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Crónicas del Medio Oriente: Israel con ojos argentinos. En los márgenes del mundo


Publicado por: David Salischiker el 30 Octubre 2011

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Autor: 
Julián Blejmar (Desde Tel Aviv)
Fuente: 
Plural JAI

 

EL NEGEV – Lejos, profundamente lejos, del ruido y del smog, de la sospecha y la competencia, del verde y del agua, de todo, se llega a Lotan, un kibutz que se recorta en medio de la arena y las inmensas montañas del desierto del Negev, justo en el cruce de las carreteras 90 y 60, y a unas pocas  decena de kilómetros de la turística ciudad de Eilat.

Fotos de Kibbutz Lotan, Eilat
Esta foto de Kibbutz Lotan es cortesía de TripAdvisor

Por su rusticidad, su vida comunal, o su reducido número de miembros, Lotan refleja la esencia del kibutz original, aun cuando, paradójicamente, fue uno de los últimos en fundarse, precisamente en el año 1983, cuando cuarenta idealistas, veinte de Estados Unidos y veinte de Israel, se radicaron en un árido terreno del sur guiados por un deseo de volver a las raíces. Casi tres décadas más tarde, el kibutz ha cambiado, pero no en la dirección que hubiera querido imprimirle el mundo occidental y capitalista. Es, por ejemplo, el caso de sus hogares y salones, devenidos en gaudianas construcciones ecológicas, cuyas formas e iluminación retrotraen al visitante a una atmósfera de sueño, sobre todo durante las mudas noches, iluminadas tan sólo por la luna y tibios faroles desperdigados. Su número de integrantes también aumentó, pero sigue siendo una comunidad en donde los ingresos se socializan según la necesidad de cada kibutznik, e independientemente de su trabajo. Por eso, sus no más de 160 habitantes, entre los que se cuentan 60 niños, y un promedio de 45 residentes temporales, entre estudiantes, trabajadores voluntarios, e israelíes que realizan un año de servicio social antes de incorporarse al ejército, conforman una comunidad que poco se asemeja a las de la mayor parte de Israel, incluyendo muchos de sus privatizados kibutzim. También, se han sumado, a lo largo de muchas de sus sendas, bellas esculturas de animales, íntegramente realzadas a base de chatarra metálica, y ha incorporado nuevos servicios, pero alineados a la filosofía del Kibutz. En Lotan no existen las fábricas ni las industrias, sino una reserva de pájaros para su visita o estudio, o la ecoaldea de educación ambiental, a la que jóvenes de todos el mundo se dirigen para participar en cursos de entre dos y cinco meses, y en la que además de estudiar ecología y vida ecosustentable, reciben educación sobre aspectos sociales, comunitarios, espirituales, y de judaísmo reformista, en un todo cuyas partes, afirman desde el kibutz, no pueden separarse. De hecho, según cuenta a Plural Jai su secretario general Mark Naveh, un australiano que hizo alía, inmigró, a Israel 20 años atrás, “Todo Lotan está basado en las enseñanzas del judaísmo”. Para fundamentarlo, Naveh explica que tanto la cultura como la religión guían a sus miembros, quienes por ejemplo firman una Ketuva –el documento judío de casamiento, una vez que se incorporan a la gran familia del kibutz, o bien tienen con su arenosa tierra y su comunidad un vínculo que excede lo meramente instrumental. En este sentido, da cuenta del papel central que se le da a la vida comunitaria, al señalar que “la comunidad es una necesidad humana, pero por desgracia, con el advenimiento de la era moderna, se produjo la destrucción de las comunidades tradicionales, lo que se ha traducido en una amplia variedad de problemas sociales y ambientales. Por el contrario, la comunidad tradicional ayuda a crear confianza y da un sentido de pertenencia, fomenta el respeto y la responsabilidad entre las personas y hacia el medio ambiente. Cuando los seres humanos son arrancados de una comunidad, el resultado puede ser la alienación, e incluso la violencia, hacia otros seres humanos y hacia la tierra”. Las ecoaldeas, agrega, pueden lograr rectificar esta situación.

Tal como Naveh lo señala, es posible observar que en Lotan, todo está inspirado en enseñanzas judías. En el kibutz se pueden encontrar citas o reflexiones bíblicas, como que de acuerdo a las sagradas escrituras, el primer trabajo de los judíos fu el de agricultores, que el hombre tiene la sagrada misión de cultivar la tierra y preservarla, o bien la mención del Tikun 'Olam, esto es, la Reparación del Mundo por medio de las mitzvot, las buenas acciones. Por eso, en el Moadon, el salón de reuniones, se encuentra la Tora bajo la cual se realizan las ceremonias y festividades judías, que son una parte central de la vida en el kibutz. Naveh afirma que es la espiritualidad el ingrediente esencial que da sentido a una comunidad, y que la sinagoga, como centro de comunidad espiritual, tiene un papel vital en este proceso.

Este vínculo con la tierra según las enseñanzas bíblicas, también explica que, además del desarrollo del turismo y educación ambiental, Lotán subsista mediante su agricultura, Su tambo, de alrededor de 300 vacas, la cosecha de dátiles en las 100 hectáreas que tiene sembradas, así como también la producción de cebolla y sandía, representan los restantes ingresos del kibutz. Para llevar adelante estas tareas, utilizan sistemas de manejo sostenible del agua, abono en base a compost de basura orgánica y de sus propios residuos cloacales, pero incluso sus construcciones se basan en lo que, en casi cualquier otro lugar del planeta, terminaría en un basurero.  Muchas de sus casas, que por fuera son de adobe, tiene dentro de sus paredes neumáticos o botellas de plástico, y otras, un tipo de paja que actúa como un gran aislante del calor que Lotán recibe durante todo el año, a veces en temperaturas que orillan los 45 grados.

Lindante con la frontera Jordana y a pocos kilómetros de Egipto y la Franja de Gaza, el kibutz tampoco deja de involucrarse en la política, y es por eso que ha creado un “Campo de Paz”, en el que israelíes y palestinos estudian juntos aspectos relacionados a la convivencia y la preservación del medio ambiente. Sucede que la igualdad es otro de los conceptos que revindica y promueve la comunidad de Lotan. No sólo en términos económicos o étnicos, sino también de género, por lo que tanto hombres como mujeres realizan indistintamente todas las tareas, y cuidan especialmente que los cargos directivos tengan un buen balance entre ambos.

Así es la vida en este único y original Kibutz. Por eso, lejos de todo y de todos, en los márgenes de Israel y del mundo, detrás de la desértica y arenosa rutina y simplicidad, en Lotan se esconde una ancestral filosofía judía, que sus idealistas miembros preservan artesalmente, como gendarmes de un pasado que se resiste a morir.
 

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