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Le debemos a los rabinos racistas de Israel un agradecimiento


Publicado por: David Salischiker el 26 Diciembre 2010

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Autor: 
Bradley Burston
Fuente: 
Haaretz - Traducción: Lic.Kevin-El-Lewind

 

Recientemente, un grupo de rabinos emitieron una declaración en contra de alquilar viviendas a árabes. Al hacerlo, marcaron el fin de la noción de autoridad rabínica y nos dieron la libertad de ser judíos en nuestros propios términos.

Hace un año, escribí un artículo que finalmente decidí que era demasiado cargado de enojo, demasiado cruel, y poco liberador socialmente, incluso para la columna a menudo problemática que mantengo en Haaretz.

Como un artículo especial de fin de año, se titulaba “Top 10 de rabinos de los que el judaísmo se podría deshacer.” Nadie lo vio, porque lo tire.

Era época de nuevos comienzos, pensaba. Época de dar el beneficio de la duda. Época de dar una oportunidad, de sostener la esperanza contra las esperanzas. Época de no manchar a todos los rabinos con la suciedad de unos pocos.

Si no era por ninguna otra razón más que el respeto por el judaísmo y por la mayoría de los rabinos que son en realidad fuerzas del bien en este mundo, decidí aprender a vivir con el resto. Incluso con aquellos cuyas sanciones contradicen algunos de los preceptos morales fundamentales del judaísmo, y aquellos que prohibieron vivir con no-judíos, así como los que declararon que es moral asesinar a inocentes árabes, incluso niños, y aquellos que predican la destrucción de la propiedad palestina, y los que aconsejaron a los soldados del Tzahal que la misericordia hacia los  árabes es en realidad crueldad, y aquellos cuyo ardor a favor de los asentamientos es tal que se ha doblado y ha roto el principio según el cual salvar una vida humana toma es más importante que todo lo demás.

¿Qué puedo decir? Después de un año de esperar y observar, me doy cuenta ahora de que estuve equivocado en más formas de las que sabía. No sólo era la lista de Top 10 rabinos de los que el judaísmo se podía deshacer malintencionada, también resulta que era demasiado, demasiado corta.

Por lo menos le faltaban 290 rabinos. Todos los que hicieron un esfuerzo grande en apoyar una nueva prohibición escrita a vender o alquilar casas, departamentos y terrenos a no-judíos, particularmente árabes.Para el final de este año, entonces, déjenme comenzar de nuevo, con este preámbulo.

En mi casa, cuando crecía, un verdadero yid, una persona con una verdadera alma judía, era sinónimo de ser un mensch, un ser humano genuino; una persona sensible a las dificultades de los otros, y que aprecia las diferencias entre pueblos. Es decir, un Ben Adam, descendiente de Adán y Eva – que no eran, por cierto, y seguramente no por definición ortodoxa, judíos.

Este es el fin de un año terrible. Tiempo de tomar conciencia. De repensar. Y darnos cuenta de que el pueblo judío como un todo debe un voto especial de gratitude a aquellos cientos de rabinos y su mala voluntad colossal.

Estos rabinos nos liberaron al resto.

En su nuevo candor, estos hombres, muchos de ellos autoridades rabínicas municipales y directores de academias rabínicas, es decir, los que deciden quién es judío y quién no, quién se puede casar y quién no, quién puede ser enterrado, dónde y con quién, por fin nos dijeron lo que por años vienen diciendo en silencio a sus estudiantes rabínicos, sus parroquianos, y entre sí.

Al hacerlo, han puesto un fin efectivo a la noción de autoridad rabínica. Le hicieron al pueblo judío un servicio invaluable.

Nos han liberado. Liberado a ser judíos. No en sus términos, sino en los nuestros.
Simplemente vean cómo termina la carta: “Los vecinos y conocidos (de un judío que vende o alquila a un árabe) deben distanciarse a sí mismos del judío, abstenerse de hacer negocios con él, negarle el derecho a leer de la Torá, y de forma similar (excluirlo) hasta que se arrepienta de su acción dañina.”

