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Confesiones de un judío


Publicado por: David Salischiker el 05 Octubre 2011

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Autor: 
Daniel Ulanovsky Sack *
Fuente: 
Diario Clarín - 05/10/2011

 

Duele, para qué mentirles. Duele saber que por historia, por tradición religiosa o por simple alquimia genética, nunca voy a dejar de ser “el otro”. Yo, Daniel, periodista, judío, casado con mujer católica, dos traviesos y supremos hijos mixturados, a veces buen tipo, a veces demasiado obsesivo, a menudo generoso, levanto sospechas para una buena parte de mis vecinos.

Según una reciente encuesta de la UBA, me colocan en el papel que más detesto: soy inteligente y trabajador, pero codicioso e individualista.

Un tipo jodido, ¿no? A casi un 40 % de la gente no le gustaría que desempeñe un cargo político por mi apellido y -acá descubro lo valiente que ha sido mi esposa- el 45 % no se casaría conmigo.

Me pregunto si seré responsable de algo -la culpabilidad judía la llevo a flor de piel-. Pienso en los judíos buenos y en los judíos insoportables que conozco, a ver quiénes ganan en la balanza. Y, avergonzado, me reto: ¿acaso usaría la misma vara para los católicos? Que los hay integristas y tercermundistas, solidarios y tacaños, mucha buena gente y algunas ovejas negras. Pero en la Argentina cada católico vale por lo que es y a los judíos eso nos está vedado.

Yo soy yo, el que siempre acepto el vuelto en caramelos, pero también el judío de al lado que – parece – no transa la moneda por un dulce. Yo soy yo, el que les ayudo a mis hijos a escribirle las cartas a Papá Noel pero soy también el judío que se aísla (un 73 % de los encuestados nos ve así).

Curioso que esto se mantenga en una población que habla tanto de derechos humanos y sociales.

¿Todo es cosmético, acaso? Casi treinta años de una democracia que parece indiscutible para la enormísima mayoría debería haber cambiado mentalidades. Pero no, una cosa no siempre va de la mano de la otra; los cambios culturales son lentísimos, si son.

Y detesto el rol de víctima: sé que hay muchos otros que desde un lugar diferente comparten la misma bolsa.

Si se hubiera preguntado sobre los bolivianos o los coreanos, el prejuicio también habría arrasado .

Intento finalizar con una idea que huela a esperanza. Primero escribo algo así como “hay que conocerse más”. Lo borro. Me digo: si estás triste, bancátela. No te refugies en la sedativa técnica de los finales en positivo. No hoy, al menos.
 

* PERIODISTA, DIRECTOR DE “DE LAS PALABRAS”

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