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Crónicas del Medio Oriente: Israel con ojos argentinos. Is Rusia


Publicado por: David Salischiker el 26 Enero 2012

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Autor: 
Julián Blejmar (Desde Tel Aviv)
Fuente: 
Para Plural JAI

 

TEL AVIV - Un aire soviético recorre barrios enteros de Haifa, Tel Aviv, o Petaj Tikva, donde voces, marquesinas, carteles, diarios, y revistas, solo pueden ser entendidos por inmigrantes rusos. Por eso, en muchas de sus ciudades, Israel es Rusia. No podría haber sido de otra forma, teniendo en cuenta el millón de rusos, un 14 % de la población israelí, que llegó en los últimos 25 años a  este país. Y es que una inmigración tan masiva, en un lapso tan reducido de tiempo, difícilmente hubiera dejado de crear su propio gueto, con el que millones de israelíes conviven, aunque no todos aceptan, en un difícil cuadro en el que las mutuas sospechas están a la orden del día, dificultando una asimilación que solo se empieza a ver, aún muy tímidamente, en las nuevas generaciones.

Sucede que para muchos inmigrantes rusos, el desafío de la integración pasa únicamente por generar lazos sociales y laborales en algunas de las ciudades mayoritariamente pobladas por sus compatriotas, en las que no solo en las calles y las casas, sino también en los medios de comunicación electrónicos e impresos, se habla su propio idioma. De hecho, de acuerdo a fuentes de la investigadora Ann de Tinguy, el 91% de los inmigrantes en Israel enseñan el idioma ruso a sus hijos, mientras que el 57% de este alumnado estudia en escuelas donde parte de las asignaturas se desarrollan en ese idioma.

La inmigración rusa comenzó a fines de la década del sesenta, cuando gracias a las protestas públicas de los Refusenik, -ciudadanos soviéticos a quienes se les negaba la posibilidad de emigrar, generalmente judíos que buscaban establecerse en Israel-, unos pocos miles de rusos llegaron a este país. Con todo, en los últimos años de la década del ochenta, junto con el derrumbe de la Unión Soviética, llegaron a Israel alrededor de 250.000 judíos rusos, proceso que se consolidó a partir de la década del noventa, pues de acuerdo a Ann de Tinguy, entre 1989 y 2005 se establecieron en Israel alrededor de un millón de ciudadanos rusos. Y como en cualquier corriente étnica con fuerte presencia en un país,esta inmigración ha dado paso a las mas variadas historias, que van desde eximios profesionales y académicos, hasta proxenetas y neonazis.

Por caso, el ministro de Ciencia Daniel Hershkowitz afirmó en 2009 que uno de cada cuatro académicos de las universidades israelíes era ruso parlante, concluyendo que esta inmigración había sido de gran ayuda para las universidades israelíes. Por su parte, el primer ministro Benjamín  Netanyahu afirmó que los judíos de origen ruso se habían "integrado a la vida del país, y convertido en un importante elemento en todos los aspectos de la vida".

En rigor, los inmigrantes rusos fueron en un principio muy bien acogidos por los ciudadanos israelíes, que vieron en esta aliá una inmigración muy culta y preparada. Sien embargo, con el correr del tiempo se empezó a ver que muchos de sus títulos profesionales tenían una dudosa base, ya que de acuerdo a la Oficina Central de Estadísticas de Israel solo una tercera parte de los inmigrantes de la década del 90 pudieron revalidar su educación formal como educación superior, e incluso, de acuerdo a esta agencia, menos de la mitad de esta población profesional pudo conseguir trabajo en su rubro, ya que si bien sus diplomas eran reconocidos por el Estado, no eran tenidos mayormente en cuenta por las instituciones y empleadores israelíes.

En muchos caso, tampoco el judaísmo fue un punto de unión. De acuerdo a las diversas fuentes consultadas, entre el 30 y el 50% de los inmigrantes soviéticos, poseen una débil relación con el judaísmo, pues tienen un solo ascendente judío -en muchos casos una sola abuela o un solo abuelo -, lo que igualmente les permite, de acuerdo a la “Ley del Retorno” israelí, obtener la ciudadanía de este país y la asistencia para su absorción en Israel.

