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LA 2ª GUERRA FRÍA OCCIDENTE-RUSIA


Publicado por: Agrun el 25 Abril 2014

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Autor: 
Victor Zajdenberg
Fuente: 
Música y Vida de Israel

 

El 18 de Setiembre del corriente año se habrá de realizar un Referéndum en Escocia para determinar su Independencia de Gran Bretaña y de la Corona Inglesa.

Nicola Sturgeon, la líder de la SNP (Partido Nacional Escocés), cercana a los Laboristas y enfrentada con los Conservadores, acaba de decir que el Referéndum se hubiese hecho con o sin el consentimiento del Gobierno Británico, de la UE (Unión Europea) y de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

¿Cómo han reaccionado las entidades mencionadas en el párrafo anterior ante semejantes declaraciones independentistas que desconocen el supuesto Derecho Internacional? El Premier David Cameron reconoció que el pueblo escocés tenía derecho a tomar la decisión de seguir unidos o no a Gran Bretaña.

EE.UU. y Europa se muestran ambiguos e indiferentes ante los resultados del Referéndum y la OTAN no ha movido un solo cabello de su estructura militar para oponerse a este proceso. Hace tiempo que Cataluña está preparando su propio desgajamiento de España y los catalanes lo justifican con afirmaciones contundentes (www.taringa.net):

  1. Bloqueada bajo España
  2. Maltratada en España
  3. Insultada por España
  4. Harta de España

Las estadísticas demuestran que, teniendo un PBI casi semejante a la de todo el sur de España, dichos beneficios no vuelven a Cataluña sino que son utilizados para sostener la enorme burocracia madrileña y los perversos beneficios sociales de los holgazanes.

¿Existen preparativos militares y sanciones económicas por parte de EE.UU., la Unión Europea y la OTAN para el caso que surja una Cataluña independiente? Evidentemente no.

¿Porqué, entonces, el caso de “Ucrania” ha tomado un giro lo suficientemente peligroso como para que pueda estallar entre la situación minimalista de una “2ª Guerra Fría” entre Occidente y Rusia, y una maximalista de “Guerra Caliente” entre ambos contendientes, todos ellos con poderes nucleares intensivos?

Con la desintegración de la URSS (Unión Soviética) en 1991 Rusia quedó muy debilitada en casi todos los campos de su estructura nacional y universal (política, económica, social y militar), salvo en su intacto poderío nuclear.

La Guerra Fría comenzada por Stalin, una vez terminada la 2ª Guerra Mundial en 1945 con el rompimiento de los Acuerdos de Yalta para apoderarse de todos los países de Europa Oriental, había finalizado creando esperanzas de paz y estabilidad en toda Europa.

Mientras Rusia se debatía buscando su destino, Occidente, con EE.UU al frente, acaparaba el dominio mundial de la geopolítica iniciando acciones, muchas de ellas necesarias, correctas y justificadas como la lucha contra el terrorismo islamista sunita (Afganistán) y chiita (Irán) y algunas equivocadas como el involucramiento en la pulverización y desaparición definitiva de Yugoeslavia y la consecuente atomización de Serbia a la que le fue arrebatada Kosovo primero y Montenegro mas tarde.

El poderío militar y geopolítico de la OTAN jugó un papel trascendental a favor de todos esos movimientos balcánicos independentistas, bombardeando los intentos serbios de conservar la unidad territorial, primero de Yugoeslavia y luego de la propia Serbia.

Rusia todavía no estaba en condiciones de asistir a su aliada Serbia aunque lentamente y en silencio iba contabilizando los avances de Occidente sobre su área estratégica de influencia, ya sea avanzando en el campo político (UE), el económico (Mercado Común Europeo), el monetario (Euro) y el militar (OTAN).

Sin pausa y no tomando en cuenta el firme y progresivo regreso de Rusia al campo regional euroasiático, Occidente comete un nuevo y garrafal error con el tema Ucrania y Crimea. La UE y la OTAN, con la aprobación norteamericana, fueron rodeando a Rusia desde el norte (Estonia), por el oeste (Letonia, Lituania y Polonia) y el suroeste (Rumania), despreciando las resurgidas capacidades nacionales rusas con Putin como nuevo interlocutor válido.

