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MEMORIA


Publicado por: David Salischiker el 12 Marzo 2010

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Autor: 
Mario Filozof

 
Fui invitado por la Secretaría de Estado de los Derechos del Hombre de la República Francesa y el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos (Secretaría de Derechos Humanos) de la República Argentina al seminario “La Shoah y los genocidios del Siglo XX ¿cuál es la enseñanza para los juristas?”.
 
Quiero dedicar estos renglones sólo a una síntesis de mis sensaciones y emociones.
En lo sucesivo trataré de reflejar lo que entiendo fue el viaje más emotivo de mi ya larga vida.
Solo adelanto fue enriquecedor, impactante, agotador física e intelectualmente; pero, vaya experiencia.
 
La licencia otorgada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación y la nómina de la delegación que partió de la República Argentina son el inicio de este relato.
 
Veintinueve de enero de 2010, acaban de cumplirse 65 años de la liberación de Auschwitz (nuestro último destino) a pocos días de fallecer Irena Sendler y de las absurdas declaraciones atribuidas a Pieronek.
 
Mi sangre circula con una velocidad inusitada. La vida me brinda la oportunidad de respirar la historia de mi pueblo. Las raíces.
 
Cuento con ventaja sobre la mayoría del grupo por lo leído desde mi infancia y el material que me facilitó Mario Fefferbaum. El estado de ánimo es casi irreflexivo.
Ya en París nos dividimos en grupos y salimos a caminar en los pocos minutos libres; luego, a la tarde, conforme al programa, una vista panorámica de la ciudad.
Quien conoce París sabe que enamora y genera ya la casi salvaje necesidad de aprender, de extraer el máximo provecho a este Congreso. ¿Incentivo o ansiedad?.
 
Lunes 1° de febrero, me desperté a las 04.00 horas y estaba solo en la planta baja del hotel. A las 08.30 horas nos presentamos en el Memorial sede de las disertaciones y discusiones.
 
El grupo argentino es homogéneo. Creo caracterizarlo bien cuando lo defino por la sencillez o humildad de sus integrantes y la profundidad de sus pensamientos.
El Memorial fue creado en 1943 como centro de documentación, resultado de la desesperación. Hoy se poseen datos y pruebas, en aquél entonces sólo se sabía que estaba en peligro el judío europeo.
 
El archivo fue facilitado para el juicio de Nuremberg.
 
La recorrida al museo engendra un despertar en todos y cada uno. Conciencia más profunda de que los humanos se pueden convertir en subhumanos y que el holocausto muestra una ruptura en la interpretación de la humanidad. Que hubo un pensamiento menos que zoológico (murieron más de la mitad de los judíos de Europa y más del 40% de los judíos del mundo y no fueron las únicas víctimas: gitanos, homosexuales, intelectuales…; esto es había quien tenía más derecho a vivir que otro).
 
No es intención del presente aburrir al lector con los detalles de cada exposición, no obstante la enorme importancia de sus enseñanzas. Por ello acompaño algún material que describa los aspectos más sobresalientes y la carta de bienvenida lo que habla a las claras de la innecesariedad de ser reiterativo.
 
Completa ello los nombres y prestigio de los seminaristas.
 
En esa inteligencia paso a comentar las coyunturas que me marcaron cual hierro candente.
Uno de los puntos más discutidos fue si lo ocurrido en Argentina fue un genocidio, tema que continuó debatiéndose por la noche ya concluido el seminario.
 
Creo que si bien todos sabían qué fue el Holocausto, los aportes recibidos esclarecieron a muchos para calificarlo como agujero negro en la historia de la humanidad, e indiscutiblemente del Siglo XX. Es una referencia histórica indispensable por la brutalidad y abrió una brecha para la violencia masiva, destapó las válvulas de la inhumanidad de los seres humanos.
 
Que hacer para que no se repita: palpar lo ocurrido y repetir lo acontecido es una de las pautas para inclinar la balanza contra la barbarie, el horror y la discriminación.
 
Otra materia sobresaliente de las que generaron comentarios diversos luego de cada seminario fue que el nazismo generaba un enemigo común para que todos se unan contra él; como infrahumanizaban al “enemigo” y las reglas que se establecían: descolló como paradoja la prohibición de casarse judíos con no judíos.
 
Era una forma patente de, no solo, aislarlo, sino un agudo generador de hostilidad del resto contra ellos. Como en la época medieval se anunciaba un mundo “purgado de judíos”; el presagio del “churbn”.
 
Se reafirmó la convicción de condenar lo que atente contra el género humano y evitar que una persona sienta que perdió su dignidad. Luchar contra estas situaciones es una obligación como padres, como hombres. Hacer lo que está a nuestro alcance y más aún, comenzando por evitar toda actitud discriminatoria.
 
Pudimos reconstruir tres etapas:
a) Definir al judío, distinguirlo del resto de los seres racionales.
b) Expropiación de bienes, expulsarlo del área pública; las normas dictadas alcanzaban el deber de entregar hasta la ropa al Estado, prohibirle tener radios, bicicletas, medidas que aumentaban en cascada para deshumanizarlo y estigmatizarlo como “el enemigo”.
c) El ghetto: ya deshumanizados sigue su ejecución, su exterminio.
 
Puede subrayarse la intención de no dejar huellas.
 
