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Raanan Rein - Argentina, Israel y los judíos - De la partición de Palestina al caso Eichmann (1947-1962)


Publicado por: David Salischiker el 17 Mayo 2010

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Autor: 
Lic. Eduardo Alberto Chernizki*
Fuente: 
Revista Nuestra Memoria

 
A cincuenta años de la captura del criminal nazi Adolf Eichmann, este trabajo del historiador israelí Raanan Rein se convierte en lectura casi obligatoria para entender cómo se ha visualizado la situación de los judíos de la República Argentina en el exterior del país, en los años que van desde el momento en que en las Naciones Unidas se discutía la Partición de Palestina hasta las consecuencias que generó la captura, primero, y el ajusticiamiento, después, de Eichmann.
 

Raanan Rein (49)es doctor en Historia y se desempeña como profesor de Historia española y latinoamericana en la Universidad de Tel Aviv, siendo -a la vez- director del Centro “Daniel Abraham” de Estudios Internacionales y Regionales y del Instituto de Historia y Cultura de América Latina de dicha universidad. Se especializó en la historia del peronismo, en especial el de las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955), como también en la relación que dicho movimiento político tuvo con la comunidad judía de la Argentina y con el Estado de Israel, habiendo publicado varios libros sobre estas temáticas y decenas de ensayos y artículos periodísticos.
 
En reconocimiento a su labor, la Academia Nacional de Historia de la República Argentina lo nombró como uno de sus miembros (agosto de 2003) y el gobierno nacional decidió condecorarlo con la “Orden del Libertador San Martín”, en el grado de “Comendador”, la cual le fue entregada el 19 de mayo de 2009, por el embajador argentino en el Estado de Israel, Atilio Molteni, en un acto realizado en la Universidad de Tel Aviv.
 
Raanan Rein ha dividido este trabajo en siete capítulos: “La Argentina peronista y la Partición de Palestina”, “La partida perdida. Perón y la opinión pública judía”, “La partida ganada. Perón y el Estado de Israel”, “Diplomáticos y periodistas. Las imágenes del peronismo en la prensa contemporánea”, “La Revolución Libertadora y el ascenso de Frondizi”, “Una breve crisis diplomática. Las relaciones entre Israel y la Argentina a la luz del secuestro de Eichmann”, “Los judíos argentino y la acusación de doble lealtad”, antecedidos por un “Prefacio” y una “Introducción” donde explica los antecedentes de la obra encarada y agradece la colaboración que le prestaron diversos especialistas en la temática, como también a quienes entrevistó personalmente.
 
En esta segunda edición, Rannan Rein agregó un “Epílogo”, en el cual se refiere someramente a cómo continuó la relación investigada en los años posteriores al período tratado y hasta los inicios de la presente década.
 
Con el telón de fondo de las negociaciones que los representantes de la Agencia Judía realizaban en toda Latinoamérica para conseguir que votaran a favor de la Partición de Palestina en la Asamblea General de las Naciones Unidas, Raanan Rein inicia este trabajo centrándose en lo que ocurrió con el gobierno argentino, presidido por Juan D. Perón, que se abstuvo en la votación. Posteriormente relata el inicio de las relaciones diplomáticas entre la Argentina y el Estado de Israel, destacando la buena voluntad del Presidente de la Nación y su esposa hacia el naciente Estado y su permanente crítica al antisemitismo.
 
Al analizar el período de la primera y segunda presidencia de Juan D. Perón, el autor le dedica un espacio respetable al hecho que llegara al país una cantidad de criminales de guerra, junto con científicos y técnicos alemanes, italianos y del resto de los países que apoyaron y/o se aliaron a la Alemania nazi, destacando que lo mismo ocurría en los Estados Unidos y en la Unión Soviética. En base a trabajos de investigación realizados en la Argentina, Raanan Rein afirma que los criminales de guerra estarían en el orden de los cincuenta, mientras que el resto eran partidarios del nazismo y los diferentes regímenes europeos que adhirieron a su ideología.
 
Otro aspecto en el que se adentra es la relación existente entre Perón y la comunidad judía -mejor dicho, sus instancias centrales-, destacando que éstas lo miraban con recelo y que un grupo de judíos peronistas formó una institución, la Organización Israelita Argentina (OIA), a la que el jefe de Estado argentino distinguió asistiendo a varios actos por ella organizados y nombrando a su presidente, Pablo Manguel, a cargo de la representación del país en Tel Aviv, puesto que mantuvo hasta septiembre de 1955, cuando Perón fue derrotado por los militares.
 
