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Los Hermanos Musulmanes, un arma de doble filo


Publicado por: Anónimo el 28 Agosto 2017

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Autor: 
Eitan Salischiker
Fuente: 
Código y Frontera

La primavera árabe apareció en el panorama geopolítico como un acontecimiento de gran importancia para repensar las relaciones de poder en el medio oriente, donde todavía se encuentran presentes las tensiones entre la visión de la democracia occidental y la cultura árabe. ¿Cuál fue el rol que cumplieron los Hermanos Musulmanes en medio de esta vorágine revolucionaria?

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Hacia finales de 2010 la población tunecina protagonizó y dio comienzo a uno de los sucesos más influyentes de participación ciudadana de los últimos tiempos, provocando el derrocamiento del dictador Ben Alí. Este acontecimiento espontáneo tuvo inmediatas réplicas en el resto del mundo árabe, dando inicio a un largo y complejo proceso de movilizaciones populares en reclamo por los valores democráticos y los derechos sociales. Si bien primó el grito por una mayor intervención política tras décadas de regímenes autoritarios y una alternativa social y económica frente a la dependencia del petróleo y a las potencias occidentales, diversos grupos y organizaciones, con distintas ideologías e intereses, apoyaron y potenciaron la Primavera Árabe. Entre ellos están los Hermanos Musulmanes.

La Hermandad Musulmana fue establecida en El Cairo, Egipto, a finales de los años veinte del siglo pasado por el maestro de escuela egipcio Ḥasan al-Bannā, que deseaba promover los valores musulmanes para combatir el colonialismo británico y la occidentalización que veía en su sociedad. Desde su creación, la predicación, el activismo político y el trabajo social fueron banderas para proteger y amparar a los sectores más vulnerables del vacío del Estado. De esta manera, sus filas fueron incrementándose considerablemente a través de distintos programas de cursos, seguros, préstamos de bajo interés y demás proyectos, hasta lograr ser una de las fuerzas más influyentes en la escena pública egipcia. No obstante, la Hermandad suele ser criticada por su ambigüedad frente a la violencia islamista y la vehemencia hacia sus opositores tanto internos como externos por lo que, según Erick Stakelbeck[1], está vinculada con otras fuerzas amenazantes del mundo musulmán -en particular, Irán y Al-Qaeda- (Soage, 2016). En este sentido ¿Hasta qué punto las intenciones de los Hermanos Musulmanes en Egipto entran en contradicción con el ideario que propone la Primavera Árabe?

Por un lado, desde la creación de los Estados árabes modernos a partir de la caída del Imperio Otomano finalizada en 1923, los gobiernos occidentales pisaron fuerte en Medio Oriente. Establecimiento de fronteras, dominios directos e indirectos y grandes influencias ideológicas, políticas y económicas fueron moneda corriente por parte de las potencias. El acuerdo de Sykes-Picot, donde en 1916 Gran Bretaña y Francia se repartieron el control sobre el Medio Oriente, es un claro ejemplo del excesivo poder europeo. Gracias a esto, entre otros motivos, surgen los Hermanos Musulmanes que, desde su fundación en 1928, tienen como principal objetivo en sus estatutos originales luchar contra la occidentalización de la región (Stefen Emerson, 2010)[2]. De esta manera buscan distanciarse de la nueva cultura global y del imaginario presente en todo el mundo que, a medida que se expande, reproduce modos de vida, costumbres y prácticas culturales occidentales. En consecuencia, las comunidades árabes temen que todo un imaginario social, toda una idiosincrasia propia de la cultura regional, se vaya esfumando hasta su desaparición. Es por esta razón que el Islamismo político, movimiento del cual la Hermandad forma parte, sostiene la integración del mundo árabe y musulmán bajo la adopción de la Sharía (Ley Islámica). Regresar al Valle del Nilo siguiendo el conjunto de normas basadas en el Corán y las sentencias del profeta para forjar un nuevo orden social desde el control de las instituciones estatales, asumiendo que “El Islam es Religión y Estado” (Valenzuela, 2011).

En tanto que los Hermanos Musulmanes predican por una mayor independencia de Estados Unidos y Europa y la presencia del régimen dictatorial de Hosni Mubarak de casi 30 años imposibilitaba su ascenso al poder, éstos fueron determinantes partícipes de la Primavera Árabe una vez que tomó visibilidad. Así es como reclamaron por una mayor participación en la escena política egipcia para ser soberanos en su tierra y poder imponer la Ley Islámica. Sin embargo, una serie de acciones llevadas a cabo por la Hermandad podría dar a entender que los medios para lograr sus intereses de liberación cultural y política entran en contradicción con los valores democráticos y de libertad individual que fueron exaltados durante la Primavera Árabe.

