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Crónicas del Medio Oriente: Israel con ojos argentinos. El inmanejable transporte


Publicado por: David Salischiker el 11 Febrero 2012

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Autor: 
Julián Blejmar (Desde Tel Aviv)
Fuente: 
Para Plural JAI

 

TEL AVIV - Pocos trastornos al interior de este país unen tanto a la modernidad con el pasado. 

Sucede que tanto los millones automóviles, como las leyes de Shabat, -que impiden la circulación de cualquier transporte entre el viernes y el sábado-, resultan ser una de las principales dificultades cotidianas para el ciudadano promedio israelí, que en muchas oportunidades debe viajar en sus autos último modelos por carreteras del primer mundo a velocidades de carroza, cuando no sortear calles prohibidas en aquellos fines de semana en que desea esparcirse o visitar a sus familiares.

En 2007, las Naciones Unidas realizaron un estudio que arrojó como resultado que los dos millones y medios de vehículos que recorrían diariamente las rutas israelíes, transformaban a estas en las más transitadas de todos los países occidentales, incluso cuando solo un dos por ciento de los mismos estaba destinado al transporte público. E incluso, otro estudio realizado por el Ministerio de Economía israelí, arrojó que los embotellamientos le costaban a este país casi 5.000 millones de dólares al año.

Como no podía ser de otra forma, el informe señalaba que los mayores costos se generaban en Tel Aviv, ciudad que tiene una media de 326 autos por cada 1.000 habitantes, un índice menor al de Europa y los Estados Unidos, pero que representa un número mucho mayor al que pueden dar respuesta efectiva las calles de esta ciudad, diseñadas 100 años atrás para otro tipo de vida.

Sucede que además, a Tel Aviv entran nada meno que 750.000 personas por día, lo que convierte a la ciudad en un verdadero caos durante las horas picos, y la torna “responsable” del 68 por ciento del total de las pérdidas económicas citadas anteriormente. Incluso, expertos en urbanismo señalaron que de no hallarse una solución para este trastorno, en cuatro años no se podrá avanzar en Tel Aviv a menos de la velocidad de una carreta, es decir no más de … ¡siete kilómetros por hora!

El transporte público tampoco parece ser la excepción a la regla, pues allí también se vislumbra el contraste entre la modernidad de sus unidades y la dificultad de su tránsito por calles y carreteras.   Y es que si bien tanto los taxis, -habitualmente lujosos y flamantes Mercedes Benz, Skoda o Volkswagen Bora-, como los autobuses de larga distancia Egged o de corta distancia Dan, Kavim, Afikim, o Metropoline, entre otros, constan de modernas unidades equipadas con aire acondicionado, existen pocos carriles exclusivos para los mismos, por lo que no escapan a la regla general del embotellamiento en las horas pico.

Asimismo, un solo subte recorre las profundidades del país, el Carmelit, en la ciudad de Haifa, de sólo seis estaciones y menos de dos kilómetros de largo, por lo que el transporte subterráneo no constituye una alternativa válida, aunque sí lo son las seis línea de trenes, equipadas con formaciones de ultima generación que recorren gran parte del país, transformándose en una muy buena alternativa, aunque solo para quienes viven cerca de las estaciones o están dispuestos a viajar hacia ellas.

Daniel Judah Elazar, quien fuera presidente del Jerusalem Center for Public Affaire (JCPA) esgrimió años atrás tres razones que explicaban las dificultades del tránsito en Israel. 

En primer lugar, hacía referencia al sistema de carreteras, a las que calificó como “una de las fallas de desarrollo más impresionante de la historia contemporánea”, señalando que su trazado era en base a las legadas por los primeros pioneros sionistas, que habían construido las ciudades como si fueran shtetls (pequeñas aldeas de la Europa Oriental).

Luego, citaba el hecho de que hasta la década del setenta el aumento en el número de automóviles era moderado, pero a partir de que los israelíes aumentaron sus ingresos, comenzaron a adquirir automóviles en cantidades similares a las de los países ricos de occidente.

