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Debate: Lo asfixiante judío y la afirmación posible


Publicado por: David Salischiker el 01 Febrero 2011

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Autor: 
Pablo Hupert
Fuente: 
Pensandonos.com.ar / www.pablohupert.com.ar

 

Aquí se presenta la asfixia del judaísmo contemporáneo: aceptar el Estado israelí como elemento ineludible de mi conexión con lo judío es aceptar una disyuntiva israelí como elemento ineludible, y pesado como una loza, de mi conexión judía: o me pliego a un Estado cruelmente criminal o soy cómplice de las amenazas antisemitas que acechan por doquier (la islámica, la europea, la nazi pasada y la nazi futura, incluidas también ¡la chavista y la peronista!).Zafar de esta heteronomía en la disposición de las opciones, zafar de esta disyuntiva asfixiante es imposible sin una mancomunión que posibilite otro mundo judío. A la vez, una judeidad afirmativa es imposible sin una reformulación del problema.

Primera tesis: En el judaísmo centroeuropeo clásico (el posterior a la Emancipación pero anterior al exterminio nazi), el del rural shtetl o el del barrio judío urbano, el judío nacía adentro de una judería y del judaísmo; en el judaísmo contemporáneo, en cambio, a menos que uno nazca en una comunidad ortodoxa, los judíos nacemos ‘afuera’ de una judería y del judaísmo (en gran parte, por el hecho material de que no existen más juderías, salvo que podamos llamar así al Estado de Israel, que para los judíos no tiene límite, pues ha declarado ciudadanos suyos a todos los judíos del mundo). Esto no significa que el judaísmo no nos marque de alguna manera, ni significa que tal o cual judío no vivan gran parte de sus vidas en escuelas e instituciones judías o hebreas, sino, simplemente, que la topología adentro-afuera, si es que sigue siendo válida, está muy desdibujada, y que por lo tanto no hay judío, sencillamente, que pueda nacer y formarse adentro.

No hay judío hoy que no tenga múltiples pertenencias –a tal punto, que eso de “doble pertenencia” se quedaría corto: “De hecho, los judíos de la modernidad son miembros de numerosas comunidades –residenciales, vocacionales, culturales, profesionales, políticas, recreativas…– que no son necesariamente colindantes”, dice P. Mendes-Flohr en “Identidades judías postradicionales”. En nuestros tiempos, no hay judío ni ser humano que no viva en múltiples mundos y que pase de uno a otro sin mayor coherencia pero también sin mayor dificultad. Queda así expandida la primera tesis.

De tal forma, el judío contemporáneo puede –o parece que puede– elegir cómo se conecta con lo judío, como atestiguan todas las conversaciones con judíos (“voy al templo, pero solo para tales ocasiones”, “como kasher pero solamente en casa”, “defiendo a Israel pero cuestiono su política”, y toda una profusa variedad de matices individuos que personalizan el judaísmo y lo hacen un, como reza el eslogan de Yok, judaísmo a tu manera). Esta singularización individual está también presente, según las investigaciones de D. Setton, en las comunidades ortodoxas contemporáneas. El hecho de que la relación con lo judío se presente, para cada judío, como una elección, más o menos instrumental, más o menos personalizable, demuestra que no nacemos adentro del judaísmo, que podemos estar más o menos marcados y sentirnos más o menos atraídos por él mas no imbuidos de él. La relación no es de liga (mucho menos, de encadenamiento) con el judaísmo. Diríamos que la relación por la marca es una relación de algo que ver. En ese algo que ver no está dicho cuánto qué ni cómo será lo que tiene que ver cada judío con el judaísmo, y cada una de esas cosas son parte de los ‘algos’ que ver en el decurso de su vida. Queda así expandida la segunda tesis, que brevemente es: dado que no nace adentro, cada judío debe ver su relación con lo judío (y “ver su relación” significa aquí si se relaciona y cómo se relaciona), y por lo general tiene que hacerlo individualmente[1].

