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Ochenta y cinco olvidos


Publicado por: David Salischiker el 18 Julio 2010

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Autor: 
Guillermo Lipis*
Fuente: 
Revista CONVERGENCIA N° 38 (8-07-10)

 

La dirección de Convergencia me encomendó la redacción de un artículo vinculado a un nuevo aniversario del atentado a la AMIA y, tal vez por primera vez, la interna comunitaria y la ausencia de novedades en el ámbito investigativo y judicial queda tapada por una singular y mediocre, pero no por ello menos perversa, disputa que parece no tener nada que ver con el rescate de la memoria o el reclamo de justicia.

A escasos días de cumplirse una nueva fecha del atentado a la AMIA donde, recuerdo que perdieron la vida 85 personas, hago una breve descripción -en orden aleatorio- de lo sucedido hace unas pocas semanas a esta parte:

  • Voceros de la dirigencia de AMIA manifestaron la inconveniencia que el rabino Daniel Goldman fuera uno de los oradores del acto central comunitario porque, dijeron, “hay que abrir el escenario a personas no judías”.
  • Los familiares del grupo liderado por Sergio Burstein, quienes nunca rompieron con los sucesivos oficialismos de la directiva de AMIA (ni aún en los peores momentos de entrega de la causa, cuando se caía la causa ‘Brigadas’ y quedaban libres Telledín, Ribelli y los otros policías bonaerenses) aceptaron cambiar la figura de Goldman por el juez español Baltasar Garzón. Cabe destacar que el rabino Goldman solicitó, en todo momento, que el recuerdo de las víctimas esté por encima de los conflictos internos y solicitó a los familiares no confrontar.
  • La dirigencia de AMIA decidió cambiar la fecha del acto al viernes 16 de julio para aprovechar la concurrencia que pueden aportan las escuelas de la Red Escolar Judía, tal vez temerosos de que la memoria esté perdiendo fuerza y no tener que reconocer su propio fracaso en el ejercicio de actividades que la mantengan viva. Y digna.
  • Amparados en compromisos con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, convinieron una visita del jefe de Gobierno Mauricio Macri a la sede de la AMIA, donde el ex jefe del ‘Fino’ Palacios homenajearía a las víctimas del atentado. Casi una ironía del destino de no haber mediado la perversión humana en la organización de la visita.
  • Ante la amenaza de no permitir que ese homenaje pudiera concretarse, por parte de los familiares liderados por Sergio Burstein, Macri eludió la visita y llamó a Borger y compañía a asistir a la sede de la jefatura de Gobierno.
  • Para demostrar que su relación con la dirigencia de la comunidad judía continúa incólume, o inmune, visitó la sede Pilar de Hebraica donde fue recibido por la dirigencia de esa institución junto a segundas líneas de la AMIA, la DAIA y otras organizaciones centrales, y al ex presidente de la DAIA Jorge Kirszenbaum, quien volvió a recordar que el ex comisario Palacios fue condecorado y recomendado por las embajadas de Israel y los Estados Unidos.
  • El movimiento liderado, desde las sombras -claro- por el rabino Sergio Bergman (un ahora desmemoriado arquitecto de la agrupación de familiares Memoria Activa) mandó a sus testaferros políticos de ‘AMIA SOMOS TODOS’, José Scaliter y Pedro Buki, a peticionar que la AMIA no comparta tribuna con los Familiares y Amigos de las Víctimas de la AMIA; no hacer uso de la palabra en ese acto; sancionar a Sergio Burstein y, entre otras cosas más, “crear una comisión para generar acciones públicas de recordación del atentado y de nuestro reclamo de justicia”, dejando en claro -de este modo- la ausencia cotidiana de estas acciones a la fecha.

Mientras tanto, nadie habla de las víctimas de la AMIA, de la falta de novedades fácticas en las investigaciones, y menos de la continuidad de la causa que lleva adelante el juez Ariel Lijo vinculada a las obstrucciones a la investigación.

O sea, nada de nada. Una causa y sus derivadas, todas juntas, se hallan desdibujadas frente a las disputas internas y en una justicia que no llega.

“Queremos saber la verdad, y la verdad parece que no llega de la mano de la justicia” me dijo en estos días un integrante de Memoria Activa.

Dieciséis años después, algunos continúan llorando y reclamando por sus muertos y otros, los que deberían asumir la responsabilidad funcional comunitaria que les otorga un puesto directivo, parecen haberlos olvidado anteponiendo sus propias miserias que tratarán de lavar o esconder desde el palco, o desde abajo -como la dirigencia de la DAIA ya desestimada hace años- ante este próximo aniversario.

*Periodista, ex director de Nueva Sión

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