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Januka, Iosef, el faraón y la continuidad judia. El sentido de la diáspora


Publicado por: Agrun el 13 Diciembre 2013

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Autor: 
Dra. Mirta Goldstein
Fuente: 
Plural JAI

  

Januka es la fiesta de la Luminarias y de una victoria para el pueblo judío llevada adelante por los macabeos, quienes lucharon contra la helénica dinastía seléucida de Antíoco IV y V.
Los macabeos triunfantes fundaron la dinastía asmonea que reinó durante un siglo, desde el 164 al 63 a. C., en la Tierra de Israel.

El candelabro de Januka significa que hay brazos judíos diferentes y por doquier, separados, pero que sin embargo están unidos a un mismo tronco; algunos pueden estar en el exilio, dispersos y sin embargo no perderse y, otros, ser esclavos de los reyes de turno.

En Januka se lee una parasha o párrafo de la Tora que habla de cómo los hermanos se presentaron ante Iaakov para consolarlo por la desaparición de Iosef. Lo que ocultaban era que ellos mismos lo habían vendido como esclavo a causa de que podía interpretar los sueños y se volvía peligroso por su manera de esclarecer la realidad. Después de un largo periplo lleno de dificultades, Iosef llegó a Egipto y fue comprado por Potifar - uno de los ministros del Faraón.

Gracias a su sabiduría y buen hacer, logra posicionarse exitoso en todas las empresas que emprende. Y si bien pasó de hombre libre a esclavo, y de estar rodeado de su ambiente familiar, a pertenecer a extraños, mantuvo su cultura y propició siempre grandes obras.

Iosef es el ejemplo del significado de la diáspora para los judíos y de que hacemos con esa diáspora: la podemos convertir en una esclavitud o podemos hacer de ella algo luminoso.

Lo mismo que Iosef que llegó a ser primer ministro del Faraón, podemos ser esclavos o convertirnos en hombres libres de espíritu, dignos representantes del pueblo de Bnai Iaakov.

Uno de los temas de debate dentro de las colectividades judias diaspòricas que retorna por sus repercusiones societarias, sigue siendo si debemos o no ocupar cargos públicos, pues el dilema es: que se pone en primer plano, lo judío o la política sectorial.

Iosef interpretó los sueños del faraón de que habría 7 años de abundancia y 7 años de sequia. Aprovechó los 7 años de abundancia para prepararse para la sequia. Esto me recuerda la fábula de la cigarra y la hormiga. Pero no todos quieren ser hormigas. Los que si queremos pensar en el futuro, estamos comprometidos con el voluntariado, con la constante interrogación de que comunidad queremos, y quienes van a heredar lo que hacemos.

Lo que me parece interesante es donde ponemos el punto de equilibrio en cada momento, y esa es la función de los dirigentes, poner un punto de equilibrio.

Iosef podía haberse asimilado a las creencias egipcias y sin embargo conservó las suyas sin por ello dejar de hacer obras para el lugar donde se encontraba.

La Luz de las velas de Janucá representa la Luz milagrosa que iluminó a nuestros antepasados justamente en los tiempos de duda y de confusión. ¿Estamos hoy confundidos, estamos hoy en la oscuridad o el oscurantismo? En este sentido otra de las moralejas de la parrasha de Iosef, es que pasa con la fraternidad y la confraternidad comunitaria. ¿Acaso los hermanos pueden vender a su hermano? De qué modo lo hacemos en nuestros días?

Conjuntamente al aumento del neonazismo, el fundamentalismo islámico, brotes antisemitas y el miedo que tienen algunos gobiernos de disentir con esas tendencias, vemos como nuestro pueblo también se divide cada vez más. Los judíos somos un encadenamiento de generaciones: Bnai Iaakov, Bnai Israel, por eso para mí el sentido de leer la Tora es rescatar lo que puede ser útil a la época, o sea, leerla a la luz de lo que necesitamos resolver hoy, con los medios que nos otorga la sabiduría milenaria. Solo así considero podremos atraer a los jóvenes hacia un judaísmo plural.

Mientras tanto, tenemos un conflicto entre pertenencia y continuidad, por un lado, y desarraigo y fractura del candelabro, por otro.

Las generaciones mayores tienen que preocuparse de a quien dejar el legado material y espiritual. Si no hay quien reciba la herencia, no hay herencia.

Pero para que haya herencia tenemos que pensar seriamente como seguir adelante y que mensaje darles a las nuevas generaciones, o sea, nuevamente para mí el problema central es como leemos la Tora: si como pasado o como presente a resolver.

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