Pasemos, pues, a la tercera tesis. El judío tradicional, como anoté hace un tiempo, luego de leer las novelas de Scholem Aleijem Tevie el lechero y Menájem-Mendl, vivía en un mundo asfixiante. Para Menájem-Mendl y las hijas de Tevie, arquetipos de jóvenes judíos centroeuropeos que hacían su inicio en la vida adulta a fines del siglo XIX y principios del XX, el afuera del judaísmo se presentaba como la libertad y el adentro del judaísmo y la judería se presentaba como aplastante. Esa salida podía hacerse individualmente (vía migración y/o conversión y/o empresa, como lo hicieron Bashevis Singer, el David Golder de I. Nemirovsky o el mismo Menájem-Mendl, entre tantos otros entre los que se cuentan casi todos nuestros abuelos) o colectivamente (vía migración y/o política y/o asimilación, como los sionistas, los bundistas o los colonos de la JCA, o como tantos otros entre los que se cuentan casi todos nuestros abuelos). En uno u otro caso se daba la mezcla con los no-judíos, pero también la asociación entre judíos salientes. Si el gesto del judaísmo moderno era la salida del gueto, esto se debía, por el lado negativo, a la necesidad de liberarse de una doble asfixia –tanto la que producía el exterior de la judería como la que producía el interior de la judería. Por el lado positivo, se debió a la voluntad judía de igualación con los humanos no judíos, y a la existencia de movimientos que suponían y enarbolaban el Progreso y la Humanidad, y por lo tanto una Igualdad trascendente de todas las diferencias y las asfixias.

Bien; pasemos al cuarto paso. ¿Cuál es hoy la dificultad si alguno quiere conectarse con lo judío? No se puede hoy establecer una conexión con lo judío que no incluya Israel. La conexión con lo judío es elegible, personalizable, pero da la sensación de que el elemento estatal es ineludible, y se ubica tanto en el centro como en la atmósfera del judaísmo contemporáneo, sea como sea que te lo configurés a tu manera (así como a la página de Yahoo le podés cambiar los colores, la contraseña, el remitente, el criterio de ordenamiento de los mails pero no su organización en columnas ni el protocolo tcp/ip), que no puede estar siquiera como elemento accesorio. Cuarta tesis: aquí se presenta la asfixia del judaísmo contemporáneo: aceptar el Estado israelí como elemento ineludible de mi conexión con lo judío es aceptar una disyuntiva israelí (léase una formulación israelí) como elemento ineludible, y pesado como una loza, de mi conexión judía: o me pliego a un Estado cruelmente criminal o soy cómplice de las amenazas antisemitas que acechan por doquier (la islámica, la europea, la nazi pasada y la nazi futura, incluidas también ¡la chavista, la zurda y, si te descuidas, la peronista y hasta la de los judíos que "se autoodian"!). De tal modo, en la práctica, un judío que se precie (uno que quiera ser reconocido como tal), debe oscilar a dos bandas: por un lado, el anti-antisemitismo; por otro, el nacionalismo panjudío más o menos chauvinista. O, lo que es lo mismo, entre, por un lado, la posición de víctima y, por otro, la de victimario; o entre, por un lado, el miedo primitivo y primigenio y la agresividad bravucona, también primitiva. Una banda conduce a la otra y esta de nuevo a la primera, tanto en las representaciones como en las prácticas, pasando por las voluntades y las intuiciones, como así también por las sensaciones más elementales y por las elucubraciones más sofisticadas.

Escribí la disyuntiva en negro sobre blanco.[2] Se puede (y, en el mainstream judío, también se debe) matizar y difuminar tanto como se quiera. Más aún: ni Facebook permite semejante personalización de sus páginas. Puede lavársela con eufemismos, relativizaciones, datos poco conocidos, propuestas transaccionales, complejizaciones eruditas, indiferencia, realismo, lirismo, crudezas, películas, humor, etc., etc.: ponerle grises hasta que parezca desaparecida (ni MySpace ni Motoblur ni FaceBook ni ningún otro se animan a que sus páginas no parezcan suyas). Pero, si uno se conecta con lo judío, no puede eludirla. No puede eludir su eficacia práctica: que bañe como un éter general todos los demás elementos judíos y les asigne su función y su rango. Así nomás, sin vueltas, no hay tu tía.

