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¿QUÉ PASARÁ CON EL ANTISEMITISMO?


Publicado por: David Salischiker el 27 Septiembre 2009

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Autor: 
Mirta Goldstein
Fuente: 
Plural JAI

 
Los judíos, hoy como muchas veces antes, nos encontramos ante la encrucijada de defender nuestra condición judía y nuestra supervivencia al mismo tiempo. El discurso antisemita sigue vigente y está cobrando nuevas fuerzas sobre todo porque se infiltra en las instituciones políticas.
 
Lo que ocurrió en la ONU con el discurso del presidente iraní puede ser leído desde varios ángulos, sin embargo hay uno que ya no nos está más permitido a los judíos del mundo: me refiero a leer con indiferencia y hasta desconocer el mensaje que se enuncia implícita y explícitamente: la intención de organizar y sistematizar un nuevo antisemitismo. Tampoco nos está permitido, después de la Shoá, dejar pasar films como Bastardos sin gloria del director Tarantino, pues este tipo de obras no sólo tergiversan los hechos históricos sino que los banalizan.
 
¿Cómo están reaccionando las comunidades judías del mundo y cómo está reaccionando la comunidad argentina ante los casos que se presentan, entre ellos el agravio a los cementerios?
 
Si no acordamos con una concepción natural de la fraternidad, de los acontecimientos sociales y de las creaciones de los hombres, y en cambio pensamos que toda acción denota la dimensión cultural y política de las relaciones humanas, entonces debemos sentarnos a pensar seriamente sobre la figura  del genocidio -legalizada por la Convención de Paris en 1948- la cual expresa y revela la construcción ideológica, política y social que lo hace posible, sobre todo durante los periodos de poderes totalitarios y dogmáticos.
 
Entiendo que conviene distinguir entre fratricidios formales e informales; su diferencia radica en que un pogrom pudo haber sido un fratricidio informal causado por un desborde xenófobo vandálico, pero las cámaras de gas fueron concebidas por un poder político, una ideología y un consenso social, es decir, se sistematizó el holocausto judío como producción masiva.
 
Mommsen[1] escribió en la década del 80 que “los alemanes empiezan a rendirse a la evidencia de las secuelas a largo plazo del régimen nazi pues después del hundimiento, la actitud de la sociedad alemana consistió en reprimir aspectos esenciales de la tiranía nacionalsocialista. Esta actitud concernía particularmente a la cuestión de la responsabilidad compartida de las elites administrativas no directamente nazificadas y a la disposición de la sociedad global a aceptar la política de violencia y de expansión inaugurada por Hitler.”
Como dije, hacen falta varios elementos para que la ola antisemita se desate, por ello hoy debemos reflexionar sobre el estado actual de sus condiciones y determinantes.
 
El otricidio es permanente; en el mundo hay distintos motivos por los cuales pueblos enteros son aniquilados. Sin embargo, los sucesos antisemitas se organizan con premeditada anticipación discursiva. Esto es lo que hoy ocurre con el discurso iraní y su influencia en Latinoamérica.
 
El otro, el semejante tiene una presencia real y permanente en la escena cotidiana de cada uno de nosotros; tiene también un lugar imaginario en las fantasías de los hombres y un lugar simbólico que determina la idea que se tiene de lo que significa: un  ser humano, un prójimo y el respeto que se le debe o se le niega. En una época de restricciones y maltratos a los inmigrantes e ilegales, por ejemplo, queda claro que la concepción que se tiene del ser humano está políticamente condicionada. En estos casos, los Derechos del Hombre son descartados a expensas de los Derechos del Ciudadano. Bajo el imperio nazi, los derechos del hombre y del ciudadano cedieron su lugar a los derechos privilegiados de los arios. Los privilegios de unos pocos producen y acrecientan el rechazo a los discriminados.
 
Situaciones políticas actuales tales como la expansión del Estado venezolano sobre los bienes y la propiedad privada, cierto discurso argentino que supone que hay que saquear a los ricos están en línea de despertar los deseos amenazantes en los pueblos; primero de unos contra otros, después de todos contra algunos.
 
