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Musulmanes y Judíos salvándose mutuamente


Publicado por: Anónimo el 12 Enero 2016

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Autor: 
Dori Lustron
Fuente: 
Aishlatino

 

Debido a las grandes tensiones que existen actualmente entre judíos y musulmanes, quizás sea un buen momento para recordar las primeras 10 historias reales en las que judíos y musulmanes se han salvado la vida mutuamente, en ocasiones arriesgándolo todo.
 

1. Salvando a los judíos de Albania

Albania, una pequeña nación montañosa en la península balcánica, es el único país de mayoría musulmana en Europa, y es también la única nación europea que emergió de la Segunda Guerra Mundial con más judíos de los que tenía antes de la guerra.

Después de que Hitler llegó al poder en 1933, la población judía de Albania, que se componía de unas 200 personas, se vio aumentada por los cientos de refugiados judíos de otras partes de Europa, quienes pretendían viajar desde Albania a Israel o a otros países. Muchos se quedaron, y para cuando las fuerzas nazis ocuparon Albania en 1943, había casi 1.700 judíos viviendo allí.

Cuando los oficiales nazis le ordenaron a los albaneses reportar a los judíos que se encontraban en el país, ellos re rehusaron por completo. Increíblemente, las agencias gubernamentales albanesas incluso le proveyeron a los judíos documentos falsos, permitiéndoles así pasar desapercibidos. El deseo de ayudar a los judíos era algo natural en la sociedad albanesa. El museo del Holocausto Yad Vashem señala que los albaneses “competían entre sí por el privilegio de salvar judíos”. Para finales de la Segunda Guerra Mundial, una sola familia judía había sido asesinada por las fuerzas nazis; casi todos los otros judíos de Albania habían sido salvados, protegidos tanto por oficiales del gobierno como por ciudadanos comunes y corrientes.
 

2. Heroísmo turco

Las autoridades de Turquía también intervinieron en numerosas ocasiones para salvar judíos durante el Holocausto. Algunos historiadores estiman que las autoridades turcas salvaron la vida de 15.000 judíos que tenían relación con Turquía.

Behic Erkin, el embajador de Turquía en Francia, proveyó pruebas de ciudadanía a miles de judíos turcos, incluyendo a muchos que tenían apenas una tenue conexión con el país, y los evacuó de Francia a Turquía. Selahattin Ulkumen, el Cónsul general de la isla griega de Rhodas, también rescató a judíos turcos, y se puso en peligro a sí mismo al hacerlo. Al enterarse que los judíos de Rhodas estaban siendo transportados en carros de ganado con destino a Auschwitz, Ulkumen abordó el tren y se rehusó a salir hasta que 50 judíos —que eran ciudadanos turcos o que tenían algún tipo de relación con Turquía— fueran liberados. Ulkumen fue eventualmente nombrado ‘Justo entre las naciones’ por Yad Vashem.

En 1943, otro cónsul general turco, Necdet Kent, quien era el cónsul general en Marsella en ese entonces, también abordó un tren que se dirigía hacia un campo de concentración, y exigió que fueran liberados ochenta judíos turcos del tren (algunos historiadores discuten sobre cuál fue la cifra exacta). Cuando las autoridades nazis les preguntaron a quienes estaban en el tren quién era turco, todos respondieron que lo eran. Pronto, todos los pasajeros del tren fueron liberados. “No puedo olvidar los abrazos que recibí… la paz interior que sentí cuando llegué de vuelta a mi cama por la madrugada fue tal que nunca he vuelto a sentir algo así”, recordó Kent en una entrevista setenta años después.
 

3. El Schindler iraní

Abdol-Hossein Sardari era un rico diplomático y abogado iraní que utilizó su posición como alto funcionario en la embajada iraní en París para salvar a miles de judíos. Escribió cartas a las autoridades nazis argumentando que los judíos iraníes eran étnicamente “arios”. Sus argumentos confundieron tanto a los oficiales nazis que Adolf Eichmann estaba enrabiado por este cambio en la ideología nazi, pero finalmente dieron resultado. Los judíos que tenían ciudadanía iraní fueron excusados de vestir la estrella amarilla que los nazis forzaban a vestir a los demás judíos.

Y más importante aún, Sardari emitió —sin consultar con sus superiores— cientos de pasaportes a familias judeo-iraníes, salvando eventualmente a unos 2.000 judíos y ganándose el apodo de “el Schindler iraní”.
 