Otro factor que dificultó integración, fueron los actos delictivos por parte de muchos inmigrantes de la extinta Unión Soviética. El caso más resonante, sucedió sin dudas en 2007, luego del arresto, en la ciudad de en Petaj Tikva, de una banda de neonazis, -liderada por Eli Boanitov, de 19 años, a quien la prensa apodó como “Eli el Nazi”-, la cual fue acusada de atacar a judíos ultraortodoxos, trabajadores extranjeros, mendigos, y de profanar sinagogas.

Este cuadro, puede haber sido un fuerte factor en las cifras brindadas por el presidente del Congreso Ruso-Judío, Yevgeny Satanovsky, quien señaló que más de 100.000 ciudadanos rusos que habían emigrado Israel retornaron a sus países, otros 50.000 a Ucrania, y otros miles a las demás repúblicas que eran parte de la Unión Soviética. La cifra total de emigrantes, que es de 200.000 casos, representan un 22% del total de la inmigración soviética a Israel desde inicios de la década del noventa hasta la fecha. De acuerdo al ex secretario general de la ONU, Butros Butros-Ghali, la emigración de Israel a Rusia está en aumento, ya que “cada vez más padres pierden la fe en el futuro y quieren ahorrarles a sus hijos una vida marcada por el miedo permanente”.

Pero sin embargo, estos casos no le han restado fuerzas a la inmigración soviética dentro del porcentual de la inmigración mundial a Israel. Según cifras del portal Israelí Infolive, de los 19.000 judíos de la diáspora hicieron aliá a Israel en 2010, 7.700 fueron rusos.

Los números citados, reflejan que aun cuando para muchos soviéticos el comunismos es solo una asignatura que se estudia en la escuela, la inmigración a Israel desde estos países continúa viva, en su mayor parte integrada por jóvenes atraídos por la posibilidad de vivir en un país occidental considerado del Primer Mundo, que les brinda además una importante ayuda para su absorción.  Por eso, defensores y detractores de esta particular inmigración, coinciden en que a partir de la misma un nuevo Israel surgió, el cual nunca volverá a parecerse a aquel que le precedió. Para algunos, significó un positivo aumento de la población, tal como lo soñaron los fundadores del sionismo, que además incluyó una alta proporción de ciudadanos fuertemente identificados con el Estado y de profesionales altamente calificados, que aportaron y aportan en gran medida al progreso de Israel. Para otros, se trató de una aliá responsable del ingresado de las mafias, del aumento de la prostitución, y de las malas praxis realizadas por supuestos profesionales con títulos falsificados. Probablemente, ambos tengan parte de la razón, al describir la misma situación que ocurriría cuando más de un millón de personas se traslada de un país a otro. Pero es así como, estigmatizados aunque también autoaislados, muchos rusos eligieron hacer Isrusia, su propio país, dentro del país.
 
 


Del comunismo a la extrema derecha
Durante la Conferencia Anual de la Iniciativa Global, el ex presidente estadounidense Bill Clinton señaló  que los inmigrantes rusos a Israel constituían un obstáculo central al acuerdo de paz con los palestinos, señalando que eran los “enemigos más furiosos” de la retirada de los asentamientos en Cisjordania. Asimismo, en conversación con los periodistas, afirmó que “Ellos no pueden imaginar ninguna consideración histórica o de otro tipo que justifique la partición”.

De hecho, si es difícil trazar un cuadro que los una en términos sociológicos sin caer en reduccionismos y generalizaciones, no parecería suceder esto cuando se analiza a este grupo desde su inserción política. De hecho, todas las representaciones políticas rusas estuvieron identificadas con la derecha nacionalista, desde el surgimiento en 1996 del Partido Israel Ba Aliya, hasta el más reciente Israel Beiteinu del inmigrante ruso y actual canciller Avigdor Lieberman, un desprendimiento del anterior partido, que en 2009 obtuvo 15 de los 120 escaños de la Knesset, el parlamento israelí, logrando formar parte sustancial de la actual coalición de gobierno con el partido de derecha Likud de Benjamín Netanyahu.

Tal como señaló a la Agencia AP Yair Sheleg, un académico del Instituto de Democracia Israelí, Israel Beiteinu se apoya principalmente en los inmigrantes de la ex Unión Soviética, quienes "traen una visión del mundo en la que el régimen tiene el derecho de usar la fuerza para influenciar o combatir a los opositores".


 

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