Personalidades occidentales aparentemente inteligentes como Merkel y Obama deberían haber supuesto que, en las actuales condiciones multipolares de poder, Putin nunca permitiría que lo terminen de encerrar exclusivamente en el inmenso espacio asiático cuando, desde los tiempos del Zar Pedro “El Grande” y de la Zarina Catalina “La Grande”, uno de los objetivos de Rusia fue, es y será tener su influencia en Europa basada en su propio territorio europeo. Completar el cerrojo de la OTAN justo en Ucrania, o sea al sur de Rusia, fue un proyecto descabellado. Sin embargo, como decía Mao Tse Tung “un pequeño error puede conducir a cometer una cadena de errores”, la sucesión de desaciertos perpetrados por la UE ha desembocado en una perjudicial 2ª. Guerra Fría con resultados de aleatoria resolución. “La chispa que encendió la pradera” (nuevamente Mao) fue haber incitado y apoyado la rebelión de la Plaza Maidán, en el centro de Kiev, aceptando en su seno a grupos antisemitas como los pertenecientes al Partido Sbóvoda y a las barras bravas racistas y xenófobas de los equipos de futbol ucranianos.

El fuego que carcomió la revuelta fue haber aceptado un Golpe de Estado que derrocó por la fuerza y el vandalismo a un Gobierno Constitucional que, guste o no, representaba a una parte importante de la población rusohablante.

La tercera pifia de Occidente se cometió al consagrar un Gobierno transitorio obviando la participación del Partido de las Regiones, justamente los que ahora desencadenaron el rechazo al “Golpe de Estado Pardo”, como lo llaman, porque varios de sus componentes son neonazis que recuerdan a los ucranianos que fueron cómplices de los alemanes durante la 2ª. Guerra Mundial como lo fuera Stepan Bandera.

El cuarto disparate fue la de tomar decisiones de guerra enviando al Mar Negro al destructor estadounidense “Truxtun”, desplegando 12 cazas F-16 en Polonia y otros 6 aparatos F-15 en Lituania, mandando 2 aviones AWACS para vuelos de reconocimiento sobre Rumania y Polonia y el despliegue de tropas norteamericanas en Polonia y Estonia. Por su parte Rusia responde enviando 6 cazas Su-27 y 3 aviones de transporte militar a Bielorrusia y estacionando en la frontera con Ucrania decenas de miles de soldados, entre ellos tropas de élite, con sus correspondientes defensas antiaéreas.

El quinto desatino es provocar la llamada “guerra del gas” ruso del cual Europa depende entre un 30 y 40 % y Ucrania directamente del 100 %.

Los actuales gobernantes de Ucrania todavía no se han dado cuenta que no pueden ni deben enfrentarse con Rusia por mas apoyo retórico y virtual que reciban de Occidente. Georgia todavía ha pagado un precio bajo en su intento de apoderarse de Osetia del Sur, aunque en esa aventura haya perdido definitivamente a Abjasia.

Nadie en Europa ni en EE.UU. apoyaría una guerra por Ucrania; salvo los intelectuales que, por supuesto, nunca van a la guerra y los gobiernos occidentales que viven obnubilados. Para lo único que ha servido esta escalada de Occidente y la OTAN contra Rusia por el tema.

Ucrania es para recrear condiciones geopolíticas perimidas al finalizar la 1ª. Guerra Fría en 1991 y aflojar los sentidos de defensa y aniquilación del verdadero mal de estos tiempos que sigue siendo el islamismo radical, lo que habrá de permitir el rearme de los terroristas que seguramente estarán festejando la vuelta a la Guerra Fría entre las Potencias “infieles”. Si bien Al Qaeda dejó de representar ese peligro monolítico que provocara el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11/9/2001 y Ben Laden fuera ejecutado sumariamente, las células terroristas resurgen en muchos lugares del mundo, desde el Yemen hasta Nigeria, desde Siria hasta Somalia y desde China hasta la misma Europa.

El grave conflicto entre Ucrania y Rusia debería ser resuelto en las mesas de conversaciones y negociaciones con la participación de Europa y de los EE.UU.

Nadie debería olvidar que la entidad nacional de la Rusia medieval comenzó a forjarse en tierras ucranianas y su primera capital, antes de trasladarla a Moscú, fue creada en Kiev. Tampoco se deben ignorar las derrotas sufridas por Suecia frente a Alejandro Nevsky (1240), de Napoleón (1812) y de Hitler (1941-45), en momentos en los que más del 80% de la población de Rusia aprueba la gestión del Gobierno de Putin.

 

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