4. Rescate en Sarajevo

Durante los brutales años de guerra en Yugoslavia, entre 1992 y 1996, gran parte de Sarajevo fue destruida. La vida diaria se frenó en seco. Mientras la guerra se prolongaba, la única isla de normalidad y esperanza era una pequeña sinagoga en el centro de la ciudad. En ella se desarrollaba la Benevolencija, que significa ‘buena voluntad’ en ladino, una organización de caridad que se volvió el centro de la ayuda humanitaria en Sarajevo, canalizando donaciones desde el exterior hacia la asediada ciudad.

Para miles de yugoslavos —no solo judíos, sino también musulmanes, serbios y croatas—, la radio de la sinagoga se transformó en el único medio de comunicación con sus parientes que se encontraban fuera de la ciudad. Cuando el servicio postal de Yugoslavia dejó de funcionar, la sinagoga se convirtió en un centro de correos, procesando miles de cartas e incluso telefoneando a gente para avisarles que habían llegado cartas desde las afueras de la ciudad. Un comedor público en la sinagoga alimentaba a más de 300 personas cada día, y una clínica llena de doctores y enfermeras que había sido instalada en la sinagoga trataba a los habitantes de la ciudad. Más del 40% de las medicinas que fueron utilizadas en Sarajevo durante la guerra fueron distribuidas por la Benevolencija, de forma gratuita.

Los musulmanes, que eran un blanco de genocidio para las fuerzas serbobosnias durante la guerra, conformaron el grueso de los yugoslavos que fueron ayudados por la Benevolencija. Jakov Finci, el director de la organización, estaba orgulloso de ese hecho: “Muchos musulmanes en Sarajevo albergaron a judíos para protegerlos de los nazis durante la guerra. No puedo olvidar eso”, explicó a sus activistas durante el clímax del sitio.
 

5. De Sarajevo a Jerusalem

Durante el sitio de Sarajevo, mientras la organización de caridad la Benevolencija ayudaba a musulmanes, una familia judía en Israel se esforzó por ayudar directamente a una familia musulmana, e incluso hizo que el Primer Ministro de Israel se involucrara en el caso.

La historia de este extraordinario rescate comenzó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Mustafa y Zejneba Hardaga, musulmanes que vivían en Sarajevo, decidieron desafiar a las autoridades nazis. Ellos sabían los peligros que esto involucraba; el cuartel general de la Gestapo estaba al frente del departamento de los Hardagas, y por las noches podían escuchar los gritos de gente que era torturada. Pero a pesar de eso, le ofrecieron albergue al socio judío de Mustafa, Josef Kabiljo, así como a su señora e hija. Años más tarde, Josef recordaba: “Nos dieron la bienvenida con las siguientes palabras: ‘Josef, tú eres nuestro hermano, y tus hijos son como nuestros hijos. Siéntete en casa y cualquier cosa que poseemos es también tuya’”. Cuando los agentes de la Gestapo golpeaban la puerta, Josef y su familia se escondían entre las ropas al fondo de un armario.

El padre de Zejneba Hardaga, Ahmed Sadik, también ayudó a judíos yugoslavos, entregándoles documentos que les permitían hacerse pasar por no judíos. Luego él fue arrestado y ejecutado por sus actividades.

Después de la guerra, la familia Kabiljo se mudó a Israel, pero siempre se mantuvieron en contacto con los Hardagas. Mustafa falleció y la familia Kabiljo se mantuvo en contacto con Zejneba y con su hija Sara Pecanac, quien nació después de la guerra. En 1992, cuando los Kabiljos vieron lo que ocurría en Sarajevo, decidieron ayudar a la familia que había salvado sus vidas. Reclutaron a un periodista israelí que cubría la guerra yugoslava, y de esa forma se pusieron en contacto con los Hardagas y los ayudaron a conseguir un refugio seguro en un convoy de ayuda que saldría de Sarajevo. Cuando los refugiados se vieron detenidos por la burocracia, la familia Kabiljo le pidió ayuda al entonces primer ministro Itzjak Rabin, a lo cual este accedió.

Al enfrentarse ante la decisión de dónde vivir una vez que dejaran Sarajevo, Zejneba y su hija Sara decidieron mudarse a Israel. Al llegar, no sólo se encontraron con la familia Kabiljo, sino que también con Itzjak Rabin. Sara eventualmente se convirtió al judaísmo, y hoy en día trabaja para Yad Vashem. “En mi infancia”, explica ella, su madre “siempre decía: ‘No puedes controlar cuán rico serás, o cuán inteligente o exitoso serás. Pero sí puedes controlar cuán bueno serás’”.