En primer lugar, y aunque constantemente la organización se jacte de su oposición frente a la acción insurreccional y al terrorismo contemporáneo, ésta siempre actuó sin una concreta determinación contra los grupos islámicos radicalizados. Si bien las palabras de Mohamed Al Hudaibi en 2001 (líder de la organización en ese entonces) condenaron sin a Bin Laden, Al Qaeda y los atentados del 11-S[3], los grupos que hoy practican la yihad o Guerra Santa contra Estados Unidos, Israel y los países europeos, son ramificaciones de la primera y más influyente organización integrista del mundo árabe: los Hermanos Musulmanes.

En segundo lugar, el afán por integrar al mundo árabe formando una única nación y Estado Musulmán en donde se practique al pie de la letra la Sharía atentaría directamente contra la libertad individual de otros grupos que habiten el territorio. Esta constituye un código detallado de conducta incluyendo las normas relativas a los modos del culto, los criterios de la moral y de la vida y, como su identificación con la religión es matizable (aunque esté en el Islam, no es un dogma ni algo indiscutible como sí pudiera serlo el texto del Corán), es un mero objeto de interpretación. De esta manera, la Hermandad busca una imposición de su propia versión del Islam sunita con una aplicación subjetiva, estricta y literal de la Ley Islámica, donde efectivamente ésta sea toda una “forma de vida”[4]. Por estas razones, en relación con los tiempos de Nasser y Sadat[5], ahora en Egipto hay más mujeres que se cubren el cabello con el Burka y los espacios de libre consumo del alcohol o la danza del vientre se han ido reduciendo drásticamente (Valenzuela, 2011). Tales medidas amenazan los valores occidentales democráticos del respeto por las libertades individuales y tolerancia hacia los diferentes grupos de la población, especialmente hacia la mujer, que quedaría subordinada ante la dominación del hombre.

En tercer lugar, lo pregonado durante los levantamientos y demostraciones civiles por parte de la organización, fue olvidado en el momento de llegar al poder, cuando “ya en el momento de vorágine ciudadana algunos revolucionarios denunciaron un pacto entre la Hermandad y el Ejército para secuestrar la Revolución y repartirse el poder” (Soage, 2016). Las Fuerzas Armadas incluyeron a los Hermanos en el proceso de transición aprovechando su gran popularidad y en conjunto, anunciaron con gran velocidad la celebración elecciones (medida fuertemente criticada por la oposición por la dificultad de organizar la campaña electoral en tan poco tiempo). Una vez derrocado Mubarak en 2011, resultaron ganadores en las elecciones legislativas, a pesar de prometer la postulación para un tercio de las bancas; y la misma situación se repitió en las elecciones presidenciales -sin importar la decisión de no presentar candidatos- logrando que Mohammed Morsi se imponga. Según Soage, el triunfo fue el fruto tras décadas de asistir a los sectores más desfavorecidos de la población, pero también resultante de las presiones de los predicadores hacia sus congregaciones utilizando una justificación proveniente del Corán para lograr el voto, porque “un buen musulmán vota por aquellos que desean implementar el islam”.

Una vez contando con las riendas del gobierno egipcio, la Hermandad dejó atrás la moderación y la templanza que los había caracterizado durante años y protagonizó un proceso de provocación constante hacia sus opositores. Una Constitución bajo su propia visión fue sancionada tras un referéndum rechazado por dos tercios de la población, la persecución violenta de la oposición tanto externa como interna fue moneda corriente, intentos para silenciar a la prensa fueron llevados a la práctica y se desentendieron de los múltiples casos de intimidación y agresión contra mujeres, coptos y chiíes (Soage, 2016). Es como si, al llegar al poder, se hubieran olvidado de las causas que sostuvieron durante los días de la Primavera Árabe ya que impusieron su mayoría de manera antidemocrática rechazando todo tipo de negociación y mediación del resto de la sociedad egipcia, impidiendo lograr un consenso que permita la gobernabilidad. La consecuencia fue una alianza opositora entre los antiguos aliados de Mubarak y los demás revolucionarios que causaron su derrocamiento, terminando así con el corto gobierno de Morsi y los Hermanos Musulmanes.