La salida de estas asfixias, si atendemos a cómo salieron los judíos a fines del siglo XIX y principios del XX, pasa por una afirmación que hace pie en el afuera. O, como decía Marechal, del laberinto se sale por arriba, o sea, con un cambio de posición subjetiva o con una invención. Hoy, sin embargo, no se ve claramente cuál pueda ser la afirmación de la asfixia que se nos plantea. Pero sí se puede decir que hay poco interés en hacerlo porque el ser humano contemporáneo ya vive dentro de muchos mundos a la vez y ninguno por sí solo, por asfixiante que sea, puede dejarlo sin aire por la sencilla razón de que evitarlo o entrar a otro es lo más natural y fácil de nuestros días. En otras palabras, hoy evitar una asfixia no requiere pensar, no requiere inventar ni afirmar. De tal modo, la forma de salida de la asfixia contemporánea más extendida no requiere afirmar: la constituyen la elusión y la elección, acompañadas de información y opinión.

Zafar de esta heteronomía en la disposición y configuración de las opciones, zafar de esta disyuntiva asfixiante es imposible sin una mancomunión que posibilite otro mundo judío. A la vez, una judeidad afirmativa es imposible sin una reformulación del problema (de la eficacia práctica del problema).

Una de las tareas afirmativas posibles es intentar reformular los términos del problema de modo tal que dejen de presentarse como una encerrona, como una disyuntiva sin salida. Esto es algo que se puede acometer bastante solo (aunque la soledad total es no existe), pero es algo que no incluye invención de otra judeidad posible, invención que sería una construcción de un universo de sentido que sí requiere de colectivos. Serían prácticas colectivas inventadas-inventoras las que pueden, con sus efectos retroactivos sobre los términos de la disyuntiva, las únicas que podrían reconfigurar el mundo judío como no asfixiante.

Quinta tesis, pues. El asunto es que no parece que sea tan ‘fácil’ una mancomunión inventiva de judíos en tiempos en que los judíos no vivimos segregados en juderías, y por esto es que me está pareciendo muchas veces que lo mejor es dejar el problema ahí y ocuparse de otras afirmaciones, de otros mundos posibilitados por humanos de todos los colores.
 

 


[1] Y esto significa, o bien, sueltamente, instrumentalmente, prosumidoramente, a la carte, prêt-a-porter, a piacere, antojadizamente, consumidoramente, etc., o bien, sujetada y obedientemente; en general, se da una mezcla de ambas: 'tomo lo que quiero/me gusta/me sirve/me cabe/me pinta de las cosas que se asume que son el judaísmo (Religión, Periódicos, Estado, Templo, Country, Rikudim, Chistes, páginas de FaceBook, etc.) y tomo cuanto quiero/me gusta/me sirve/me cabe/me pinta de cada una'.
[2] Esta formulación es una esquematización que derivo de un rico diálogo con Alejandro Kaufman; calificarla de asfixiante y apostar por una afirmación que la desborde también salen de mi pluma.

 

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Me parece totalmente desacertada esta afirmación; no conozco a la persona que escribió esta nota, tampoco me interesaría saber más de él; pero es fácil hablar de estado cruel en la comodidad de un escritorio y seguramente es difícil estando en la frontera defendiendo la vida de todo la población, incluyendo las minorías no judías.
Criticar al gobierno de Israel es una cosa, despreciar el país es otra.

Coincido con el comentario de gabrielsus.
No estoy de acuerdo con la calificación, una cosa es el Estado de Israel y otra las políticas de los gobiernos.
No obstante, el artículo da para el debate y sería bueno que opinemos sobre todo lo que en él se plantea como tesis.