6. Donación de órganos

Cuando un terrorista suicida palestino se inmoló a bordo de un bus en el centro de Tel Aviv el 19 de septiembre del 2002, murieron cinco israelíes y también Jonathan Jesner, un joven judío proveniente de Escocia que se encontraba estudiando en una Ieshiva israelí por el año. Su familia ofreció donar sus órganos, señalando que Jonathan pretendía comenzar a estudiar para ser doctor en Londres al año siguiente. “El principio de salvar vidas es uno de los más grandes valores del judaísmo”, explicó el hermano de Jonathan, Ari, en ese entonces.

La decisión de su familia le salvó la vida a Yasmin Abu-Rumeileh, una niña palestina de siete años que había estado esperando por un riñón por dos años. Dina Abu-Rumeileh, la madre de Yasmin, dijo que quería conocer y dar sus condolencias a la familia de Jonathan Jesner y dijo que esperaba que otros pudiesen aprender de la experiencia de su hija “que necesitamos paz”.

Tres años más tarde, otra donación de órganos causó revuelo en Israel; esta vez era un niño palestino, cuyos órganos salvaron la vida de un judío. En noviembre del 2005, el pequeño de 12 años Ahmed Khatib fue herido de bala por error cuando apuntaba con un arma de juguete a soldados israelíes que estaban revisando el escondite de un terrorista en las cercanías. Ahmed fue llevado a un hospital israelí local. Cuando su vida estaba menguando, sus padres, Ismail y Abla Khatib, decidieron donar los órganos de su hijo. Siendo advertidos de que por cuanto se encontraban en un hospital israelí, algunos de sus órganos podrían ir a judíos —una idea radical para esta familia que vivía en una zona en la que los judíos generalmente eran llamados ‘el enemigo’—, ellos de todas formas decidieron seguir adelante.

A las pocas horas, seis israelíes recibieron trasplantes que les salvaron la vida: cuatro de los pacientes eran judíos. El entones Vice Primer Ministro, Ehud Olmert, llamó a los Khatibs para agradecer por su “noble gesto”. “La violencia en contra de la violencia es inútil”, dijo la madre; “quizás esto llegue a los oídos del mundo para que puedan distinguir entre lo justo y lo injusto. Quizás los israelíes van a pensar sobre nosotros de una forma diferente”, explicó.
 

7. Terror en París

Cuando un terrorista atacó el Supermercado Hyper Casher el 9 de enero del 2015 en París, cuatro judíos fueron asesinados. La matanza podría haber sido mucho peor si un trabajador musulmán —el asistente de 24 años Lassana Bathily— no hubiera intervenido.

Alertando a los compradores sobre la existencia de un pasillo en el congelador, Bathily escondió a varios judíos allí, apagó las luces y les dijo que se mantuvieran calmados. Volvió a la tienda a buscar ayuda. A pesar de que en un inicio la policía sospechó que se trataba de uno de los terroristas, Bathily se las arregló para explicar a los policías lo que ocurría en el interior; su información ayudó a la policía a ingresar al lugar y matar al terrorista que se encontraba en su interior.

Luego de una petición nacional de que le fuera otorgada la nacionalidad francesa a Bathily —quien era originalmente de Mali—, él se convirtió en ciudadano el 20 de enero del 2015. “Ayudé a judíos”, explicó Bathily, “Somos todos hermanos… no es un tema de judíos, cristianos o musulmanes; todos estamos en el mismo bote”.
 

8. Salvando a refugiados sirios

Mientras la guerra en Siria mata y desplaza cada vez a más personas, hay un país que ha ayudado a miles de civiles sirios sin obtener ninguna atención o crédito por ello. Los hospitales israelíes han estado tratando silenciosamente a sirios, a quienes se les advierte que no revelen nunca al volver a casa que fueron tratados en un hospital israelí.

Hospitales como el Rebecca Sieff de Safed y el Hospital de Galilea Occidental de Nahariya, ambos ubicados en la parte norte de Israel, estiman haber atendido a cientos de sirios cada año, quienes son llevados a Israel para recibir tratamiento de emergencia por facciones que luchan en contra del líder sirio Bashar Assad. Un tercio del costo de tratar a los sirios proviene del Ministerio de Defensa de Israel, un tercio del Ministerio de Salud y el resto es cubierto por los hospitales en forma particular. Cuando los sirios vuelven a casa luego de su estadía, los doctores israelíes remueven toda palabra en hebreo de las medicinas y de los artefactos médicos, de forma que los pacientes no tengan que decirles a sus vecinos y parientes que visitaron Israel, al cual muchos ven como un enemigo.