Los discursos de privilegios ocultos utilizan al antisemitismo para formar consenso de opinión popular; recuerden las tantísimas veces en que se acusó a los judíos de usureros, de robarse el pan de los pobres y hasta de asesinar niños.  Hoy los argumentos pueden ser más sofisticados, pero conservan la misma estrategia difamatoria y persecutoria.
Así como la demagogia nazi convenció al pueblo alemán  de que era él era depositario de mitos indestructibles e universales para lograr convertirlo en el brazo ejecutor del horror de los campos y cómplice del fanatismo ciego de su líder,  hoy en Latinoamérica estamos a merced de discursos que otra vez reavivan nuestras diferencias, que por supuesto las tenemos,  para luego usarlas en nuestra contra.
 
Los regímenes populistas se han dejado comprar por los capitales fundamentalistas que a la larga o a la corta laborarán sus programas discriminatorios desde dentro de nuestras fronteras.
 
Las calaveras que las SS hacían figurar en sus cascos y boinas, anunciaban el horror. Esas calaveras eran la imagen que veía el universo concentracionario, signo de un destino de muerte atroz. Pero esa imagen quedó fijada en la cultura y en tanto huella inscripta en el inconsciente de la civilización, insiste en su repetición. Debido a esta estructura compulsiva, es que un sector de la humanidad advierte sobre un nuevo lanzamiento fratricida que reduce al semejante a “nuda vida”; la biopolítica actual alerta sobre el riesgo de no advertir las marcas del fachismo actual. De la misma manera las imágenes en las cuales se ve a los musulmanes siendo adiestrados para atentados suicidas, quedan inscriptas en el imaginario de los jóvenes.
 
La psicología de los genocidios  incluye tres elementos: la psicología de las elites y de los líderes tiránicos, la psicología de los pueblos sometidos demagógicamente  y la psicología de aquellos que pueden resultar víctimas de los excesos fanáticos, son aquellos de hombres considerados “nuda vida” o sin oportunidad de sobrevivir.

Daniel Sibony [2] cita al Talmud a fin de acceder mejor a la comprensión de los discursos totalitarios, cita: “no se debe degollar a un animal con un cuchillo fijo. ¿Y por qué? Porque está escrito: 'Abraham tomó el cuchillo para degollar a su hijo’. Si os quedáis fijados en esa toma sois libres de metaforizarla y pensar que allí pasó potra cosa, o de pensar que los hebreos se comen a sus hijos, como dicen los antisemitas. Sabéis por otra parte que respondiendo a tales consignas se abalanzaban sobre ellos en los pogroms…Pero la astucia del texto remite a un corte que no tuvo lugar en la realidad.”
 
¿Qué inferimos de esta cita? Que gracias al efecto de metáfora y a un acto de metamorfosis se vuelve absurdo agitar la crueldad sobre los otros y degradar lo humano a la animalidad.
 
Nuestra responsabilidad con el futuro de la humanidad demanda “memoria” pero también nuevos avisadores y anticipadores del fuego que podría desencadenarse próximamente. Ello supone revisar los determinantes del pasado sobre la subjetividad contemporánea y avizorar las consecuencias futuras de exaltar los fundamentalismos de hoy, en cualquiera de sus caras políticas.
 
Las comunidades judías del mundo están lejos aún de tomar seriamente los alegatos antisemitas con el riesgo que esto conlleva. No es suficiente señalizar nuestras instituciones contradictoriamente con bloques defensivos de posibles ataques o atentados. Más vales construir defensas internas las que por supuesto tienen que estar en manos de nuestra dirigencia, nuestros rabinos, nuestras mentes clarificadas.
 
