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Terminar con la discriminación no es un problema individual sino colectivo


Publicado por: David Salischiker el 12 Marzo 2010

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Autor: 
Bernardo Kliksberg *
Fuente: 
Buenos Aires Económico

 

Las mujeres han ingresado fuertemente en el mercado de trabajo. Representan un porcentaje en ascenso creciente de la fuerza de trabajo. Ese avance lleno de positividad se halla correlacionado con un aumento muy importante en su presencia en el sistema educativo, y en su rendimiento en él. El número de alumnas supera en diversas carreras universitarias al de alumnos

 

Sin embargo, en el Día Internacional de la Mujer las miradas deben centrarse en las amplias discriminaciones pendientes. La primera condición para superarlas es ponerlas en el foco de la atención colectiva.
 

A pesar de sus logros, el “techo de cristal” sigue funcionando para los puestos de altas ejecutivas. En los Estados Unidos, a pesar de representar más del 50% de la mano de obra, sólo 2% de las posiciones de jefes de las mayores empresas están cubiertas por mujeres. En Inglaterra es el 5 por ciento. En España son el 10%, en Italia, el 8%, en Francia el 12 por ciento. En la mayor parte de los países, igual siguen ganando significativamente menos que los hombres.
Como lo señaló un reciente informe sobre “Trabajo y familia” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres que trabajan quedan enfrentadas a un doble desafío: ser exitosas en mercados altamente competitivos, donde deben dar el máximo, y al mismo tiempo seguir llevando adelante con toda calidad sus roles decisivos en la gestión diaria del hogar, la familia, el cuidado y la educación de los hijos, y la atención de padres de edades avanzadas.

El informe muestra que las horas que dedican a actividades del hogar son cuatro veces mayores que las de los hombres. En México son 50 semanales. Si se les suman otras 40 laborales, se llega a las 90; son más de 12 horas diarias.

La mayor parte de las sociedades no han previsto políticas orgánicas para asistir a las mujeres en esta jornada casi imposible y agotadora. Lo tratan como si fuera un problema personal, cuando en realidad es totalmente colectivo. Gracias al rol de la mujer en el hogar, funcionan las familias, pilares de la sociedad, y por otra parte las economías se están beneficiando de esta nueva fuerza de trabajo, calificada y comprometida, que aporta considerablemente al producto bruto nacional.

Las mujeres han avanzado en el mundo político, pero también allí su proporción sigue siendo menor, y hay estudios que indican que a las mujeres que han llegado a puestos representativos les cuesta que su mensaje en congresos y cuerpos deliberativos sea escuchado y valorado.

Hay sectores de poder muy significativos donde están aún totalmente ausentes. Así un informe de la Comisión Europea muestra que un centro de poder económico clave, los bancos centrales de los veintisiete Estados miembros de la Unión Europea, están todos dirigidos por hombres.

Cuando los países se lo proponen pueden cambiar estas cifras. Es el caso de los Estados escandinavos que presentan los mejores niveles de igualdad de género internacionales. Tienen ministerios dedicados al tema; en Noruega el 40% de los legisladores son mujeres, tienen los mayores niveles de empleo femenino del orbe, y al mismo tiempo han construido una gigantesca red de hogares de cuidado de niños desde las edades más tempranas financiados por el Estado. Sus licencias posparto son asimismo las más extensas. En Suecia, doce meses para un cónyuge, y dos meses para el otro.
América latina suma a todos los problemas laborales y políticos mencionados temas como la violencia de género, y la proliferación de estereotipos machistas. Según la CEPAL, el 40% de las mujeres de América latina sufre violencia doméstica, y en algunos países el 60% experimenta violencia emocional, que se proyecta condenar en Francia como delito.

Desde las 500 mujeres asesinadas en Ciudad Juárez desde 1993, por las que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado mexicano exigiendo que “debe remover todos los obstáculos que impiden una debida investigación” hasta los feminicidios en Guatemala, y los incidentes diarios, la violencia viene acompañada de alta impunidad.

Detrás de las discriminaciones abiertas está la vigencia silenciosa de la cultura machista. Señala el Ministerio de la Mujer del Paraguay: “Vivimos en una sociedad que es machista, que es patriarcal, que degrada a las mujeres, y a las víctimas no las trata como tales… las revictimiza”.

Todo lo hecho respecto de mejorar la condición de la mujer es de alto valor, pero es mucho lo que queda por delante. No es un tema de las mujeres, sino colectivo, terminar con las múltiples formas de la prolongada e inaceptable discriminación de género.

* Profesor honorario de la UBA. Orden al Mérito Civil 2009 del Rey Juan Carlos I de España

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