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La primera baja es la verdad


Publicado por: David Salischiker el 06 Junio 2010

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Autor: 
Jorge Elías
Fuente: 
Diario La Nación - 06/06/2010

 

Tan reprobable como la agresión de Israel es el tráfico de mentiras en Medio Oriente

Decir la verdad donde reina la mentira es un acto revolucionario, según George Orwell. Israelíes y palestinos reanudan por separado la madre de todas las batallas cada vez que, por decisión de unos u otros, dinamitan su enmarañado proceso de paz. En la guerra de la verdad, una versión nunca coincide con la otra. Es usual en cualquier conflicto; es patológico en Medio Oriente. Más que ventilar la verdad, cada uno procura inculcar su verdad; en ocasiones, con una prepotencia rayana en la negación del otro. En esa guerra no gana el más fuerte, sino el más convincente. Y el más convincente no es el que dice la verdad; es el que cree que tiene razón.

¿Dice la verdad el diario israelí Haaretz cuando afirma que "Israel no busca seriamente la paz porque la vida del ciudadano es bastante buena sin ella"? Dice parte de la verdad si uno cree, como el periodista israelí Gideon Levy, que el país "tiene ahora un capitán ciego en la cabina de mandos que, con precisión ejemplar, conduce a sus pasajeros de ojos vendados hacia el destino que imaginó". Es desencanto con Benjamin Netanyahu por el "nefasto declive" que se inicia en enero de 2009 con el primer ministro anterior, Ehud Olmert, y la operación Plomo Fundido, contra Gaza; mueren 1400 civiles. No todos son terroristas ni simpatizan con Hamas.

¿Dice la verdad Netanyahu cuando afirma ahora, tras el brutal ataque contra la flotilla que intenta terminar con el bloqueo de tres años impuesto al territorio palestino por Israel y Egipto, que la ayuda humanitaria para Gaza "no tenía ese propósito", sino vulnerar una medida que considera legal "por el terror que infunde Hamas"? Dice parte de la verdad si uno cree, como también afirma el gobierno israelí, que "la actitud" de los pasajeros de los seis barcos "pone en evidencia su relación directa con las organizaciones terroristas y el islamismo radical", así como sus presuntos vínculos con la Jihad Islámica, Al-Qaeda, Hamas y Hezbollah.

Cruceros
Entiende Netanyahu que "no es un crucero de amor, sino de odio" y que "no es una operación pacífica, sino terrorista". Entiende el resto de la humanidad y parte de la sociedad israelí, aparentemente faltando a la verdad, que Israel se ha disparado en un pie y que Hamas, casi aislado, se ha ganado la simpatía de Turquía, miembro de la alianza atlántica (OTAN). La comunidad internacional ha pasado de condenar a Hamas por desplazar de Gaza al presidente palestino, Mahmoud Abbas, a condenar al gobierno israelí y exigirle que levante el bloqueo.

¿Dice la verdad el gobierno palestino cuando afirma su voluntad de reanudar el proceso de paz después de haber sometido a su pueblo al encierro y a la autocompasión en medio de una corrupción tan tolerada como la violencia contra los israelíes? Dice la verdad cuando afirma que el bloqueo contra Gaza es "inaceptable y contraproducente". Lo dice en estéreo con la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, y su compatriota británico Tony Blair, enviado especial del Cuarteto (las Naciones Unidas, los Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia) para Medio Oriente. "Es contraproducente, insostenible e inmoral", abunda en detalles el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

No es verdad, según el gobierno israelí. Entiende que, a pesar de no haber podido rescatar al soldado Guilad Shalit, cautivo de Hamas desde 2006, "está justificado" el bloqueo y, en su defensa, el asalto a la Flotilla de la Libertad para "prevenir la infiltración de activistas terroristas y el contrabando de armas con destino a Gaza". Sustenta esa verdad en la posibilidad de que ese territorio se convierta en un "puerto de Irán" en el Mediterráneo, con la venia del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, islamista moderado que ha mediado entre Israel y Siria, y que ahora estaría más cerca de Mahmoud Ahmadinejad que de Barack Obama.

¿Dicen la verdad Obama y la mayoría de los mandatarios del planeta cuando afirman que Palestina debería crear cuanto antes su Estado? Dicen parte de la verdad si uno cree, como Netanyahu, que "una vez más, Israel afronta la hipocresía y un juicio apresurado y tendencioso". ¿Dice la verdad Netanyahu cuando afirma que en el asalto al barco turco Mavi Marmara, en el cual mueren ocho turcos y un norteamericano, sus soldados disparan en defensa propia?