Resumiendo:

  1. La globalización, en su faz más oscura, constituye la mundialización del exterminio de grandes masas de víctimas.
  2. La maquinaria de matar masas humanas y de aniquilar los restos de las víctimas, instituyó una nueva forma de crimen denominado: solución final globalizada por el nazismo pero referente aún vigente en los estados autoritarios.
  3. La Shoá nombra el genocidio de los judíos pero también  se ha constituido en la denominación paradigmática del fratricidio moderno y su efecto de  de indolencia en la subjetividad de nuestra época.
  4. El fratricidio contemporáneo tiene determinantes histórico-políticos y además concierne a la psicología de los pueblos, a la subjetividad del tirano y a la subjetividad de la víctima.
  5. Debemos discriminar el concepto de genocidio o fratricidio planificado y organizado, de cualquier otra manifestación de violencia antisemita pero también estar advertidos que uno puede suceder al otro.
  6. El antisemitismo actual es engañoso en tanto parece circunscribirse a los conflictos que Irán y los Palestinos mantienen con Israel. Este engaño ciega a las comunidades diaspóricas que deben despertar ante las futuras amenazas.

 
Bonny V. Fetterman en el prefacio a la edición española de 1998 del libro de Simón Wiesental: Los límites del perdón[3] , Dilemas éticos y racionales de una decisión, nos plantea lo siguiente: ¿“Por que una nueva edición de Los limites del perdón? A la luz de los acontecimientos de los últimos veinte años, creemos que seria interesante escuchar las respuestas de una nueva generación. Por un lado, el tiempo deteriora la memoria. Por otro, nuestro conocimiento y nuestra conciencia de lo que significó el holocausto se ha incrementado a través de la educación. Incluso aquellas personas que no tienen un recuerdo personal del holocausto han comenzado a asimilar lo que significa para un pueblo perder un tercio de su población durante el genocidio, así como su cultura, su idioma y su historia…La importancia de que el mundo haga responsables de sus crímenes a los lideres es incuestionable. Pero la cuestión que se plantea en Los límites del perdón es más delicada y, en cierto sentido, más compleja. ¿Qué ocurre con los soldados, los seres anónimos que llevaron a cabo crímenes contra la población por orden de sus superiores? Qué sucede con la responsabilidad individual del pueblo alemán, cegado y coaccionado por la ideología dominante de aquella época, y con esas personas que desde sus diferentes ambientes políticos podrían haber condenado sus actos o haber repudiado a los que los cometieron? Todos alabamos a esos héroes individuales que se oponen y actúan contra los actos inmorales de sus gobiernos a pesar del peligro mortal que entraña su resistencia, pero ¿Qué ocurre con los demás? Además, cuando concluye la matanza, ¿Cómo puede la gente vivir en paz con aquellos a los que momentos antes consideraba como enemigos mortales? ¿Dónde están los límites del perdón? ¿Es suficiente con mostrar arrepentimiento, ya sea de tipo religioso o secular? ¿Es posible perdonar y no olvidar? ¿Cómo pueden las victimas estar en paz con su pasado y a la vez mantener su humanidad y su moralidad?”
 
A estos interrogantes introducidos en el antes mencionado libro, agrego algunos propios: ¿Cómo pueden los victimarios estar en paz con su pasado y mantener su humanidad y moralidad después de matar? Entiendo que esta delicada cuestión atañe a todos. En algún sentido después del holocausto y gracias a la reconstrucción psíquica, física, cultural y nacional, los judíos salieron del lugar de nuda vida en el cual los alemanes los ubicaron; sobre todo con la Independencia del Estado de Israel. Hoy la aversión xenófoba antisemita es ha quedado en manos del fundamentalismo islámico, pero advirtamos que así se desresponsabilizan todos aquellos pueblos europeos que durante siglos persiguieron a los judíos; éstos pueden llegar a ser los aliados de ese fundamentalismo sea por conveniencia, por supervivencia y por sentimientos antisemitas verdaderos.
 
Dra. Mirta Goldstein
Psicoanalista, Psicóloga, Profesora Afiliada a la Universidad de Haifa, Presidente de la Asociación Amigos Argentinos de la Universidad de Haifa, autora de libros y ensayos. Coordinadora de Formación Permanente y del Espacio Lacan de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
 
[1] Mommsen, H.: El Tercer Reich en la memoria de los alemanes, Usos del olvido, Argentina, Nueva Visión, 1989, p. 53 - 54.
[2] Sibony Daniel: El Otro incastrable, Petrel, España, 1981, p. 19.
[3] Wiesenthal, S.: Los límites del perdón, Paidos, Contextos, España, 1998, pp.10-11.
 

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