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DESIDERATA. DECLARACION DE PERTENENCIA


Publicado por: David Salischiker el 17 Enero 2011

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Autor: 
Américo Figueroa
Fuente: 
cartasdeisrael.blogspot.com - 17/01/2011

 

Primero, orgulloso de ser judío.

Segundo, orgulloso de pertenecer al glorioso Pueblo Judío.

Tercero, orgulloso de ser, por mi propia elección, parte del Pueblo Judío.

Como dijo Jean-Paul Sartre, el judío auténtico se elije a sí mismo judío. No se identifica en la caricatura grotesca que el antisemita pretende mostrarle. No se avergüenza ni tiene motivo alguno para avergonzarse. El judío verdadero no se identifica en el espejo antisemita. El judío auténtico sabe que la Historia lo ha elegido chivo expiatorio sin motivo, como bien lo explica el propio Sartre: “El Pueblo Judío no ha cometido crimen ni traición contra Francia” (*), y lo mismo puede decirse de la siempre intachable conducta del Pueblo Judío en el seno de las naciones que lo han albergado durante su larga y dolorosa Dispersión. Las naciones no sólo no pueden mencionar agravios de su parte, sino que en todo momento se beneficiaron del inteligente, generoso y esforzado aporte judío al crecimiento material, cultural y moral de los países donde vivió. Sobran ejemplos de científicos, artistas, escritores, premios Nóbel judíos que han hecho invalorables aportaciones en bien de la humanidad sin distinciones nacionales, religiosas o étnicas.

Al fin, luego de dos mil años de dispersión forzada, de sangrientas persecuciones y holocaustos, el Pueblo Judío fue autorizado por votación de las Naciones Unidas a regresar nuevamente a Israel, a ser un pueblo más entre los pueblos, ni mejor ni peor, pero independiente en su Tierra Prometida, en su suelo ancestral, en el hogar nacional que reclamaba desde hacía dos mil años, el Estado Judío de Israel.

Los antisemitas quieren deslegitimar los derechos inalienables del Pueblo Judío a la tierra de Israel. Prometen borrarnos del mapa. Malas noticias para los antisemitas: ya lo intentaron antes los egipcios, amalecitas, amorreos, hititas, moabitas, cananeos, filisteos, babilonios, asirios, griegos, romanos y muchos otras naciones a lo largo de la Historia. Tal como lo anunciaron los Profetas de Israel, fueron esas naciones las que finalmente perecieron. Desaparecieron una a una, desde los egipcios hasta los nazis. Desde el faraón que hizo asesinar a nuestros recién nacidos hasta Hitler que nos hizo asesinar a mansalva, siempre encontraron a un Pueblo Judío decidido a sobrevivir, a defenderse como pudiera, a no dejarse acorralar, a no dejarse matar, a no dejarse expulsar, a un pueblo que glorifica la vida, la amistad y las buenas obras, que llama a practicar los Diez Mandamientos entre los hombres. Un Pueblo que no exalta el odio, la guerra y la muerte como hacen a diario sus enemigos declarados o embozados.

Malas noticias, antisemitas, dondequiera estén: sobreviviremos. No nos dejaremos inyectar el veneno del odio, no nos dejaremos matar, no nos dejaremos acorralar, no nos dejaremos expulsar. No nos acusarán más de ser corderos llevados al matadero. No seremos más chivos expiatorios de nadie. No pretendimos ni aspiramos a convertir a nadie al judaísmo –aunque mal no vendría a muchos convertirse al judaísmo y a sus valores- (**) ni queremos un centímetro de tierra ajena a nuestra Tierra Prometida desde las páginas de la Biblia. Otros pueblos están dedicados a regresarnos a todos a la baja Edad Media, a odiar a los que piensen distinto, a hundir a Occidente en la ignorancia más brutal, a derogar las leyes democráticas y establecer las fanáticas propias, a convertir las plantaciones en desiertos y los huertos en arenales, a no importar tractores sino camellos, obligarnos a caminar descalzos y especialmente a no pensar. (***)

Es mi modesta declaración de pertenencia.
Américo Figueroa.

(*) “Reflexiones sobre la cuestión judía”, Jean-Paul Sartre.

(*) Ciro el grande de Persia se convirtió al dios de Israel, autorizó el regreso del pueblo judío a su tierra y patrocinó la reconstrucción del Templo destruido por los babilonios. Se trata del Segundo Templo, (s.V a.e.c) ubicado en el Monte Sión. Es otro dato histórico de la pertenencia del Pueblo Judío a su Tierra Prometida y a Jerusalem.

(***) Sólo para mayores de treinta años y estómagos muy fuertes: “minutodigital aterrador video de la realidad del islam”).

Publicado por Guido Maisuls para "Cartas desde Israel"

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