Los años de la Revolución Libertadora y los que transcurren desde la asunción de Arturo Frondizi a la Presidencia de la Nación hasta la captura de Adolf Eichmann también son analizados, aunque sin la profundidad de los precedentes. No obstante, el autor destaca que si bien en lo formal la relaciones diplomáticas entre los dos países no sufrieron cambios, era más distante, consecuencia -según Rein- del reingreso en la cartera de Relaciones Exteriores de personas que, con anterioridad a 1945, habían apoyado a los países del Eje.
 
Un tema que desarrolla particularmente es el aumento de las expresiones antisemitas, fogoneadas por grupos relacionados con ciertos sectores del revisionismo histórico argentino, miembros de familias aristocráticas y agrupaciones juveniles de extrema derecha, en todos las cuales era evidente la influencia de quienes se habían identificado con el nazismo antes y durante la Segunda Guerra Mundial
 
Cuando se adentra en el “caso Eichmann”, además de narrar los pormenores de cómo y por qué los israelíes actuaron como lo hicieron -el convencimiento de que si se solicitaba la extradición, Eichmann huiría-, destaca la falta de coordinación entre el gobierno israelí, el ministro Aba Eban, que lo representaba en los actos oficiales del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, y la embajada israelí acreditada en Buenos Aires en el momento en que Ben Gurión anuncia que Adolf Eichmann fue capturado y se encuentra en Israel, donde se lo juzgará por los delitos cometidos al pueblo judío durante la Shoá.
 
Recordamos que Adolf Eichmann fue uno de los SS que tuvo destacada participación, durante la Segunda Guerra Mundial, en la deportación de los judíos a los campos de trabajo, primero, y en la implementación de la “Solución final”, a posteriori, pues era el responsable máximo de la planificación y puesta en práctica de los traslados de los judíos de todos los territorios dominados por el nazismo a los lugares donde debían trabajar como mano de obra esclava y los campos de exterminio, tarea que lo convirtió en figura clave de la “Solución final”. Nacido en Solingen, Alemania, el 19 de marzo de 1906, se traslada a Linz, Austria, junto con su familia, y allí, al no poder conseguir trabajo por ser alemán, se dedica con gran fervor al estudio de las doctrinas hitlerianas. El 1º de abril de 1932 se afilia al NSDAP (partido nazi) austríaco y se enrola en las SS, donde es ascendido al rango de Obersturmbannführer (teniente coronel) el 9 de noviembre de 1941. Finalizada la guerra, logra esconderse durante varios años en territorio alemán y austriaco, hasta que finalmente llega a Italia, donde consigue un salvoconducto de la Cruz Roja, bajo el falso nombre de “Ricardo Klement”, con el cual decide trasladarse a la Argentina, adonde arriba el 15 de julio de 1950. Allí realiza diversos trabajos manuales, primero en el interior del país y luego en el Gran Buenos Aires, donde se radica, junto con su esposa e hijos, bajo el apellido de Klement. Cuando el gobierno del Estado de Israel confirma que el Ricardo Klement que vivía en uno de los suburbios de Buenos Aires es Adolf Eichmann decide capturarlo, para ser juzgado en Jerusalem por los crímenes contra el pueblo judío que cometió al ser parte de la burocracia que planificó y ejecutó la “Solución final”.
 
Según Rein, el diferendo producido entre el gobierno de la Argentina y el israelí se profundiza como consecuencia de la delicada situación política que atravesaba Arturo Frondizi y del accionar de la derecha con resabios antisemitas y/o antijudíos que se asentaba en la Cancillería argentina, un ejemplo de los cuales era el embajador en las Naciones Unidas, Mario Amadeo. El autor es sumamente crítico de las primeras justificaciones oficiales que el gobierno israelí presentó al argentino. A la vez, acepta la postura de algunos diplomáticos israelíes que consideran que el diferendo culminó cuando la Argentina lo dio por finalizado, con la declaración de “persona no grata” del embajador israelí en Buenos Aires, Arié Levavi. Postura ésta que fue rechazada por la derecha argentina y que, de alguna manera, influyó en cómo continuarían las relaciones diplomáticas luego del derrocamiento de Frondizi por parte de los militares, a fines de marzo de 1962.
 
En el último capítulo, Rein describe con amplitud la seguidilla de ataques antisemitas que sufre la comunidad, que se intensifican cuando se acerca la fecha de la ejecución de Eichmann y se prolongan por varios años.
 
Afirma que a las clásicas pintadas se le sumaron ataques con armas de fuego y bombas a diversas instituciones, como también hostigamiento y agresiones físicas a judíos; especialmente, a estudiantes de escuelas secundarias estatales, como el colegio Sarmiento, donde el 17 de agosto de 1962, alumnos nacionalistas atacaron a sus compañeros judíos e hirieron de un tiro a Edgardo Trilnik, de 15 años, durante el acto de homenaje a San Martín.
 
