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Impresiones de mi viaje a Marcha por la Vida - Parte 5


Publicado por: David Salischiker el 17 Agosto 2011

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Autor: 
José Chelquer
Fuente: 
Pensándonos.com.ar

 

TREBLINKA

20 a 40 SS, todos de alta graduación; muchos experimentados en exterminio eutanásico.

100 ucranianos. Ex prisioneros de guerra. Algunos “étnicamente alemanes”. Todos con experiencia en el odio a los judíos del Este.

700 “obreros no calificados” para la atención del “personal”, para los comandos azules de recepción y limpieza de vagones, para los comandos rojos de clasificación de bienes. Judíos con unos días más de vida antes de integrarse al “tratamiento” general.

Apenas 15 meses de operación. Cuando Alemania ya empezaba a perder la (otra) guerra.

Nada de rastros posteriores.

Un millón y medio de personas exterminadas, (6000 – 7000 por día “en régimen”).

Aprovechamiento integral: cabellos, coronas dentales, joyas, ropas.

Costo mínimo: mano de obra esclava; nada de balas, apenas gas.

20 minutos de intoxicación. Aquí, donde la “eficiencia” hubiese ahorrado dolor, no la hubo.

Humor macabro. “Este es un campo de tránsito”. La cortina de un arón hakodesh marcando la entrada al sector de exterminio. La inscripción hebrea anunciando “Este es el paso hacia Dios. Los justos lo atravesarán”. Postales para mandar a la familia y darles confianza. Para cuando les toque.

De parte del trabajo se ocupa el viaje: 20% llegan muertos; del resto, pocos están cuerdos.
Todo se hace corriendo. Sin dar tiempo a pensar. Con la mente en blanco.

Los brazaletes azules y rojos taladran la conciencia. Sabían, veían, hacían. ¿Con qué mentira se los mantendría durante su breve sobrevida?

15 meses y silencio. Todo se desmonta. Los rastros se borran. Treblinka se convierte en una granja.

Los fantasmas de los muertos quieren volver a ponerse en fila, tener un poco más de tiempo para entender qué les pasó. No hay lugar para todos. Deben contentarse con piedras en su lugar. No una por cada uno. No una por familia. No una por cada atestada casa de los guetos. Sólo una por cada comunidad. Con eso basta para una procesión enorme, silenciosa, eterna.

 

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