Ud. está aquí“Las instituciones judías podían haber hecho más durante la dictadura” Entrevista: Shlomo Slutzky

“Las instituciones judías podían haber hecho más durante la dictadura” Entrevista: Shlomo Slutzky


Publicado por: Javifenix el 07 Junio 2012

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Autor: 
Julián Blejmar
Fuente: 
Plural JAI

 

 

Una sensación de culpa. Es una de las razones que esgrime el periodista y documentalista argentino-israelí Shlomo Slutzky como motivación para abordar, en su último trabajo, la temática de los Desaparecidos judíos. “No me refiero a la culpa en sí misma, sino a la sensación que tienen los sobrevivientes al no poder entender cabalmente cuál fue la razón que los llevó a la salvación. Yo elegí el camino del sionismo, mientras que muchos de mis compañeros de ruta se sumaron a la izquierda nacional, tras lo cual fueron torturados, asesinados, y desaparecidos. Pero en su momento, yo no imaginaba que la decisión de marcharme a Israel tal vez me salvaría la vida” señaló Slutzky en la extensa charla que mantuvo con Plural Jai con motivo de la nominación de su documental “Sin Punto y Aparte” como finalista en el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de la Argentina.

 

¿Que otras cuestiones lo llevaron a interesarse en esta temática?

Desde siempre he militado y seguido con mucha preocupación la causa de los Derechos Humanos, incluso al punto de pelearme con parientes, políticos, y periodistas israelíes, cuando ellos no me creían sobre los campos de concentración en la Argentina. Durante años luché por la democracia, luego por la memoria, la verdad y la justicia, y sentía que era una deuda el hacer algo que reflejara estas cuestiones, tanto para el público argentino como israelí.   

 

¿Como fueron los debates que se sucedieron en torno a su documental tanto en la Argentina como en Israel?

En Argentina hubo judíos a quienes el documental les rememoró una etapa de sus vidas, como gente de la izquierda en general que empezó a entender de donde venía la preparación de muchos judíos, qué era el sionismo socialista, y que pudo observar también un mundo que desconocía. Pude notar además un gran interés por parte de gente que no estaba dentro de la temática, lo cual para mí fue sumamente importante, ya que parte de la función de este documental es dar luz a una historia para muchos completamente desconocida. En el caso de Israel, para aquellos argentinos que llegaron a este país escapando, fue para ellos muy emocionante ver reflejadas historias parecidas a la suyas. Y una gran parte del público israelí en general, se sorprendió al conocer esta historia cuando se emitió por televisión, muchos incluso me dijeron que nunca habían entendido que es lo que había pasado, ni cuan golpeados estaban los argentinos que llegaban. 

 

En relación a los jóvenes retratados en el documental ¿Estaban totalmente asimilados o detectó rasgos característicos por pertenecer a la comunidad judía?

Había algunas cuestiones particulares. Según me contó el periodista Herman Schiller, en las fiestas judías de 1976 el Ejército Revolucionario del Pueblo les permitió ir a sus casas a festejar con sus familias. Pero también estaban aquellos que buscaron demostrar por todos los medios que ya no tenían nada que ver con su pasado, especialmente sionista. Era el caso de muchos de los judíos de la Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista, donde por ejemplo militaba Altamira (José Saúl Wermus). Este era el brazo juvenil del Partido Obrero, muchos de ellos provenían del sionismo socialista, y eran aún más extremos en su antisionismo, para mostrarse como totalmente parte del movimiento.

 

¿Cuál de estas dos corrientes predominaba?

Habría que analizarlo más en profundidad, pero lo que se puede ver a la distancia, es que muchos de los que participaron de los movimientos revolucionarios, nuca más regresaron a la comunidad. Creo que tuvo que ver con que las instituciones judías les cerraron en su momento las puertas, bajo el argumento que los estaban comprometiendo, y que los jóvenes sintieron también una acusación de traición, aunque hubo otros que prefirieron alejarse para no implicar a sus comunidades. Aún hay tiempo para hacer algo al respecto, de hecho en los diversos debates luego de las proyecciones muchos de aquellos jóvenes, hoy adultos, plantearon que quisieron regresar, pero que varios dirigentes se mantuvieron en su antigua postura. Es el caso de algunas comunidades de Córdoba, donde hubo quienes intentaron boicotearon el documental y sus posteriores debates. Se trata de dirigentes que sienten que no tienen que elaborar el pasado, sino defenderlo. 

 

¿Cuál es su balance sobre el rol de las instituciones judías argentinas en aquellos años?

Los dirigentes de la comunidad judía estaban en una situación muy difícil, para nada envidiable, ya que creían que su intervención podría derivar en un ataque contra toda la comunidad o bien en una restricción a la posibilidad de emigrar a Israel.  Pero es cierto que también podrían haber hecho otras cosas, como por ejemplo mantener otro tipo de vínculos con dirigentes de Estados Unidos e Israel, ya que en sus encuentros siempre planteaban que las persecuciones no tenían motivaciones antisemitas, con lo que no aprovecharon la presión internacional que podrían haber logrado. 