En su prejuicio; en insensibilidad de hierro; su inmunidad intocable, corrupta, basada en la burocracia, finalmente nos enseñaron  a no prestar atención al hombre detrás de la cortina de la Ley Oral.

Al mismo tiempo, nos ayudaron a ver dónde la verdadera postura de los líderes judíos mundiales en temas de consecuencia humana fundamental. El murmullo y silencio de los muchos que esquivaron dar una respuesta a la acción de los rabinos, fue la declaración más fuerte de todas.

Este mes, mientras el país se encontraba sumergido en llamas, algunos de los rabinos estaban ocupados en cuartos traseros, decidiendo quién puede decidir quién es judío, y asegurándose retener más y más de su autoridad.

Ya no tenemos que acompañarlos. Perdieron la franquicia.

Deberíamos agradecerles por mostrarnos cómo pueden tomar un período de desastres y tragedias personales y convertirlo en una oportunidad más de amenazar al gobierno con la disolución.

¿Cuál es el tema esta vez? Los rabinos ultraortodoxos (que muy felizmente son protegidos por soldados inmigrantes) ahora quieren desautorizar las conversions ortodoxas que esos mismos soldados realizaron durante su servicio militar.
Nadie tiene que seguirlos. Y si se trata de agradecer, esta seguro es una oportunidad de mencionar a los más de 700 rabinos que firmaron la petición en contra de vender o alquilar a los árabes.

Ya no necesitamos escuchar a la pandilla de los 300 para que nos digan lo que quiere el Todopoderoso. Desde las sanciones apocalípticas a favor de los asentamientos, al apego brutal a la política de conversiones, están inventando el judaísmo sobre la marcha. Y en el proceso, al afirmar que los no-judíos no tienen lugar en Israel, aniquilan la democracia que paga sus propios salarios.

¿Cómo deberíamos entender las afirmaciones públicas de los funcionarios del Estado de Israel? ¿Qué nos están diciendo estos burócratas en Armani? ¿Nos dicen que los no-judíos ya no pueden ser israelíes? ¿Que los árabes ya no pueden vivir acá?
¿Nos dicen que el sionismo se convirtió en una forma de racismo, después de todo? ¿O es el judaísmo mismo?

Hace años que dejamos que esto pase. Pagamos sus salarios en impuestos, en contriciones a las Federaciones Judías, en sobornos disfrazados de tarifas por servicios religiosos, en sobornos disfrazados de donaciones.

¿Sorprende a alguien que serían estos hombres quienes, en el espacio de una única carta abierta rabínica, afirmarían que la Declaración de Independencia de Israel es inválida?

Estas son las personas a las que les permitimos decidir quién puede ser judío.

Ya no más. Que la gente decida por su cuenta.

¿Quién soy yo para decir esto? Nadie, sino alguien que cree que ya es suficientemente difícil ser judío en este mundo, una persona a la que le importa Israel en este mundo, sin tener que sufrir el castigo de los autoproclamados judíos de la Torá cuyo judaísmo es un producto de, por y para, un pueblo sin Estado.

Soy un nadie, como la gente que estuvo en el Sinaí, cada judío en este mundo, al recibir la Torá tan personalmente como los miembros de la Pandilla de los 300.

Una cosa más: cierta vez, yo fui un dayán, un juez en una corte rabínica. Hace años, siendo nuevo en Israel y habiendo terminado recientemente mi servicio militar, con barba y cabello corto por ese motivo, me coloqué una kipá y me senté en la Corte Rabínica de Beer Sheva, esperando para dar testimonio sobre la judeidad de un amigo que estaba a punto de casarse.

Siendo como es la institución de Beer Sheva, esa misma tarde una pareja que se estaba divorciando se reunió por última vez para atacar físicamente a uno de los dayanim que estaba escuchando el caso. Terminó en el hospital Soroka, y yo fui abruptamente llevado de la banca de testigo para rendir servicio como un suplente de juez apropiadamente barbudo, y muy asombrado.

Este es el final de un año muy difícil. Como un dayan beIsrael, declaro, que si me dicen que son judíos, eso es suficiente para mí. Y si no lo son, de todas formas podemos hacer negocios inmobiliarios.
 

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