferentes canchas. Según Rein, “las características socioeconómicas de Villa Crespo, poblado en su mayoría por clases bajas y medias, incidieron en que los asociados no pudiesen apoyar materialmente al club, y por otro lado, durante varias décadas Atlanta debió competir con su vecino Chacarita Juniors, que tenía más asociados, peso e importancia en el barrio. De hecho, fue recién a mediados de los años cuarenta cuando el club representaría a Villa Crespo, en el momento en que Chacarita se traslada a San Martín. Pero también, se experimentaron al interior del club fuertes luchas internas por temas políticos, económicos y sociales, a lo que sumó, a partir de los ochenta, la declinación de la mayoría de los clubes de barrio, que no pudieron competir con los nuevos gimnasios, las canchas de tenis, piletas o el fenómeno de los countries, a donde se mudaron muchos de los judíos de Villa Crespo”.

CARRERA DE VALLAS

Se podría afirmar que las distintas dificultades que signaron la vida de Atlanta impregnaron también la investigación realizada por Rein. De acuerdo con el autor, “cada investigación tiene que enfrentar distintos desafíos, como hallar los documentos y fuentes primarias que puedan sostener los argumentos vertidos. Pero en este caso me fue más difícil de lo común, ya que la falta de conciencia por parte de muchos clubes y dirigentes acerca de la importancia de guardar material historiográfico del club, como listas de asociados, publicaciones, actas, y demás, provocaron que estuviese a punto de dejar de lado el proyecto, ya que me parecía prácticamente imposible documentar la investigación, porque el club no había guardado nada, no sólo de sus comienzos y pasado, sino tampoco de las últimas décadas. Tuve entonces que revisar archivos privados, de la AFA, y de periódicos argentinos, entre otros, lo que significó un esfuerzo y una energía muy intensa, y seguramente debe haber mucho otro material al que no he podido llegar, sobre todo de archivos personales de hinchas y miembros de la Comisión Directiva, los cuales hubieran podido enriquecer el libro”.

Asimismo, Rein señala la escasa bibliografía académica referida al fútbol que pudo hallar en nuestro país. “Me llamó la atención los pocos estudios que se realizaron sobre fútbol en la Argentina, teniendo justamente una sociedad donde el peso de este deporte es tan importante. Recién en la década del ochenta empezaron a aparecer estudios sociológicos sobre fútbol, y aún hoy se considera un campo de estudios menor, mientras que en los Estados Unidos los estudios de la cultura popular en general y referida a ciertos deportes en particular, como el béisbol, el fútbol americano o el básquet se consideran muy legítimos e incluso relevantes, por permitir entender procesos sociales y culturales de una sociedad con una lente adicional.” Además, dentro de los estudios observados, advierte una ausencia de la dimensión étnica, remarcando que “la etnicidad está muy presente en muchos aspectos relacionados con fútbol. Podemos ver por ejemplo a un jugador muy importante del River de los años treinta, Aarón Wergifker, cuyo apellido era tan difícil de pronunciar para sus compañeros que decidieron llamarlo Pérez. Eso demuestra las tensiones que acompañaban los procesos de integración de diferentes grupos sociales y étnicos. Siempre me fascinó el estadio como espacio de interacción social, que en el caso de Atlanta se podía evidenciar en las conversaciones que se mantenían en sus canchas entre los años treinta y sesenta, cuando se podían escuchar palabras en idish que incluso usaban algunos hinchas no judíos, o situaciones en las que se compraban knishes y pletzalej para llevar al estadio. Sin embargo, noto una resistencia por parte de los historiadores y sociólogos a hacer referencia a esta dimensión étnica, ya que al hablar del fútbol lo referencian sobre todo al hecho de ser un canal de movilidad social, pero los estudios de etnicidad corren por carriles separados, por ejemplo cuando se habla de los pueblos originarios”.

También allí encuentra Rein similitudes entre nuestra sociedad y la de su país. “Israel está aún más lejos que la Argentina, ya que recién en los últimos diez años este campo empezó a desarrollarse, promovido sobre todo por las tensiones derivadas de la presencia de muchos jugadores árabes-israelíes en los clubes de fútbol.”

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