Finalmente, apelaba a lógica para afirmar que un aumento drástico en el número de vehículos significaba un aumento drástico en el número de nuevos conductores, que eran responsables de muchos trastornos de tránsito y accidentes.

El problema, como tantos otros que sufre el país, sacó a relucir el ingenio de sus científicos. Innowattech, una compañía de Alta Tecnología de Raanana se asoció el con el Instituto de Tecnología Technion Israel para desarrollar un sistema que permite convertir el tráfico de horas pico en fuente de electricidad.

El sistema consta de generadores que se instalan a cinco centímetros por debajo de carreteras, vías y pistas de aterrizaje, y según sus responsables, en un solo kilómetro de ruta se pueden lograr hasta 100 kilovatios de electricidad, suficiente para dar luz a unos 40 hogares. En la actualidad, luego de una exitosa prueba en diez metros del cruce Jefer de la ciudad de Hedera, se comenzaron a a instalar generadores en distintos puntos del país.

Diferente es la situación con las restricciones ejercidas por los ortodoxos, a quienes pocos ciudadanos laicos u observantes les logran encontrar algún tipo de ventaja.  Y es que si las ciudades pueden llegar a convertirse en un caos durante la semana, desde la primera estrella del viernes hasta los sábados por la tarde, se produce un efecto contrario, cuando la prohibición de transporte público y las restricciones para circular en determinadas calles de Jerusalén y otras ciudades habitadas por ortodoxos, provoca más de un dolor de cabeza para quienes quieren esparcirse en sus únicos días de franco laboral.

Por esta razón, un reciente estudio del Instituto Smith para la organización "Libertad religiosa e igualdad" arrojó como resultado que un 63% de los israelíes deseaban que el transporte público circule durante el Shabat, aunque muchos de ellos posiblemente sepan que se trate de una ilusión casi utópica, teniendo en cuenta el poder que los ortodoxos logran en el Estado gracias al necesario sistema de alianzas parlamentarias para formar gobierno. Con todo, parecen no resignarse a otra dificultad que sufren en el transporte público, fundamentalmente el que circula por barrios ortodoxos: la discriminación a la mujer tanto por su vestimenta como por el espacio que ocupa dentro del ómnibus.

Fue así como en diciembre pasado fueron noticia la productora de televisión Tanya Rosenblit y la soldado Doron Matalon por negarse a sentarse en la parte trasera de los respectivos autobuses que habían tomado, incluso frente a los agravios de algunos de los ultrareligiosos que allí viajaban. Con todo, según el vocero de la empresa Egged, Ron Ratner, este tipo de altercados entre ultrareligiosos y mujeres en los ómnibus venían incluso incrementándose.

Así, el tránsito parece ser, paradójicamente, uno de los problemas más inmanejables de Israel, un país que avanza a pasos agigantados en muchos aspectos, pero a baja velocidad cuando lo hace sobre ruedas.
 


Los accidentes, la cara trágica del trastorno
Durante el año 2009, los 98 mil accidentes de tránsito que se produjeron en Israel dejaron como saldo 314 muertos y 1.741 heridos de gravedad.  Estas cifras, que se incrementaron en 2010, determinan según el porta Piedra Libre, en base a datos de la Organización Mundial de la Salud, un promedio de 4,2 muertos por cada 100 mil israelíes, un número mucho mayor que los perecidos en atentados o guerras. Por eso, no sorprende que un estudio realizado en 2007 a  1.074 personas mayores de 18 años, liderado por el profesor Orit Taubman Ben Ari de la Universidad de Bar Ilan y el Instituto “Teleseker” para la ONG “Luz Verde”, exhibiera que los israelíes temen más a los accidentes de tránsito que a los actos terroristas, la violencia o los problemas con la educación. Según el estudio, 95% de los israelíes temían cuando salían al tránsito, porcentaje que superaba a todos sus otros temores. Incluso, un 87% de la sociedad estaba de acuerdo con definir a las calles israelíes como “un verdadero campo de batalla”.


 

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