Los israelíes realizan acciones similares cuando donan dinero y bienes a sirios y a refugiados sirios. Una campaña de ayuda realizada el 2014 en Israel por una agrupación de organizaciones de ayuda recolectó 20.000 ítems —principalmente chaquetas, sabanas y sacos de dormir— de israelíes que querían ayudar a los refugiados sirios. Antes de donar, se les instruyó a los israelíes remover cualquier etiqueta en hebreo que tuvieran los ítems.
 

9. Un “Schindler judío”

El filántropo judeo-canadiense Yank Barry fue alguna vez conocido por ser el líder de la banda The Kingsmen, cuyo hit de 1963 “Louie Louie” aún es popular hoy en día. En años más recientes, Yank se ha hecho un nombre como humanitario y cofundador, junto con su amigo boxeador Muhammad Ali, de la Fundación Global Village Champions, la cual ayuda a proveer comida de emergencia alrededor del mundo.

En los últimos años, Yank ha trabajado para ayudar a recatar refugiados de Siria e Irak —musulmanes, cristianos y yazidis—, y los ayuda a asentarse nuevamente en Bulgaria. Una vez que están en Bulgaria, Yank y su esposa Yvette pagan hoteles para ellos; pagan sus comidas, van a conocerlos y se involucran en las vidas de las personas a quienes ayudan.

Inspirado en Oskar Schindler —el hombre de negocios alemán que salvó a 1.218 judíos durante el holocausto al emplearlos como esclavos en su fábrica—, Barry se propuso rescatar al menos esa misma cantidad de gente del Medio Oriente. En septiembre del 2014 superó esa meta y continúa ayudando a refugiados del Medio Oriente y apoyando a quienes ya se encuentran en Europa.

Explicando que los 13 hermanos de su abuelo Samuel fallecieron en Auschwitz, Yank quiere que la gente alrededor del mundo se levante y haga lo correcto, inspirados por quienes ayudaron a los judíos durante el Holocausto. “La gente se sorprendería de ver a un judío ayudando musulmanes”, explica, “pero cuando veo a esas personas veo lo mismo que ocurrió antes. Y hay increíbles similitudes. Los búlgaros escondieron judíos durante la guerra. Eso es inspirador, y si tienes corazón, tienes que hacer algo al respecto”.
 

10. “Un Ahmed va a salvar a tu hijo”.

Cuando un niño israelí de 13 años fue apuñalado por dos jóvenes palestinos el 11 de octubre del 2015, fue trasladado de urgencia al Hospital Hadassah apenas con vida, prácticamente sin pulso. En Hadassah fue atendido por dos doctores que ayudan a que Hadassah sea conocido como un importante centro de excelencia médica: el Dr. Ahmed Eid (65), un árabe musulmán, quien es el Jefe de Cirugía, y el Dr. Elchanan Fried, un judío ortodoxo que es el jefe del departamento de cuidados intensivos. El personal de Hadassah los llama “Beto y Enrique” o “Fried y Eid”.

Cuando el joven llegó al hospital, recuerda el Dr. Eid, se encontraba gravemente herido. “Sin presión sanguínea. Su pulso estaba bajo 40. Ventilado en la escena”, dijo Eid, quien corrió para comenzar con la cirugía. El Dr. Fried lo ayudó, recordando que el paciente “estaba más muerto que vivo”.

Luego de una cirugía que le salvó la vida, apoyada por un equipo en el que había judíos, musulmanes, cristianos, religiosos, seculares y ortodoxos, el niño se estabilizó y el Dr. Eid fue a la sala de espera a hablar con el padre del paciente. Ya le habían contado lo que ocurrió con los terroristas: Hassan Manasia (15) fue muerto por la policía luego de que atacó al niño de 13 años y a otro judío de 21 años; su primo de 13 años de edad, Ahmed Manasia, había sido herido por la policía y estaba siendo atendido en la otra filial del Hospital Hadassah en Jerusalem.

Cuando el Dr. Eid se dirigía a conocer al padre de la víctima, vio que se trataba de un judío ortodoxo. “Escuche, su hijo aún está vivo. Va a estar bien”, le dijo el Dr. Eid. “Le dije que mi nombre es Ahmed Eid, que soy el director de cirugía. Luego hice una broma, le dije: ‘Un Ahmed apuñaló a su hijo y un Ahmed va a salvarlo’”.

Ambos niños, quienes fueron tratados por equipos médicos compuestos de profesionales de distintas religiones, se recuperaron completamente.

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