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Dos estados, dos pueblos, tres discursos


Publicado por: David Salischiker el 05 Agosto 2009

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Autor: 
Alberto Mazor
Fuente: 
Plural JAI

 
Obama, Netanyahu y Abbás han cerrado el círculo. Casi todo está dicho. En sus últimas reuniones de Washington y en sus respectivas intervenciones en El Cairo, Bar Ilán y Belén, no puede ser más evidente un desencuentro que debe leerse palabra por palabra en el contraste entre los tres discursos. Este empieza por la naturaleza del problema al que juntos se enfrentan.
 
Obama señaló la tensión entre EE.UU y el mundo musulmán, buscó sus raíces en el colonialismo, la guerra fría y las dificultades de la modernización, y desgranó un repertorio en el que está el extremismo islámico, el conflicto israelí palestino y la proliferación nuclear, claramente separados uno de otro.
 
Netanyahu denunció el problema sin contemplaciones: es Irán, donde confluyen el extremismo islámico y el arma nuclear, algo que constituye la mayor amenaza para la paz mundial.
 
Abbás aseguró durante el sexto congreso de Al Fatah que su Gobierno tiene un acuerdo con Israel, con la garantía de EE.UU, por el que tanto Jerusalén Este como el valle del Jordán y algunas partes del Mar Muerto situadas en Cisjordania deberán formar parte de los territorios palestinos. Además, aseguró que Israel, pese a haber llegado a ese acuerdo, niega a los palestinos todos sus compromisos.
 
Tres discursos muy distintos también en cuanto al público al que se dirigen y a los objetivos que persiguen. Mientras Obama pretende convencer a la opinión pública árabe y Bibi aspira hacer lo propio con un sector de la ciudadanía judía de Israel, la más conservadora, Abbás pretende sacar provecho de los últimos logros económicos y la relativa tranquilidad derivada de menores niveles de violencia en Cisjordania en contraste con el territorio de Gaza, controlado por Hamás, donde impera un círculo vicioso marcado por la violencia, el radicalismo y la miseria.
 
Obama buscó recuperar para su país una posición equilibrada entre israelíes y palestinos. Netanyahu quería conseguir el máximo consenso en su campo en el momento en que aparentemente va a dar un pequeño paso hacia adelante. Abbás, con el ojo puesto en Gaza, determinó que el relajamiento en las restricciones para el comercio interno en Cisjordania y la mejoría de los parámetros generales de seguridad han proporcionado a la zona un impulso económico inusitado que bien podría producir, si las condiciones se mantienen como hasta ahora, un crecimiento de 7% en el PIB para este año.
 
Obama fue al ataque, pues quiere que avance el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Netanyahu a la defensiva, puesto que desea gestionar la nueva etapa abierta en Washington con los daños mínimos para su Gobierno de unidad con la extrema derecha. Abbás adoptó líneas aparentemente pragmáticas en un intento de cambiar la imagen corrupta de su partido con miras a los próximos comicios.
 
Afloraron en ellos tres concepciones y análisis divergentes del mundo y de la historia. Los argumentos del mandatario americano se inspiraron en la universalidad tanto del mensaje religioso como de los valores fundacionales de EE.UU. Los del primer ministro israelí partieron del particularismo judío y su trágica historia incluso al formular la idea de paz. El presidente palestino reconoció errores cometidos en su dirigencia y habló de la creación de una dinámica social propicia para poder llegar a negociaciones políticas orientadas a un acuerdo definitivo y al fin del conflicto.
 
Obama acudió a la religiosidad universal y a las tres confesiones monoteístas, con citas de cada una. Bibi sólo se movió dentro y para el judaísmo, que impregna todas sus referencias. Abbás apostó por el cambio, porque sin una transparente movida interna que renueve la dirección, es improbable que pueda recuperar el prestigio perdido mientras Hamás sigue compaginando acciones terroristas con asistencia social en una combinación que atrae a amplios sectores de la juventud palestina.
 
El ideal individualista americano exhibido por Obama respecto a la igualdad entre todos los seres humanos contrasta con la reivindicación de los derechos colectivos de quienes pertenecen a los pueblos instalados sobre territorios bíblicos, incluida la actual Cisjordania ocupada por Israel.
 
El contraste llega a sus biografías. El americano hijo de un inmigrante africano que encarna el sueño de ascensión de su país. El israelí oficial de una de las más sofisticadas unidades de Tzáhal, hijo de un renombrado historiador de la persecución antisemita en España, y hermano menor del comandante caído en la famosa Operación de Entebe. El palestino nacido en Safed, en la Alta Galilea israelí, que al cumplir apenas trece años se convirtió en refugiado durante la guerra de 1948.
 
La asimetría es cruda en el trato que merecen los palestinos, que sufren una situación intolerable según Obama, son objeto de reconvenciones y dignos de la mayor de las desconfianzas por parte de Netanyahu, y exigen una reivindicación histórica, tal como lo afirma Abbás.
 
Para el primer ministro israelí, el conflicto tiene su único origen en la negativa árabe y palestina a reconocer el derecho del pueblo judío a tener su propio Estado en su patria histórica, mientras que para Obama y Abbás existen dos pueblos con legítimas aspiraciones, cada uno con una penosa historia que hace el compromiso evasivo.
 
No hay color en cuanto a la calidad y textura de dichas piezas oratorias. La primera se asemeja a un transatlántico que se dirige a los horizontes de la historia, la segunda es un barco de cabotaje pegado a la costa, la tercera deja un interrogante sobre la capacidad de liderazgo del capitán.
 
Más discutible es la eficacia. Habrá que esperar. Mientras tanto, Bibi debe agradecerle a Obama su valiente pedagogía contra el antisemitismo y su reivindicación de la amistad irrompible con Israel; Obama a Netanyahu, que haya conseguido pronunciar dos palabras hasta ahora prohibidas para su boca: "Estado Palestino"; y Abbás a Obama, su sincera intención de preparar las condiciones para negociar un acuerdo final con Israel. Es demasiado poco. Cabe esperar que no sea demasiado tarde.
 
Las reacciones también han sido contrastadas. La derecha norteamericana, los colonos israelíes en Cisjordania y el Irán jomeinista recibieron con extrema decepción el mensaje de Obama. Igualmente Hamás, la Autoridad Palestina, la ultra derecha religiosa y mesiánica israelí y todos los países árabes con el de Netanyahu. En Hamás todo está como era entonces; la organización terrorista continúa ignorando a Abbás y prohibió que los miembros de Al Fatah en Gaza participen en la Asamblea de Belén.
 
Tres discursos que aparentemete se desencuentran ¿Puede tratarse realmente de un paso hacia la paz? Talvez. Quizás minúsculo. Pero despreciarlo es optar por otra dirección, la de la guerra.
 
La conocemos y sabemos bien adonde lleva.
 

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