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¿Qué está ocurriendo en relación a las mujeres dentro del judaísmo?


Publicado por: David Salischiker el 09 Enero 2012

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Autor: 
Dra. Mirta Goldstein*
Fuente: 
Nueva Sion

 

A la luz de la polémica desatada en Israel y en algunas diásporas por la discriminación de sectores ultraortodoxos hacia las mujeres, la fundadora de la Red de Mujeres Judías Argentinas analiza la problemática de la mujer y su rol social en la colectividad judía argentina; y advierte que muchas comunidades se están transformando en congregaciones cerradas debido al auge de la ultraortodoxia, y que ese proceso, que provoca la exclusión de las mujeres y su degradación social, va de la mano con la asimilación.


 

Para analizar el rol que ocupan las mujeres en la sociedad judía argentina, deberíamos empezar por comprender las diferencias que existen entre una congregación y una comunidad.

La congregación parece remitir, en su uso actual, a la participación de los judíos creyentes, en las diversas ramas en las cuales se divide el modo de ejercer la Halajá. Ortodoxos, reformistas y conservadores practican distintas modalidades de entender e interpretar el judaísmo y la vida privada y pública que se desprende de ellas. Generalmente la congregación se re-une en torno a un rabino, quien dictamina sobre las prácticas, usos y tradiciones.

La comunidad, en cambio, reúne a aquellos que tienen algo en común, pero no necesariamente todo en común. Por lo tanto pueden pertenecer creyentes, laicos, agnósticos, ateos, tradicionalistas, sionistas, idishistas, hebraistas. La mera identificación con algún aspecto de “lo judío” es suficiente para ser miembro y, sobre todo, para participar activamente trabajando por el crecimiento del conjunto. Es así que la comunidad no se organiza en torno a un rabino sino a muchos voluntarios de diferentes sexos, edades, profesiones, clases socales, etc. que coinciden en algunos objetivos.

De más está decir que esta distinción no es ni puede ser estricta. Las congregaciones necesitan del voluntariado comunitario y las comunidades judías o instituciones no pueden excluir la vigencia de los preceptos judíos, el cuidado y el respeto del Shabat, etc.

¿Cómo encaja la problemática de la mujer y su rol social, dentro de este panorama?
Cuando la congregación se vuelve más radical, más exhaustiva respecto del cumplimiento de alguna de las interpretaciones rabínicas de la Halajá, más el rol social de la mujer queda disminuido. ¿Esto “debe ser así”? No, ya que la Halajá es interpretada, es decir leída y entendida de diferentes modos, lo cual habilita distintas concepciones del mundo, de la vida íntima y pública y de las funciones del hombre y de la mujer.

La Torá nos relata la importancia de las mujeres en la construcción de la identidad judía y también hechos de violencia y discriminación. Lo que nos aflige hoy es que algunas interpretaciones del texto refuerzan los aspectos más machistas y extremos desconociendo la incidencia, en sus relatos, de las perspectivas de época.

Apartar a las mujeres de los primeros asientos en cualquier espacio público, caminar delante de ellas, negarles intervención institucional y jurídica, son acciones discriminatorias que pueden y deben ser revisadas pues corresponden a perspectivas hoy consideradas arcaicas.

El Gran Rabino de la Comunidad Sefardí de Buenos Aires: Isaac Sacca, escribió en un comunicado el día 6 de enero de 2012: “La Torá pondera a la mujer y le asigna una misma categoría que al varón. Cada uno tiene su particularidad y su grandeza…No existe en la Torá ningún tipo de ley que segregue a la mujer o al varón”.

En Israel han comenzado a producirse protestas sociales tanto a favor de los fanatismos como en contra de las discriminaciones, lo cual muestra en primer lugar, la herida abierta en el seno del judaísmo: el lugar que las mujeres ocupan en la familia y la sociedad; en segundo lugar, que la sociedad israelí no es homogénea, sino mixta y plural: la componen sectores con diferentes costumbres y modos de pensar y de creer y; en tercer lugar, la asombrosa contradicción de aceptarlas en el ejército, en el desarrollo tecnológico y científico, en el Parlamento y a la vez confinarlas al fondo de los salones y colectivos.

