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Crónicas del Medio Oriente: Israel con ojos argentinos. El oasis druso, en proceso de sequía


Publicado por: David Salischiker el 24 Marzo 2012

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Autor: 
Julián Blejmar (Desde Tel Aviv)
Fuente: 
Para Plural JAI

 

TEL AVIV- Los fríos cuando no violentos vínculos que mantienen en Medio Oriente los pueblos árabes y judío, fueron desde siempre atravesados por un pequeño oasis al interior de este país. Se trata de la comunidad drusa israelí, una minoría étnica de origen árabe de aproximadamente 120.000 miembros, -que representa el 1,6% de la población israelí y el 8,5% del total de los árabes israelíes-, con la que existió desde siempre una estrecha y comprometida relación.

Fueron claves al pelear palmo a palmo con los judíos durante la guerra de la independencia de 1948, y posteriormente durante todos los combates de Israel, formalizando este vínculo a partir de 1956, cuando el gobierno israelí y las autoridades drusas convinieron que el servicio militar dejaría de ser voluntario para transformarse en obligatorio para todos los jóvenes drusos israelíes, lo que llevó a sus integrantes a crear años más tarde el “Batallón Herev” o "Batallón de los drusos", y a rubricar el Brit Damim o “Pacto de Sangre” con los demás soldados israelíes, el cual los une en las diversas luchas.

A lo largo del tiempo, escalaron posiciones no solo dentro del ejército israelí, sino también en la sociedad y vida política, logrando una muy alta representación en la Knesset, aunque manteniéndose como comunidad separada con su propio sistema religioso, educativo, y judicial, dentro del marco del sistema jurídico israelí.

Concentrados principalmente en la Galilea del norte israelí, la comunidad drusa habita los poblados de Daliat El Carmel, Isfiya, Yirka, Maghar, Beit Jann, Kisra-Sumei, Julis, Yanuh-Jat, Hurfeish, Shefa-'Amr, Peki'in, Sajur, Abu Sinan, o Rameh. Muchas de estas aldeas, son también el lugar elegido por cientos de miles de israelíes para realizar compras a muy buenos precios o bien degustar sus exquisitos platos y particulares tortas, en un ambiente de cálida camaradería en el que las marquesinas en idioma árabe, los hombres de frondosos bigotes de tipo imperial ataviados con un sombrero de copa que cubre sus rapadas cabezas, o las mujeres con sus cabezas envueltas en un pañuelo blanco, se entremezclan e interactúan con el hebreo y los visitantes, siempre rodeados tanto de banderas israelíes como de las multicolores drusas, que flamean en las oficinas públicas y cuelgan de los balcones de las casas.

Las buenas relaciones que tradicionalmente existieron entre esta comunidad y el Estado de Israel, pueden encontrarse en su trágica historia de persecuciones y martirios, que los hicieron ser firmes defensores de aquellas nacionalidades en las que pudieron desarrollar su culto con libertad, lo cual les hizo experimentar un fuerte sentido de unión a Israel, para los nacidos en este país, como así también a las otras naciones en los que son nativos y residen, como Siria, el Líbano, Palestina, Jordania, y países América y Europa, donde se encuentra repartido este pueblo de cerca de un millón y medio de integrantes. Pero además, su particular fe, les produjo en diferentes períodos de la historia una hostil relación tanto con los árabes cristianos como musulmanes, haciéndolos descreer de la unidad árabe y explicando en parte su apoyo al naciente Estado judío, que hizo además de miles de drusos fervorosos sionistas.

Sin embargo, un amplio estudio sobre la sociedad drusa israelí llevado adelante en 2010 por los profesores Majid Al-Haj, y Ali Nohad de la Universidad de Haifa, -el primero que se realiza desde hace 25 años-, demostró que si bien continúa existiendo un importante vínculo con el Estado de Israel, el mismo ha perdido la intensidad que lo caracterizaba. Según el relevamiento, los drusos se veían a sí mismos en primer lugar como drusos (81%), en segundo como árabes (64%), y recién en tercero como israelíes (aproximadamente el 59%). Pero además, para el 48% de los ciudadanos drusos israelíes sondeados, la relación con el Estado de Israel era mala o muy mala.

Entre las críticas que se formulan, se señalan menores recursos por alumno a las escuelas drusas y para infraestructura edilicia, así como discriminación en los empleos públicos. De hecho, según afirma la encuesta, solo el 36% apoya la continuación del servicio militar obligatorio para los hombres drusos, e incluso un 17% se mostró en contra de que el servicio sea tanto obligatorio como voluntario.

Estas respuestas, se encuentran en sintonía con lo expresado en un artículo aparecido el pasado 13 de Marzo en Los Ángeles Times, donde se hacía referencia a esta división en el seno de la comunidad drusa sobre la continuidad en la obligación de prestar el servicio militar. Según el artículo, un creciente número de líderes drusos están activando por el boicot a la obligatoriedad, afirmando que a sus comunidades no les va mejor que a otros pueblos árabes, y que incluso el servicio militar los ponía en desventaja con estos, ya que les restaba tiempo para integrarse a  la universidad y al mercado de trabajo. Con todo, también se mencionaba el desacuerdo de otros líderes drusos, quienes aseguraban que el servicio militar era una importante experiencia que además les permitía a sus jóvenes beneficiarse, al igual que todos los israelíes, de una matrícula universitaria subsidiada, la disminución de las tasas hipotecarias y preferencias en el empleo.

Lo cierto es que son pocos los que se animan a pronosticar cual será el resultado de este proceso, que dependerá tanto de nuevas políticas públicas israelíes como de la renovación de la confianza por parte de la sociedad drusa israelí. El presente exhibe sin embargo un oasis, que aún en proceso de disecación, continúa siéndolo dentro de las relaciones con los árabes.
 


De secretos, conocedores e ignorantes
Surgida como un desprendimiento del Islam durante el siglo X en el antiguo Egipto, los primeros seguidores consideraron al califa Al-Hakim como una manifestación de Dios, aunque la religión se formalizó mediante el discípulo y predicador persa Hamza ibn Ali ibn Ahmad, uno de los primeros profetas de la secta, Existen varias hipótesis sobre la génesis del nombre druso. La más difundida, es que deviene de uno de los discípulos de Ahmad, el turco ad-Darazi, a quien de todas formas hoy día los drusos consideran un hereje, pero también se menciona el derivado del árabe daresah, que significa "los que estudian", o darazo, que significa “felicidad".

Como sea, el culto incorporó a su doctrina elementos de las tres religiones monoteístas, la judía, cristiana, e islámica, junto a elementos de la filosofía griega e hindú. Sin embargo, la religión se mantiene en secreto, impedida de acceder mediante conversión, y no contempla ningún tipo de ritual, ceremonia o liturgia. De todas formas, cerca del 80 por ciento de los drusos son seculares o “ignorantes” (yuhhal), por lo que la prohibición del consumo de cerdo, tabaco y alcohol no es tenida en cuenta por la mayoría de su población, aunque sí la restricción a los casamientos mixtos, mientras que al restante grupo, los “conocedores” (uqqal), -quienes portan el particular bigote y gorra, o pañuelo en el caso de las mujeres-, deben seguir estas restricciones pero tienen también acceso a los libros sagrados
 

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