También refiere que al ser denunciados esos actos antisemitas, no sólo no eran resueltos, sino que era evidente que sus ejecutores contaban con cierta protección policial; en especial, los llevados a cabo por el Movimiento Nacionalista Tacuara (MNT).
 
Sobre esta agrupación es necesario recordar que es fundada durante los años de la Revolución Libertadora y está integrada por jóvenes que han tenido participación en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES), organización creada veinte años antes por Juan Queraltó. La UNES editaba -en forma irregular- un periódico denominado Tacuara, del cual este nuevo movimiento tomó su nombre. Su indiscutido líder era Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu.
 
Originariamente, el MNT era sólo masculino y tenía dos banderas principales: la enseñanza libre y el combate a judíos e izquierdistas, a quienes veía como una misma cosa.
Ideológicamente, el MNT se identifica con el revisionismo histórico; las ideas sociales del fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera; las posturas que sostenían Leonardo Castellani y Julio Meinvielle y el pensamiento de Jaime María de Mahieu, lo que hacía que sus miembros fueran fervientes anticomunistas y antisemitas.
 
El surgimiento de disidencias ideológicas -entre ellas, el que Ezcurra Uriburu no se oponga a la constitución de partidos políticos nacionalistas que participen en las elecciones de marzo de 1962 y julio de 1963 y sea orador en alguno de sus actos proselitistas- genera que un sector que se consideraba nacionalista con años de prosapia se separe y constituya la Guardia Restauradora Nacionalista.
 
Rein tampoco deja de mencionar la influencia que en estos grupos tenía el representante de la Liga Árabe en la Argentina, Husein Triky, un personaje que durante el nazismo había sido colaborador del Mufti de Jerusalén.
 
También se refiere, con lujo de detalles, a un episodio que -a su entender- marca un punto de inflexión en la actitud comunitaria: la reacción al secuestro, el 21 de junio de 1962, de Graciela Sirota por parte de miembros de la Guardia Restauradora Nacionalista, en represalia por el ajusticiamiento de Eichmann. Graciela Sirota era una joven de 19 años, estudiante de la Facultad de Derecho, a quien torturan y queman con cigarrillos en diversas partes del cuerpo, grabándole una esvástica en el pecho con una navaja antes de soltarla.
 
Presionados por las bases -según Rein-, la dirigencia comunitaria, además de efectuar las correspondientes denuncias a las fuerzas del orden y al ministro del Interior del gobierno de José María Guido, convocó a un paro de actividades de las empresas y comercios judíos para la tarde del 28 de junio, en repudio a los actos antisemitas que se venían sucediendo. Huelga ésta que tuvo una amplia repercusión en todo el país, siendo evidente que una gran cantidad de no judíos adhirieron a la misma.
 
El historiador israelí cierra este capítulo del libro destacando que tanto para la derecha nacionalista vernácula como para ciertos funcionarios gubernamentales -entre ellos, uno de los jefes de la Policía Federal de esos años-, la identificación de la comunidad con el movimiento sionista y el Estado de Israel, como también la cantidad de judíos que emigraron al Estado judío como consecuencia de ese recrudecer antisemita, eran la demostración de que los judíos tenían -como máximo- una doble lealtad, es decir que no eran completamente leales a la Argentina. A la mirada de esos funcionarios oficiales, este motivo justificaba el accionar del MNT, la Guardia Restauradora Nacionalista y la extrema derecha política, de la cual el diputado nacional salteño Juan Carlos Cornejo Linares fue vocero destacado hasta el derrocamiento del presidente Arturo Illía, a fines de junio de 1966.
 
Pese a esta realidad, Rein sostiene que cada gobierno argentino, durante el período analizado, intentó apaciguar o descalificar el accionar antisemita cada vez que debía realizar gestiones con su par de los Estados Unidos, debido a que consideraba necesario contar con el apoyo de la comunidad judía estadounidense o, por lo menos, que ésta no le fuera adversa. Pero también asegura que, a partir del “caso Eichmann”, se modifica la postura argentina en las votaciones que se realizaban en las Naciones Unidas respecto al accionar del Estado de Israel, dejando de apoyarlo o absteniéndose en las mismas.
 
Para culminar este comentario sobre Argentina, Israel y los judíos... debemos decir que nos resulta sumamente llamativo que este período de la historia contemporánea argentina no forme parte de la currícula de estudios en las escuelas secundarias, donde el nacionalismo antisemita vernáculo tuvo un accionar que si bien no puede compararse al de la Triple A, sin lugar a dudas puede ser considerado uno de sus antecedentes.
 
 
Buenos Aires, Lumiere, 2007. 2ª ed. ampliada, 312 pp. Trad.: Eliezer Nowodworski.
* Licenciado en Sociología.

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