Como explicar que actitudes de barbarie no tuvieron en los homicidas al menos posterior sentimiento de culpabilidad.
 
En el día que cenaremos en la embajada argentina en París, conocimos a M. Haïm Vidal Sephiha, sobreviviente de Auschwitz.
 
Su historia digna de un libro que se leerá como cuento que emociona. Empero su relato no viene cargando las tintas. Él es un homenaje al sufrimiento soportado. Muestra cuan inhumanos pueden ser los humanos.
 
Nació en Bélgica, hoy tiene ochenta y nueve años, a los quince adquirió la nacionalidad turca, es descendiente de judíos echados de España. Tenía diecisiete cuando los nazis invadieron Bélgica y a los dieciocho recibió una carta (diciembre de 1941) que le ordenaba abandonar los estudios por ser judío.
Fue detenido y no obstante su nacionalidad turca fue llevado a Auschwitz.
Su nombre pasó a ser 151752.
Habla en tono cortes, suave y en ladino. Sólo verlo, sin conocer su historia encariña.
Nos acompaña copia de sus documentos donde se observa el sello: “judío”; y una carta que, con orgullo, nos cuenta fue leída en medios de comunicación.
 
No quiero contar su historia, a él le pertenece. Sólo quiero recordar el dolor de su rostro cuando explicaba que, para sobrevivir, había que “insensibilizarse” y su final: hay que luchar contra el oscurantismo y a favor de la educación.
 
Terminó su charla, nos habíamos olvidado del cansancio, estábamos en el Memorial desde las 09.00 hs. y ya se acercaban las 20.00 hs.; todavía debíamos ser agasajados en la embajada.
 
Haïm (que es vida) se ayudaba con un bastón y una amiga que lo acompañaba. Una de sus piernas la apoya con dificultad.
 
Quedo último y advierto que Haïm necesita otro apoyo, me ofrezco, caminamos, él tomado de mi brazo hasta el ascensor, en la planta baja estaba el resto de la comitiva y el destino me eligió para estar tan cerca de un símbolo de la vida, la contracara de la oscuridad.
Estaba conmocionado, y me sentí un chico cuando exclamé a mis colegas: “sáquenme una foto”.
 
Salimos los tres, Haïm, su amiga y yo, caminamos una cuadra y en ese trayecto recordé palabras, frases, en idisch, como hablaba con mis abuelos. Nos fuimos comunicando y previo subir al micro se detuvo para cantar íntegra aquella canción en “idisch” que en su niñez le cantaban sus padres; pude ver lágrimas en sus ojos.
Con razón lo llaman superviviente.
 
Ya en la embajada volví a ser su apoyo y nos dividimos. Al final (se fue un poco más temprano que el resto del grupo) lo abracé, sentí algo mutuo; prometí escribirle.
Conocí allí a Simone Veil pero no tuve oportunidad de mayor acercamiento, tampoco sé si lo intenté, Haïm me había dejado completo.
 
A las 14 horas del día jueves 4 de febrero de 2010 llego al Aeropuerto de Cracovia (Cracof en polaco), estoy en la tierra de mis abuelos.
La nieve nos rodea mientras explican que en 1930 la población judía de Varsovia era la más grande del mundo.
Recorremos el barrio judío, las sinagogas. Es como un gran museo, casi nadie vive en este barrio.
Al atardecer y ya oscuro llegamos al Ghetto de Cracovia. La nieve, la oscuridad, las sillas, la farmacia de la esquina, su historia. Las murallas que dividen el Ghetto de la ciudad tienen la forma de las Tablas de Moisés.
 
Trescientas veinte casas para 15.000 personas.
 
Encontré el pueblo natal de mi abuelo, volveré a indagar más adelante.
Viernes 5, 08.00 hs. comienza la visita de Auschwitz II Birkenau y Auschwitz I.
 
Como describir lo que percibieron mis sentidos, presenciaba pruebas palpables, directas de los confines de la razón.
Como podía explicarme que lo leído desde mi infancia, lo aprehendido, era insignificante cuando estaba frente a lo más vil de hombres que despojaron a otros de su condición de persona.
 
Vi los miles de zapatos acumulados, y conecté que Haïm contó que quien perdía sus zapatos, obligado a correr, moría por el frío. Miles de anteojos; miles de aparatos ortopédicos, ropa de bebé y pequeños; dos toneladas de pelo de mujer (de las siete que se recuperaron) que se cortaba previo aniquilarlas. Todo para ser vendido. Una alfombra confeccionada con ese pelo.
 
Han pasado diez días y tengo en mi retina el ingreso a los campos, las barracas, los crematorios, la nieve que cubría casi todo. La desolación.-
Vuelvo para contar y gritar. Es, creo ya, la más ignominiosa de las historias.
 
En homenaje a los muertos y a los pocos que sobrevivieron (a mi pueblo) no voy a hacer un minuto de silencio, voy a levantar la voz y los brazos, decir presente, para generar todo eco posible y el gas genocida no se repita en generaciones venideras.
 
Debo preocuparme, transmitir mi conmoción, colocar mi grano de arena, intentando evitar cualquier amenaza al estatuto de persona humana.
 
Las huellas del crimen no se borran.
 
Dr. Mario Filozof
Presidente de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de Capital Federal

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