¿Qué ocurre en las distintas diásporas? Obviamente no es igual la organización comunitaria en EE.UU., en Francia o en Argentina. En EE.UU. primó desde siempre el modelo “Congregación” y en Argentina el modelo “Comunidad”. Esto se ha dado debido a la influencia de las costumbres aceptadas en cada nación y a los tipos y formas de inmigración judía. La más notoria diferencia la podemos encontrar en las características culturales que trajeron consigo las inmigraciones ashkenazí y sefardí, sin embargo ésta distinción no es la que hoy prima. Hoy se debaten las posiciones de aquellos que intentan revivir las costumbres de hace cientos de años y las de aquellos que quieren ser contemporáneos de su época; tenemos ante nosotros el hecho de que debido al auge de la ultraortodoxia, las comunidades se están transformando en congregaciones cerradas y nadie queda exento de los efectos de estos cambios.

¿Qué ha ocurrido y ocurre en Argentina? Argentina es una nación pionera en otorgar derechos civiles y participación social a las mujeres. Si bien no todo está logrado, las mujeres hemos disfrutado y seguimos disfrutando del derecho al voto, a la educación, al trabajo y a la salud.

Las instituciones judías se fundaron bajo la determinación de algunas necesidades objetivas de evolución y progreso pero también de algunos de los prejuicios contra las mujeres, por ejemplo, se crearon las ramas femeninas separadas de ¿las masculinas?, en muchas de ellas.

Estamos enfrentando algunas contradicciones serias, a saber: mientras estamos capacitadas y ejercemos roles importantes en la sociedad civil, se nos sigue vedando, por ejemplo, encabezar las instituciones centrales. ¿Cuándo será el momento de tener una presidente de AMIA o de DAIA? El problema se agudiza por la intención de los sectores más ortodoxos, de imponer un modelo sobre los otros.

Las consecuencias de lo que ocurre son importantes pues inciden directamente en la conformación de las familias y del lugar que ocupan las mujeres. Se generan cada vez más separaciones y divisiones dentro del seno de las familias, que inciden en la salud física y mental de sus integrantes, pues las nuevas pertenencias no se elaboran en conjunto. Los miembros que se vuelven ortodoxos se apartan sin dar lugar al diálogo y los miembros que presencian esas transformaciones sienten amenazada su modalidad de vida.

Entonces, una madre profesional no se reconoce en su hija dedicada exclusivamente al hogar, y viceversa, la hija no se identifica con la madre que ejerce funciones en la civilidad cotidiana. Se rompen las identificaciones que encadenan una generación con la siguiente.

Ciertas funciones de abuelidad -sostenimiento y amparo de la maternidad, por ejemplo- no son ejercidas por las abuelas sino por personas de la congregación. No me estoy refiriendo a cuando falta la asistencia de una abuela por distancia, muerte o enfermedad, sino a los casos en que la asistencia es rechazada por tener costumbres diferentes.

La preeminencia de los sectores más radicalizados tiene un efecto paradojal inmediato: la asimilación de aquellos que quedan excluidos de los lugares de pertenencia (cementerios, escuelas, etc.).

La exclusión de las mujeres y su degradación social va de la mano con la asimilación. No es cierto que las costumbres más cerradas sean lugarteniente del judaísmo. Muy por el contrario, mientras algunos sectores agudizan sus posiciones las contrarias también.

Hace algunos años atrás no hubiera estado escribiendo sobre el rol de la mujer judía en la sociedad argentina. Es ahora, cuando los casos aislados de discriminación y humillación se han generalizado, que debemos oponernos a cualquier intento de anular e inhibir las capacidades intelectuales y afectivas de las mujeres. Por este motivo surgió en mí la idea, en el año 2010, de fundar la Red de Mujeres Judías Argentinas con el solo propósito de bregar por una sociedad abierta, pluralista, equitativa y democrática en la cual cada ser humano pueda elegir su presente y su porvenir sin por ello volverse intolerante con sus semejantes.

* Psicoanalista, autora de libros y ensayos, y coordinadora de Espacio Lacan y Formación Permanente.
Miembro de Plural JAI | Judaísmo Amplio Innovador

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