 

¿Esto último tenía que ver con el miedo o con un apoyo tácito al régimen militar?

Más bien miedo, ya que el “Por algo será” podía estar presente, pero no de forma central. No veo que haya habido gorilas, sino que, a veces, para defender a la familia se actúa de forma diferente frente a una situación anormal. Pero la pregunta es si esos judíos revolucionarios no eran parte de la familia. Y yo creo que sí.

 

¿Qué acciones llevó adelante Israel por aquellos años?

Durante mucho tiempo en Israel no se entendió lo que estaba pasando. Recién en noviembre de 1977, más de un año y medio después del Golpe, el embajador Ram Nirgad envío un cable en que el que decía: “Hoy me di cuenta frente quienes estoy”. Fue luego de reunirse con el entonces ministro del interior Albano Harguindeguy, quien le dijo que no le llevara ninguna lista de desaparecidos, porque no valía la pena. Lamentablemente esta tardanza tuvo mucho que ver con los consejos de quien era el asesor político de la embajada, Jacobo Timerman, que tenía la tesis de que los militares que gobernaban eran los “blandos”, y que había que apoyarlos para que cayeran frente a los “duros”. Timerman incluso leyó incorrectamente el Golpe, ya que creía que venían a poner orden luego del descalabro de Isabel, no a lanzar una represión sangrienta. Hubo también algunos logros, que se ocultaron para no tener conflictos políticos, pero uno de los mayores problemas que tuvo Israel es que no se entendía que hacer con los judíos argentinos por el hecho de que ellos no eran israelíes, con lo que la intervención podía tomarse como una violación a la soberanía. De todas formas, en el 2001 se realizó una comisión investigadora integrada por representantes de varios ministerios y de la Knesset, el parlamento israelí, donde se hizo una especie de mea culpa y se votó prohibir la entrada a 100 militares y civiles vinculados con la represión, además de acentuar los contenidos referidos a Derechos Humanos en las carreras de diplomacia. 

 

¿Como observa en la actualidad a los Derechos Humanos en la Argentina?

Se puede ver un avance muy importante, se lo está tratando como una política de Estado, aunque a veces parece tratarse más del recuerdo de los Derechos Humanos que de los mismos en toda su extensión. Creo muy correcto todo lo que se está haciendo en relación a los setenta, porque se traduce como una lección y una concepción moral, pero pienso que los Derechos Humanos son también igualdad de oportunidades, vivienda, salud, y educación, entre otros, y en eso creo que todavía falta.

 

¿Y en relación a Israel?

Allí el tema está teñido por la ocupación israelí. No se puede mantener a gente sin derechos civiles, o bien con derechos muy limitados, como es el caso de los palestinos de Cisjordania. Algo similar ocurre con el millón doscientos mil árabes israelíes, quienes en teoría están protegidos por la declaración de la independencia israelí, pero que sin embargo –en la práctica- son discriminados y no gozan de los mismos derechos que los judíos. Israel aún tiene una deuda muy grande con todos ellos.

 

“Proporcionalmente, hubo mayor militancia de judíos”

Los judíos argentinos representaban a mediados de los setenta entre el 0,8% y el 1,2% de la población argentina. Sin embargo, las estimaciones sobre los detenidos-desaparecidos judíos en relación al total de víctimas del Proceso, es de entre el 8 y el 13% del total. Para Slutzky, si bien el antisemitismo estuvo presente durante la dictadura, el mismo no fue única la causa de esta desproporción. “Durante mucho tiempo exhibí el antisemitismo que existía dentro de las Fuerzas Armadas, pero es para mi importante resaltar que, después de haberme ocupado del tema en profundidad, vislumbro que junto al especial ensañamiento con los judíos, otra razón que no debe olvidarse y que incidió en este fenómeno fue la mayor militancia política y social que existe entre los judíos, tanto en la Argentina como en el mundo. Pienso que esta conducta deviene del bagaje de persecuciones y discriminación que sufrió el pueblo judío a lo largo de su historia, y que refuerza la filosofía judía de identificarse y ponerse del lado de los sectores excluidos y golpeados”.

¿A su entender estos jóvenes no medían su entrega o bien tenían una lectura equivocada de la relación de fuerzas?

Existía una identificación no solo con el Che, sino también con el líder del levantamiento del gueto de Varsovia, Mordechai Anilewicz, quien dio su vida por salvar la dignidad, aún a sabiendas de su desigual lucha militar con los nazis. Pero también existía una desinformación y cierta confusión por parte de las dirigencias de las organizaciones armadas del peronismo y la izquierda, respecto a su enfrentamiento militar contra las Fuerzas Armadas. El antecedentes eran las "Dictablandas" Juan Carlos Onganía, Marcelo Levingston y Alejandro Lanusse, donde lo peor había sido la masacre de 16 presos en Trelew. Durante el Proceso de Jorge Rafael Videla, todos los días había un Trelew, y más sofisticado, sin cuerpos a los que se pudiera rendir homenaje.

 

 

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