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Kol Nidrei en Dachau


Publicado por: Javifenix el 22 Septiembre 2012

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Autor: 
Jack Fuchs, septiembre 2012
Fuente: 
Pagina 12

 

Pasaron  68 años desde que fui una sombra en  el campo de concentración de Dachau, Alemania. Y todo se olvida  mientras que nada pierde actualidad. Hay olores. Hay fechas que hacen recordar y revivir momentos muy traumático, o trágicos y, en estas horas  en que se acerca el "Día de Perdón",  la fecha más significativa del calendario judío, vuelvo a esa noche en que, después de un día de trabajo, muertos de cansancio; muertos de  hambre y llenos de desesperación, alguien recordó que ese era el momento en que comenzaba "Iom Kipur"; plegaria que se inicia con "Kol Nidrei".

Confieso que,  aunque no entendí las palabras,  reconocí la melodía de esta súplica que siempre me conmovió y, especialmente,  en esas circunstancias, cuando sonaron con intenso dolor. Hoy, como ayer, vuelvo a mi niñez, acompañando a mi padre, en mi ciudad natal, en Polonia  cuando, en la sinagoga,  la gente pedía perdón por" todos los pecados". Y rogaban ser " inscriptos en el Libro de la Vida".

Pasaron los años y aún  no entiendo qué perdón debíamos solicitar cuando, despojados de todo; de  la familia, de la casa y hasta de nuestro propio nombre convertido en un numero todavía quedaba el ritual de pedir absolución. Aparentemente la fe o la tradición, o la combinación de ambas, no podía ser anulada. Había, pese a todo, algo que nos era absolutamente propio: una plegaria tan conmovedora  como triste.

 Pasaron los años. Y sigo sin entender cuál fue la intención de un hombre joven, porque la mayoría éramos jóvenes, de arriesgar su vida y pasar un pequeño librito de rezos, escondiéndolo - sin entender aún cómo- dado que  lo único con que nos  autorizaron a quedarnos fue con nuestros zapatos.

Pasaron los años. Y sigo sin entender cual fue el motivo de esa plegaria y hoy, después de 68 años, me pregunto que sentido tienen las palabras que escribo, ahora. Intento pensar y puede ser el mismo impulso e idéntico sentimiento, tal como fue, probablemente, el de esa persona que no sobrevivió.

Pasaron los años y, aunque soy racional,  no encuentro significado que no sea sino una religiosidad sin religión.

Quizás estas palabras sirvan, solamente, para repetir, una vez mas,  que no hay nadie, entre muchas familias, para recordar sus nombres. Solamente queda un número: 6 millones.

 

Este artículo salió en el año 2000 en la contratapa de Página12. Si tuviera que escribirlo hoy no le cambiaría ni una sola letra.

Jack Fuchs

jfuchs@arnet.com.ar

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