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Los matrimonios mixtos, la ortodoxia y nuestra etica


Publicado por: Javifenix el 28 Octubre 2012

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Autor: 
Ernesto Alasraki
Fuente: 
www.mensuarioidentidad.com.uy

 

Los matrimonios mixtos alimentaron al pueblo de Israel en su prolongada existencia, desde sus orígenes mesopotámicos, y se repitieron durante toda su historia hasta nuestros días. Y muy a pesar de las tendencias ortodoxas, la patrilinealidad genealógica es una constante durante la mayor parte de la vida del pueblo hebreo-israelita-judío. El judaísmo nunca terminó ni terminará en los caprichos totalitarios de las aristocracias religiosas, ni políticas.

El man¬dato de éstas es temporal, a diferencia del pueblo y su cultura, que permanecen.Así como la Torá, el libro del pueblo, es del pueblo (y del mundo) y no del clero. Cuando fue necesario en diversos momentos, parte del pueblo se abrió del despotismo institucional, político y clerical, y creó instituciones propias, y floreció. No se terminó el mundo ni cayeron siete plagas sobre Am Israel. Tampoco llegó el Mashíaj. Hoy, la avanzada de mixtura cultural judía está en EEUU. Allí es donde la energía judía se transforma hacia nue¬vas formas y contenidos con mayor sistematicidad y velocidad. Y tal vez en países como Bélgica, Uruguay, Brasil y otros, haya procesos nuevos y vigorosos en el seno de sus comunidades judías. Ese movimiento de la vida real de gran parte del pueblo hacia la interacción y el intercambio con los entornos no judíos, en todos los planos, es inexorable y se verifica en las concentraciones judías más grandes y dinámicas. Los matrimonios mixtos son sólo una expresión actual de un hecho humano que siempre existió en todos los pueblos, y que garantizó al judío tanto su permanencia en la escena histórica como la transmisión directa de sus valores, creencias y prácticas. También en la actual peripecia histórica los matrimonios mixtos volverán a hacer su par¬te, la hacen desde el siglo XIX, en la renovación del judaísmo. El sionismo dio el impulso decisivo y ya nada es igual, tampoco en Medinat Israel, donde también muchas cosas pasan y están cambiando.

Ya no es sólo una discusión entre la hegemonista doctrina rabínico-halájica y el resto del judaísmo sobre los matrimonios mixtos y la ley del vientre. Ni sobre la vida personal de legendarios jefes israelitas y de sendos dirigen¬tes de todas las épocas de Am Israel a quienes los matrimonios mixtos no fueron ajenos en lo personal y familiar, ni hablar en la dimensión social del pueblo. Ni sobre las razones que llevaron hace sólo diez siglos a prohibir los matrimonios mixtos y excomulgar a su descendencia. Es la energía del pueblo, enraizado con la humanidad, como siempre pasó, lo que está cambiando. El judaísmo es el pueblo judío, Am Israel, y siempre lo fue más allá de quién mandara. Y los que mandaron, en varias oportunidades en el marco de gran éxito y rique¬zas, nunca pudieron hacerlo por mucho tiempo mediante el despotismo. Y también ocurrió que habiendo algún importan¬te centro político judío llegado al cenit de sus logros y conquis¬tas, luego cayera por el peso de sus propios yugos internos y externos, mientras el desarrollo del pueblo no se detenía y reverdecía en otros horizontes. Como siempre.


La incidencia religiosa en los asuntos civiles judíos tiene una explicación histórica. Ahora, el judaísmo debe cambiar la relación general entre sus factores, y lo hace, aunque en algunos países parezca que no, por la sencilla razón de que el mundo cambia a velocidad supersónica. Por eso el judaísmo siempre cambió y se transformó, para seguir viviendo. La organización del pueblo en torno al Talmud y la Halajá obedeció a la ausencia de normalidad política, sin centro territorial ni demográfico. Pero eso comenzó a revertir hace 150 años y en mayo de 1948 el pueblo judío restableció definitivamente su lugar en el mundo al recuperar la plena soberanía de sus decisiones. Normalizó su existencia. Se curó. La centralidad religiosa en muchos aspectos de la vida del pueblo en todo el mundo no tiene ya razón de ser, y es inaceptable. Y menos razón tiene la hegemonía orto¬doxa en el plano institucional. El reconocimiento institucio¬nal como judíos a los hijos y descendientes de matrimonios mixtos, tal como fue durante la mayor parte de la historia del pueblo, será producto y parte del mismo impulso que supere la hegemonía ortodoxa y que quite los asuntos civiles de los judíos de la órbita de las congregaciones religiosas. En todos lados. Y si éstas se afian¬zan en el fundamentalismo, correrán el riesgo de consumirse rápidamente hasta convertirse en pequeñas sectas integristas rechazadas por la mayoría del pueblo. Ocurrirá lo que ocurrió siempre en Am Israel, como con el surgimiento del sionismo: el pueblo se apartará y reagrupa¬rá de muchas formas, quizás en otros lugares, forjando su identidad siempre en cambio sobre la firme base de sus mandatos morales humanistas.

 

 

 

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