Israel puede ejercer la fuerza, pero es incapaz de demostrar vigor de ese modo, acuciado como está por su fragmentación política interna y su descrédito en el exterior. Es tan controvertida una represalia militar contra civiles en aguas internacionales como la autorización para la construcción de 1600 viviendas en el este de Jerusalén durante la visita al país del vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, interesado en desenmarañar el proceso de paz con los palestinos.

Desde 1918 se atribuye al senador norteamericano Hiram Johnson una frase memorable: "En la guerra, la primera baja es la verdad". Es verdad. Y, salvo mejores ofertas, no hay verdad capaz de objetarla.

 

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Es verdad, la primera en sufrir las consecuencias de la guerra, esa máxima violencia, es la verdad.

EL "ANTISEMITISMO" DEL GOBIERNO ISRAELÍ
Hay dos clases de antisemitismo: el que ofende a la dignidad humana y es ejercido por personas o grupos que elevan estandartes que entroncan en el odio y la discriminación negativa de lo judío, de los judíos. Ese modo de ver en el otro - sea porque proviene de una familia de tradición judía o practica esa religión- un diferente, un extraño, al que hay que arrinconar en los lugares más oscuros de la sociedad. Semejante antisemitismo propio de los fundamentalismos, degrada la propia condición humana del que lo practica o adhiere.
El otro antisemitismo tiene más que ver con lo político y se nutre de las apreciaciones que los judíos en general hacen de las conductas y expresiones de los que formulan críticas a la gestión del gobierno de turno de Israel. El anterior embajador israelí en Argentina, Rafael Eldad, llegó a manifestar en ocasión de su participación en Tucumán en un “Ciclo de conferencias sobre el Medio Oriente” en el año 2006: “criticar a Israel es legítimo y hay que hacerlo con hechos y evidencias...”• Eso no era antisemitismo, obviamente. Pero lo obvio no siempre lo es en la nebulosa de los entrecruzamientos políticos entre las partes. Más aún cuando éstas son intransigentes. Mejor decir, fundamentalistas. El reciente y trágico accionar de las fuerzas llamadas de elite (comandos especializados) en aguas internacionales del Mediterráneo contra uno de los barcos de ayuda de Turquía para los habitantes de la Franja de Gaza con 9 muertos entre los activistas pro palestinos embarcados, es un hecho que ha provocadouna inmediata serie de protestas mundiales. Turquía, principalmente, deploró el accionar violento. El secretario general de la ONU, Ban Ki Mun, cuestionó ácidamente la acción y el Consejo de Seguridad se reunió de urgencia y deliberó por más de doce horas, a petición de Turquía, integrante de los miembros no permanentes del cuerpo, el que finalmente no condenó a Israel aunque mostró preocupación por lo sucedido y exige amplia y creíble investigación. Netanyahu, el premier israelí canceló su reunión con Obama, prevista para ayer martes. Formaba parte de un plan entusiasta del presidente estadounidense que había convocado para la próxima semana también al líder palestino Mahmoud Abbas. El impulso al “plan de paz” seguía siendo una saga de interminables capítulos que se desestructuraban a sí mismos con el accionar de las partes, a su turno. Esta vez, Israel.
El accionar torpe y violento “en ejercicio de la autodefensa” (al mejor estilo de la doctrina de W. Bush, de “guerra preventiva”, “por si acaso”, en buen romance) significó para Israel una catarata de repudios desde muchos países, organizaciones y líderes mundiales que en un contexto simplista e irresponsable podría decirse que todos expresaban un “antisemitismo” larvado o expreso.
Un acotación que es necesario hacer: el Consejo de Seguridad de la ONU debió actuar antes y no pos mortem. Se sabía que la flotilla de la libertad para llevar ayuda humanitaria a los pobladores de Gaza, integrada por seis embarcaciones, una de EEUU, dos de Grecia y tres de Turquía, iba a desoír cualquier intimación israelí que impidiera romper su bloqueo naval. El gobierno de Israel lo sabía. Si el Consejo de Seguridad hubiese actuado conforme la carta de la ONU (sobre “amenazas a la paz”) podría haberse evitado la tragedia. En todo caso fue un “antisemitismo” –este cuestionamiento fuerte a Isarel- insuflado por el propio aire espeso y soberbio de la política del gobierno de Natanyahu. El jefe del ejército, lejos de lamentar el doloroso resultado de los muertos del abordaje en altamar felicitó a los comandos por su labor. Y “no pediremos perdón”, dijo un alto funcionario del gobierno, aludiendo al “derecho a la defensa”.
Carlos Duguech