Ud. está aquí“Me crié en el Once que era mitad judío y mitad árabe”

“Me crié en el Once que era mitad judío y mitad árabe”


Publicado por: Javifenix el 28 Junio 2012

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Autor: 
Einat Rozenwasser
Fuente: 
clarin.com

 

En tiempos en los que la comunicación pide “etiquetas” podríamos apuntar a la creatividad . Aunque una palabra no alcanza para contar que Jorge Schussheim (72) es músico, humorista, guionista, compositor, publicitario, cocinero, empresario y catador de aceite de oliva, entre otras cosas de las que ni siquiera llegamos a hablar. Para hacerlo tendríamos que convertir el café en cualquiera de las comidas que se servían en su casa, con plato frío, sopa, primer y segundo plato y postre. “Durante mi infancia tuve dos juguetes: un cañoncito de madera a los cinco años, y una pistola Tac Tac 45 a cebita a los ocho. No había plata, pero se comía muy bien”, cuenta. Y sí, la mame ( idishe , como debe ser) tira. ¿Cómo vino todo lo demás? “Las cosas me fueron pasando. Soy una especie de Forrest Gump pero un poco más inteligente”, define.

Jorge nació y pasó sus primeros años en Once. “Ese que era mitad judío y mitad árabe. Eramos vecinos, socios, amigos, tomábamos café, jugábamos a las cartas”, describe. Vivían en la casa de sus abuelos, “un cenáculo de cultura”. Y a él le tocaba dormir en la biblioteca de su abuelo, el periodista y escritor Aarón León Schussheim. “Alrededor tenía unos 11 mil volúmenes y un piano. Evidentemente, el sonido, la letra y la palabra me formaron. Mi abuela me enseñó a leer y a escribir antes de los tres años y a los cuatro agarraba cualquier libro, desde Dos Passos hasta Stefan Zweig”, sigue. El humor ácido es marca registrada en la familia (lo comparten su hermana y sus primos, entre ellos Renata, artista plástica).

Como buen chico judío, cuando terminó el colegio empezó a estudiar Medicina. “¿Viste esa discusión sobre el momento en el que comienza la vida? Para los judíos es cuando el nene se recibe de médico”, se ríe. No era lo suyo, por supuesto, y dio algunas vueltas hasta que llegó al coro de la Facultad de Ingeniería. “Había estudiado en el Collegium, como corresponde”, aclara. En poco tiempo pasó a ser subdirector y durante un encuentro intercoral en Tucumán empezaron a dar forma a lo que luego sería Les Luthiers.

La escritura asomaba como un camino natural y pronto llegaría el instituto Di Tella, el teatro, el encuentro con Lía Jelín (su mujer), los guiones para Tato Bores y la publicidad. Cuando se cansó pasó a la gastronomía. “En Yepeto, Tito Cossa decía que la mitad de los argentinos quiere escribir un libro de poesía y el resto, abrir un restaurante”, dice. Schussheim empezó con Lola, siguió con Big Mamma e hizo un último intento con Mamá Europa.

Con una Comunidad tan grande y arraigada, ¿por qué no hay buenos restaurantes de cocina judía? En ningún lugar del mundo. Creo que no pueden competir con el recuerdo infantil. Indefectiblemente comparás el plato con el que hacía tu bobe o tu mamá, y ahí perdiste. Además, a diferencia de lo que sucede con la cuisine francesa, no hay una cuisine judía. Es una cocina inexacta, del más o menos. Me acuerdo de mi mamá diciendo: ‘Agarrás papas, ¿cuántas? las que quieras. Ponés cebolla, ¿cuánta? depende de las papas. Y huevos. ¿Cuántos? Y, te vas a dar cuenta’.

Como la receta del gefilte fish...

Son tres pescados. ¿Cuáles? ¿En qué proporción? ¿Se condimenta con sal o con azúcar? Es una receta de cada familia.

Cuando dejó el nido, el buen comensal que había aprendido a ser se vio en la necesidad de cocinar. “Mi hermana quedó tan horrorizada con mis primeros platos que me regaló el libro de Escoffier. Ahí descubrí un mundo maravilloso de salsas y fondos”, cuenta. Ahora se dedica a escribir (prepara dos libros) y a mantener contacto con sus seguidores en Facebook. Dice que ya pasó la etapa de recorrer restaurantes y probar platos complicados. “Hoy me resulta ridículo. Privilegio un buen pedazo de carne a punto y una papa hervida con excelente aceite de oliva (recuerden que es catador). Estoy mucho más cerca de poder ser un gourmet y dejar de ser un gourmand”.

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