A modo de conclusión se puede llegar a afirmar que ciertas acciones e intereses de la Hermandad chocan y difieren con el ideario reclamado en los levantamientos democráticos en el mundo árabe. Es cierto que por un lado exigían una mayor participación en la toma de decisiones en Egipto tras largos períodos de trabajar en la ilegalidad y bajo la prohibición de presentarse a elecciones. Es válido el hecho de que la creciente occidentalización de los países del Medio Oriente deteriora la cultura local y las tradiciones propias de cada pueblo. Es entendible el deseo de poder acceder al Estado democráticamente para poder decidir qué forma de vida la población egipcia quiere tener y llevarla efectivamente a la práctica. No obstante, a pesar de las buenas intenciones fundadas en la libertad individual de expresión y culto y en la autonomía política, los medios utilizados para ejecutarlas no fueron lo suficientemente tolerantes con todo aquel que no forme parte de sus políticas.

Evidentemente, uno cree que existe cierta universalidad en el momento de hablar sobre la ética, sobre qué está bien y qué está mal. Partiendo de esta base, la democracia es considerada como un valor sumamente necesario, que debería ser intrínseco a toda sociedad y casi imprescindible para vivir en paz y armonía. Pero bien, en estos tipos de discursos bien instaurados en la opinión pública (incluido también el autor del escrito) está profundamente inmersa una idiosincrasia occidental planteada y comunicada como única, absoluta y verdadera. Esta concepción que recorre todas las esferas de la vida social termina siendo presentada como universal y posibilita construir un mundo a imagen y semejanza de Occidente, instaurando sus propias tradiciones, costumbres y valores como una cultura global y hegemónica, aplicable a cualquier individuo sin importar su origen, culto ni etnia (Ferronato, 1999).

Ante esta situación, cabe preguntarse si este proceso definido como globalización es un nuevo ámbito de hegemonía europea y estadounidense que con la pretensión discursiva de lograr un período de paz duradera acortando distancias y uniendo fronteras, causa contrariamente profundas diferencias. Diferencias que podrían ser de hecho la fundamentación de la creciente conflictividad en el presente y en este caso particular: el rol de los Hermanos Musulmanes y su misión en el mundo árabe contra la presencia hegemónica de los valores occidentales.


 Referencias bibliográficas

Ferronato, J., Aproximaciones a la globalización (1999). Buenos Aires: Macchi Grupo Editor

La accidentada vida de los Hermanos Musulmanes de Egipto, BBC Mundo (2013)

López, C., History of the Muslim Brotherhood Penetration of the U.S. Government (2013). Gatestone Institute.

Soage, A., Los Hermanos Musulmanes y la «Primavera Árabe» (2016). España: Revista de Libros

Valenzuela, J., ¿Quiénes son los Hermanos Musulmanes? (2011). España: El País

[1] Erick Stakelbeck, autor de The Brotherhood. America’s Next Great Enemy, sostiene una mirada a la organización desde la perspectiva de la derecha estadounidense. Considera a los grupos islamistas como una amenaza al abandono de las tradiciones judeo cristianas en Occidente, temiendo por la seguridad de Israel y la grandeza estadounidense.

[2] Hasta principios de 2011, sus estatutos originales se podían encontrar en la página web de la Hermandad Inglés lengua, Ikhwanweb, establecida en 2005 por el alto funcionario Hermandad Khairat al-Shater. Desde entonces, se han conservado por Steven Emerson en el Proyecto de Investigación sobre el Terrorismo (IPT): http://www.investigativeproject.org/documents/misc/673.pdf.

[3] Entrevista a Mohamed Al Hudaibi, líder de los Hermanos Musulmanes, en octubre de 2001 por Javier Valenzuela para el diario El País: http://elpais.com/diario/2001/10/22/internacional/1003701611_850215.html

[4] Ibídem

[5] Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto entre 1954 y 1970 y conocido impulsor del panarabismo y del socialismo árabe. Tras su muerte fue precedido por su vicepresidente Anwar Sadat quien, consolidando de manera democrática su mandato hasta 1981, llevó a cabo la Infitah (apertura económica) que rompió con el anterior modelo de nacionalización de la industria egipcia. Cabe destacar que el gobierno de Sadat fue el último previo a la dictadura de Hosni Mubarak.


Autor: Eitan Salischiker

Fuente: Código y Frontera

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